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TRIBUNA

Te ves radiante

domingo 19 de mayo de 2024, 17:55h

Pangea ha pasado a ser, mire usted por dónde, Panculia. El hombre banal se ha convertido en el singular de todos los plurales, sus tantras y berreas han quedado reducidos y achatados para el gozo de los otros, tal es para ellos el objeto de la creación: no hay molécula en el universo que, convenientemente depurada, no les dé su extracto de razón.

El modo de vida glamuroso de la posmodernidad es medido por el pedigrí de sus perros, nuevos maestros de vida. Manuel Vicent, el exquisito paladar mediterráneo siempre en el jardín donde florece mayo con prunos, membrilleros, adelfas y glicinas, sienta cátedra. Lara: gozar sin culpa. Nela: la locura anarquista. Tobi: el hedonismo. Lindo y Ron: la lealtad. Y Perdita. Y Lía. Y tantos perros. Ahora tiene a Blacky y Cía. Envejecer, llega a decir, es darse cuenta de que uno llorará el adiós de muchas perras hasta que, al final, siempre habrá una perra que llore por ti: hermosa máxima tanatológica.

Exquisitez pura: debajo de una higuera, o en las letrinas de Éfeso, su mejor momento para escribir, dice, fue un día, en Ítaca, al pie de un olivo milenario. Allí saqué mi libretita y me dije: estoy en el mejor momento de mi vida y en el lugar más excelso de la historia de la literatura. Me dispuse a escribir… y no se me ocurrió nada. Bueno, no hemos llegado demasiado tarde para la revolución y demasiado pronto para el Renacimiento, seguimos como aquel obrero que salía de la fábrica empujando una carretilla al que el guarda dejaba pasar hasta que descubrió que el obrero estaba robando precisamente carretillas.

No me extraña que la base de muchas neurosis sea el aburrimiento, la vida banal, desfondada, sin interioridad, a merced de las olas, navegando a la deriva por el mundo sin saber qué hacer con su existencia. Se sacan la ropa para ser ellos mismos, ¡guau!, qué gran diferencia, aquí está la verdad más verdadera: “sólo quería ver cómo eres, enséñame la patita por debajo de la puerta”, y al final sus esqueletos van y vienen, no siempre a donde quieren. Buscan su ego desnudando sus superficies y se dan permiso para vivir sus preferencias, sin los “debes” ni los “deberías”. Ego, hambre y agresión reza el libro de Friedrich Salomon Perls que mejor retrata a este predador sexual de sus pacientes, cuya energía sexual estaba en todo lugar, no en vano fue psicoanalizado por Wilhelm Reich(1).

Se manifiestan enemigos de la virtud, pero son virtuosos con el virtuosismo de violinistas en el tejado. Se han puesto el mundo por montera (o en su defecto la gorra de chulapos para san Isidro labrador que les han regalado en el tren borreguero) y llevan adelante el experimento de vivir en un mundo cabeza abajo. Se divierten, pero no siempre. Cuando llegan a terapia les pregunto: ¿cuándo moriste? El trabajo terapéutico con estas almas cansadas se centra en ayudarles a superar el aburrimiento, el tedio de la vida. Toda patología comienza con un gran aburrimiento, cuyas fauces van dilatándose más y más, hasta la náusea.

Se creían divogénitos, pero no pasan de chiquillos mal criados que sólo piensan en sí mismos, cual corresponde a nepobabys aspirantes a tiranos con una memoria casi exclusivamente sensorial, infladores profesionales que con el tiempo llegan a influencieros e influencieras. Pero eso no les compensa suficientemente cuando han alcanzado la cima del famoseo en el Olimpo.

Su aureola de credibilidad en un grado muy poco común llega a infundir en sus seguidores miedo y respeto. Tienen un agudo sentido teatral, son grandes embaucadores, maestros del chamanismo, es decir, del contacto energético. Su forma de relacionarse quiere ser carismática y logra serlo para las miriadas de papanatas abducidos, ballo in maschera. Los demás les conceden mucho poder, digan lo que digan y hagan lo que hagan, desde luego, pero un comentario agudo adverso puede provocar un estallido, una conmoción.

La razón de estos desplomes se debe a su estética de oxímoron, a la verdad de sus mentiras, mala noche en una mala posada. Es muy duro psicológicamente estar mirando hacia abajo a los demás como si fueran un montón de insectos sabiéndose garrapatas. Es penoso creerse la más bella del baile temiendo que la propia belleza sólo sea un poco superior a la de la cabra de la legión. Hace falta un poco de paciencia y un poco de desesperación para sentirse gigante entre enanos y así caminar por la calle y darse con los techos bajos. Imposible no sentirse afuerino.

Pese a todo, y mientras dura, les encanta ser los ángeles de la guarda, aprovechando además el tirón de las angelologías. Subidos en la moto de la nube y bajo el escrutinio del tópico hablan acerca de sí mismos, de sus cosas, y a eso le llaman meditación trascendental. Por mi parte nunca he sabido qué tanto les ofrece su yo para no querer salir de él ni de su vacuidad.

Estos seres, sienten mucho, pero apenas piensan. Un momento de placer les hace olvidar una vida de dolores, pobre felicidad en medio de sus eternos infortunios. Sus dialectos, escasísimos y monosilábicos, carecen de términos para expresar ideas abstractas a cambio de ser profetas del contacto del aquí-y-ahora, algo que incluso critica el famoso fundador del eneagrama, Claudio Naranjo: “la Gestalt de Fritz Perls hizo terapia sin teoría, pero no es necesario sostener rígidamente esta posición y continuar formando terapeutas que consideren como bullshit (mierda de toro) o como elephantshit (mierda de elefante) la comprensión reflexiva de la maduración humana. Algo similar pude decirse respecto a la meditación. Fritz meditaba, pero como consecuencia de su escasa disposición a alabar a cualquiera otra forma que no fuese la suya propia, menospreciaba todo lo que se relacionara con la espiritualidad”(2).

Lo penoso es que han devenido ídolos de la posmodernidad, pues controlan las vibraciones de todos y la energía de todos, sintonizada con la suya. Irradian energía por todos sus enchufes. Son maestros descubriendo manipulaciones, y por su parte manipulan luciferinamente a las pobres gentes, detentan un gran poder y culean lo que no está escrito buscando cual Narciso llamar la atención de forma estentórea.

Como maestro me resultan admirables. ¿Su pedagogía? Cuando tengo la desgracia de oírles y me preguntan qué han dicho, yo suelo responder desconsolado: “no sé, no lo han dicho”, colmo de los conferenciantes. De todos modos, y digan lo que digan, todo me suena a lo mismo: grande océano de la verdad y de la mentira en cada orinal, paradojas de los mentirosos. Falta, en cualquier caso, la ironía, la gracia, el salero, la chispa a que nos había acostumbrado La Codorniz: “gobierna en toda España un fresco general procedente de Galicia”. Carentes de humor, son tan grotescos y tan poco ilustrados, que no saben cómo aunar lo grotesco y lo ilustrado. Eso sí, todos estos payasos, aunque sean filósofos alemanes, hablan hoy con acento inglés.

La revelación mindfulness ha llegado en las alforjas de su relativismo cósmico y sus verborreicas prédicas se resumen en esto “si te limitas a apegarte a un sistema de conceptos, sólo consigues quedarte atrapado en él”(3).

1. Gaines, J: Fritz Perls aquí y ahora. Cuatro Vientos Editorial, Chile, 1989, passim.

2. Naranjo, C: Actitud y práctica de un experiencialismo ateórico. Cuatro Vientos Editorial, Chile, 1990, p. 273.

3. Thich Nhat Hanh: El milagro de mindfulness. Oniro, Madrie, 2007, p. 76.

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