Oriol Junqueras ha anunciado que dejará la Presidencia de ERC tras las elecciones europeas del 9 de junio para "abrir un proceso de reflexión y escucha activa antes de decidir su futuro", al tiempo que los republicanos celebrarán un Congreso para fijar una nueva estrategia el 30 de noviembre. Después de la huída de Pere Aragonés tras el batacazo del 12-M, ahora el veterano líder de los republicanos catalanes amaga con abandonar el cargo.
Pero esa nueva estrategia del partido a partir del 30 de noviembre no tiene sentido. Pues antes; esto es, ahora, debe decidir si apoya a Salvador Illa o intenta formar un Gobierno soberanista con Puigdemont forzando al PSC a permitirlo con la amenaza de triturar la legislatura de Sánchez. Con el amago de dimisión al estilo Pedro Sánchez, el todavía mandamás de los republicanos catalanes sólo busca eludir su responsabilidad. Pero la blandenguería de Pere Aragonés como candidato, su meliflua condescendencia con Sánchez como socio leal con la coartada del “progresismo” del Gobierno de coalición ha hundido en las urnas a ERC. Y esa estrategia obedece única y exclusivamente a las instrucciones de Junqueras, el máximo responsable del batacazo electoral.
También es el responsable del esperpéntico y desabrido comportamiento de Gabriel Rufián en el Congreso de los Diputados. El portavoz de ERC ha desplegado toda su chulería desde la tribuna de oradores, más para abroncar e insultar al PP y defender al Gobierno de coalición que para reivindicar el independentismo que proclama su partido.
De momento, a la espera del Congreso, según las declaraciones del propio Junqueras y de los máximos dirigentes del partido, ERC vetará a Salvador Illa. Pero la dimisión en diferido del presidente del partido no le exime de esa decisión, pues los posibles pactos para la investidura del nuevo presidente deberán cerrase antes de las elecciones europeas. Y ése es el límite. Junqueras, en todo caso, debería haber convocado el Congreso ahora. Para que los militantes decidieran a qué partido apoyar. Lo del 30 de noviembre sólo es una cortina de humo para intentar lavarse las manos en caso de que se produzca una repetición electoral y ERC se hunda aún más.