La injusticia tiene nombre: el presidente Víctor Oliver Rodríguez. Esperó hasta el último momento obviando la petición del público y luego cegándola con un solo pañuelo. ¿Hay un apartado secreto en el reglamento o es simplemente una lista a los que la Puerta Grande no ha de abrirse a pesar de los méritos?
David Galván se ha hecho con la plaza. Silencio reinaba cuando cogía la muleta. Nadie se atrevía a enmendar ni interrumpir sus faenas. La belleza y el dominio en cada movimiento, le dejaron componer unas obras con un lote malo. Vistaalfrente (1° 11/18), aunque ovacionado de salida, se deshizo en gañafones y maldades. Se ceñía, acechando al diestro, pero éste le concedió el privilegio de lucimiento, citándolo de lejos al comienzo de todas las series. Lo llevó por ambas manos, mostrando la perfecta colocación y adornándose con cambios de manos de su sello. El epílogo por bernardinas henchidas de peligro y una estocada. El público apático. Una ovación al torero y protestas al bicorne.
No había manera de parar al corretón y manso de Embeodado (4° 1/19). No quiso ver a los piqueros ni a los banderilleros. Fue una huida continua. Muchos ya se resignaron: no habrá faena. Y, sí, la hubo: inigualable, irrepetible y única. El coso venteño no ha vivido una faena tan ligada, tan redonda a la belmontina, desde hace décadas. Galván toreó por abajo, genuflexo, atemperando al animal y enseñándole a embestir. Persuadió al contrario que no tenía otra salida sino seguir la pañosa desplegada frente a sus ojos. Los cambios de manos, los pases de firma, los de pecho que peinaban al burel desde la testuz hasta la penca del rabo… Todo hecho con una templada elegancia. Estocada de impecable ejecución. Entera. David Galván ha dejado una huella imborrable en la tauromaquia y en el público.
Ahora bien, el ganado de El Torero tuvo trapío, excepto algunos ejemplares de poca cara. Las banderillas contaban con más salidas en falso que con los palos puestos. Se desmonteró Juan Navazo y también Juan Carlos Rey, pero sus pares fueron muy traseros. No hubo tercios de varas destacadas, hubo unos puyazos de Marcial Rodriguez, agujereando sin piedad, y de Carlos Prieto ensañándose con un animal a quien dejó la vara clavada. Se retiró con chulería dejando a los de a pie el desaguisado.
Alvaro Lorenzo y Ángel Tellez cosecharon sendos avisos, no manejaron la espada bien. No se ajustaron al enemigo que tenían en frente. Álvaro Lorenzo tuvo a Vaticano (2° 11/18), un buen toro, y a Espadachín (4° 1/19), otra malva de bicho. No sé encontrar diferencias entre las dos faenas. Animado por el público, parecía querer hacer las cosas bien, pero ni la colocación ni las distancias estaban bien elegidas.
Ángel Téllez estuvo inexplicable. No he entendido nada de lo hizo en el ruedo. Desde que Pepe-Hillo puso por escrito las normas de la tauromaquia cada cosa que pasa en el ruedo parecía tener su razón. Hasta hoy. Frunceojos (3° 1/19) no se fue a los corrales de milagro, a ver, quizá por el despiste de la presidencia. Una estocada corta le pareció al diestro suficiente y se quedó viendo el abaniqueo feroz de sus subalternos. Sólo cuando la silba retumbaba ya en la Puerta del Sol, se decidió a coger el descabello. Dardillo (6°12/19) acabó desquiciado y dio una paliza al torero. Así, recibió unas piadosas ovaciones y se animó a las bernardinas protestadas porque el toro no estaba para estas florituras. Otra cogida.