El notable incremento de votos de Junts, favorecido por obra y gracia de Pedro Sánchez con sus cesiones y la ley de amnistía a su medida, ha convertido a Puigdemont en el gran protagonista de las elecciones catalanas. Pero el golpista prófugo quiere más. Mucho más. Ahora pretende gobernar, a pesar de que los separatistas se han quedado muy lejos de la mayoría absoluta que tuvieron antaño.
Y, por inaudito que parezca, no hay que descartar que Sánchez se lo permita. Que sacrifique a Salvador Illa y le obligue a olvidar su victoria. Que conceda a Puigdemont su último y más descarado capricho. Porque para que el prófugo pueda ser presidente de la Generalidad necesitaría, además del apoyo de ERC y la CUP, la abstención del PSC para formar un “sólido gobierno de obediencia catalana”.
Una vez más, a Sánchez sólo le preocupa amarrar el poder. Su poder. Aguantar contra viento y marea la entera legislatura en su desesperado intento de no ser triturado por el PP. Pues hasta Tezanos sabe y reconoce que el PSOE se hundiría en unas hipotéticas elecciones generales.
En efecto, Pedro Sánchez es muy capaz de favorecer la formación del gobierno de Puigdemont sin asumir las consecuencias. Sin tener en cuenta que el golpista prófugo pondría de nuevo en marcha el procés, con su correspondiente declaración unilateral de independencia y el referéndum de autodeterminación.
Pedro Sánchez no tiene escapatoria. Ha resucitado a un cadáver político y ahora tiene enfrente a un enajenado que quiere gobernar sin tener los apoyos suficientes en el Parlament. Pero tiene la llave para que el Gobierno del PSOE siga adelante. Más aún, tras la dimisión de Aragonés que ha huido para no convertirse en el palanganero del prófugo. Porque también Junqueras quiere impedir que gobierne Illa y está dispuesto a chantajear a Sánchez con sus 7 escaños si no cede a la formación de un Gobierno soberanista. Y el Gobierno de coalición quedaría a la intemperie si pierde los 14 votos catalanes. Por eso, Pedro Sánchez “reflexiona”. Dice que Intentará pactar un tripartito con ERC y los Comunes. Pero Junqueras no quiere y, probablemente, él no se atreve.
Alardea Sánchez de haber derrotado al independentismo. Y ante el bloqueo parlamentario que se producirá por el rechazo de ERC a apoyar a Illa lo más inteligente sería que se repitieran las elecciones. Pero el líder del PSOE es muy capaz de volver a impulsar el secesionismo y ceder una vez más ante el golpista huido con el único propósito de permanecer en La Moncloa. Porque Puigdemont, si se encarama a la Presidencia de la Generalidad, podría desafiar al Estado desde la impunidad que le ha otorgado Sánchez con la ley de amnistía. Cosas veredes.