Esto es lo que nos propone el Papa para la 58 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales que celebramos este domingo, Festividad de la Ascensión del Señor. Un Mensaje del Pontífice que se hizo público el pasado 24 de enero con motivo de la fiesta de nuestro patrón, San Francisco de Sales, y en el que FRANCISCO destacó cómo” la inteligencia artificial está modificando radicalmente la información y la comunicación”. El Pontífice se pregunta en su Mensaje “si la inteligencia artificial acabará construyendo nuevas castas basadas en el dominio de la información” o si, “por el contrario, traerá más igualdad promoviendo una información correcta”.
Este domingo de la Ascensión es una Jornada muy especial para todos aquellos que nos dedicamos al oficio de informar, que ahora algunos quieren, desde el poder, poner en entredicho sino sirven a sus intereses. De ahí, que los que creemos todavía en esta magnífica profesión estemos de acuerdo con el Papa cuando nos habla de la maldad de las “noticias falsas”. Por eso aplaudimos las palabras de FRANCISCO: ”Según la orientación del corazón, todo lo que está en manos del hombre se convierte en una oportunidad o en un peligro. Su propio cuerpo, creado para ser un lugar de comunicación y comunión, puede convertirse en un medio de agresión. Del mismo modo, toda extensión técnica del hombre puede ser un instrumento de servicio amoroso o de dominación hostil. Los sistemas de inteligencia artificial pueden contribuir al proceso de liberación de la ignorancia y facilitar el intercambio de información entre pueblos y generaciones diferentes. Pueden, por ejemplo, hacer accesible y comprensible una enorme riqueza de conocimientos escritos en épocas pasadas o hacer que las personas se comuniquen en lenguas que no conocen. Pero al mismo tiempo pueden ser instrumentos de “contaminación cognitiva”, de alteración de la realidad a través de
narrativas parcial o totalmente falsas que se creen —y se comparten— como si fueran verdaderas. Baste pensar en el problema de la desinformación al que nos enfrentamos desde hace años en forma de fake news y que hoy se sirve de deepfakes, es decir, de la creación y difusión de imágenes que parecen perfectamente verosímiles pero que son falsas (también yo he sido objeto de ello), o de mensajes de audio que utilizan la voz de una persona para decir cosas que nunca ha dicho. La simulación, que está a la base de estos programas, puede ser útil en algunos campos específicos, pero se vuelve perversa cuando distorsiona la relación con los demás y la realidad”.
Por su parte, los obispos españoles. a través de la Comisión para las Comunicaciones Sociales de la Conferencia Episcopal, también han escrito un mensaje con motivo de esta Jornada . En el texto invitan a reflexionar sobre una revolución de calado: la de la inteligencia artificial. Por un lado, en lo que atañe a la dignidad humana, ya que, afecta a las personas y debe tener al ser humano y su dignidad en el centro. Por otro, sobre su repercusión en el ámbito de la comunicación. Un campo, en el que puede ser una oportunidad pero también un riesgo. Los obispos inciden en poner al ser humano en el centro de la comunicación: “la inteligencia artificial debe de ser liberada de sesgos ideológicos, políticos, de eficiencia económica, que expulsan al ser humano del centro de la actividad de comunicación”. En este sentido, destacan: “El sesgo de humanidad es el único indispensable en una inteligencia artificial socialmente responsable, al servicio de la dignidad del hombre y de nuestro tiempo”. Los prelados españoles, antes de finalizar su mensaje, también señalan que “toda comunicación es, de manera especial en ese tiempo, uno de los elementos claves para la fortaleza de las democracias. Por eso, es preciso proteger este derecho constitucional a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión, de los poderes económicos y políticos, que tantas veces desean limitarlo”.
Como diría un castizo “oído cocina”. Sobre todo esa que “cocina” sus propias “fake news”, con todo el descaro y valiéndose de una inteligencia “muy artificial”.