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DESDE ULTRAMAR

Sexteto de jefes de Estado

Marcos Marín Amezcua
jueves 23 de mayo de 2024, 17:05h
En las semanas recientes, seis jefes de Estado han sido noticia por razones diversas. El rey de Gran Bretaña y los presidentes de Eslovaquia, Argentina, Irán, Ucrania e Israel.
Carlos III parece que ha llegado al trono con mal fario. Su avanzada edad trae aparejado el agotamiento natural con el desgaste de su figura institucional. De la luchar familiar a la enfermedad de su nuera, la actual Princesa de Gales. Y de remate, el cáncer que parece estarse resistiendo a los tratamientos y anticipa que su reinado no sea más lustroso. Sabemos que no sería prolongado como lo fue el de Isabel II, pero al menos, se auguraba paz y quietud en su trayectoria personal. No cabe duda de que Dios dispone y viene el Diablo y todo lo descompone. Por cierto, un buen amigo en recientes visitas al Reino Unido me cuenta que en la tienda de souvenirs no se exponen mayores objetos con la imagen de Camilla. La reina Camilla, pues. No se vende, le dice el tendero. Ya era mucha ironía que llegó a reina la que no esperábamos que lo consiguiera ni le tocara serlo, dicen los más puristas. El feo cuadro que el rey no pintó, remacha la desgracia.
El atentado contra el presidente eslovaco, Fico, es condenable. No por las filiaciones que describen al sujeto, sino por la recurrente idea de matar mandatarios que acoge alguien creyendo que así se arregla el mundo, su mundo. ¿Alguna vez, la Humanidad superará su loca idea de eliminar al gobernante? nunca han faltado desaprensivos y, acaso, tampoco razones, pero una actitud civilizada y democrática en consecuencia, obligaría a involucrarse en los asuntos públicos y a participar votando allí donde es posible hacerlo, para que no llegue al cargo alguien si tanto nos desagrada y como para facilitar por la misma vía democrática, la participación ciudadana para, llegado el caso, mejorar la oferta en las urnas. Es de elemental respeto al otro no pensarse que la violencia matando al gobernante, es lo correcto.
Recuerda el penoso episodio a aquella persona intentando detonar un arma a Cristina Fernández, la vicepresidenta argentina, saliendo de su casa en Buenos Aires. Siempre serán reprobables esos conatos de violencia. Nunca sobra decirlo.
Hablando de mandatarios argentinos, por más que le doy vueltas no, no hay forma de justificar la atrabancada actitud de Milei. Distingamos dos cosas: te puede caer mal Pedro Sánchez y el propio Milei. Pero no por ello es de recibo que aunque asista a un acto "privado" no acorde con su función de jefe de Estado y no obstante que comparezca como "particular" ya que nunca pierde la investidura –y viste mucho que acuda a cierto acto político siendo ya jefe de Estado a que no lo sea, no nos hagamos– pero ya en el paroxismo y la diarrea verbal soltar gracejadas contra el presidente de España y tal, en España, es perder los papeles. Se puede tener un baturrillo de idas y aplicarlas a tu país, que ya ir a otro a dar la nota se antoja descomunal. El saber estar es un don que resulta difícil practicar. Por eso es un don que no todo mundo tiene. No cabe duda de que no todo mundo consigue ejercerlo con donaire, esmero y donosura. Garbo y buena educación, incluídas. Estar a la altura y comportarse correctamente, tampoco todo mundo el consigue. Milei ya tuvo incidentes diplomáticos similares con Colombia y México. Se puede ser burro en cristalería y hay maderas que nomás no agarran en barniz que se les unta. De eso a ir de pendenciero y rompebroqueles por el mundo como jefe de Estado que nunca pierde la investidura, es distinto y muy reprobable. El tío parecía inteligente.
Y en efecto, a Milei se le puede enmendar la plana: Pedro Sánchez no es España, en efecto, pero sí es el jefe de su gobierno y representa al país en su conjunto. Casi nada, fíjate. Milei no se metió a un pleito de cantina. Ni desde su condición ni desde la de Sánchez, es cosa menor, no es bronca entre particulares. Fue una agresión de un jefe de estado a un jefe de gobierno, pues investidos de tales categorías, nunca se pierde la investidura. Tengámoslo clarito. El decoro en el cargo público importa y mucho. Llevarlo con dignidad, también. Convendría que no lo olvide, porque su voz es la de Argentina toda en estos momentos. No lo pidió nadie, solo son así las cosas.
Menos suerte que el presidente español ha tenido el iraní. El estupor y la sorpresa por el desplome de su helicóptero en medio de la crisis casuada por la guerra estre Israel y Gaza sí levanta sospechas de toda índole y, sí, llega en el momento más inoportuno, muy aparte de que nunca lo sea para complicar el panorama regional o la sucesión iraní, de suyo ya compleja, no obstante que parezca atada y muy atada, como decía el clásico. Lo hemos dicho en esta columna con anterioridad, acerca de que la segunda reserva petrolera del mundo se la quedaron Cheney y sus canchanchanes tras de la miserable invasión a Irak de 2003. Pues bien, la mancha de petróleo se extiende hacia Irán y para ciertas mentes que hace rato dicen que ya es hora de democracy y liberty en Irán. Hipócritas. Su petróleo ambicionan. La muerte del presidente iraní no ayuda a sosegar las cosas y no sería extraño que desencadene problemas, pese a fijarse y rápido la elección sucesoria del 28 de junio.
A Zelenski se le acabó el mandato presidencial. El comediante renegón de su gobierno y que terminó de presidente y en guerra con Rusia, pasará a la Historia como el bueno, como el agredido y sin pedirlo. Mientras, el conflicto no tiene visos de concluir y ya venció el plazo por el cual se contrató. Veció el mandato y ha expresado que no habrá elecciones en tanto dure la guerra. ¿Puede ello, deslegitimar su actuar careciendo de un refrendo democrático? no, porque se sobreentiende que la guerra impide y desaconseja cambiar de mandatario y dificulta los comicios. Total, cuando termine, Zelenski puede convocar a elecciones y perderlas como le pasó a Churchill después de la Segunda Guerra Mundial. Traigo a cuento el ejemplo de Benito Juárez. Su mandato presidencial corría de 1861 a 1865 y por la invasión francesa justo lo colocó en el mismo sitio de Zelenski: a aguardar a que pasase el conflicto, sucediendo en 1867. Lo hizo y solo una vez concluido, convocó a elecciones en ese mismo año y las ganó. Todo puede pasar, inclusive cuestionar a Zelenski por no convocarlas ni ahora ni después.
Y lo de Netanyahu. Así como lo de Crimera estuvo mal negociado al desintegrarse la Unión Soviética y, acaso, de ser rusa de un inicio nos habríamos ahorrado tanta penuria durante una década, así de haberse asegurado sin contemplaciones el derecho a existir a Palestina e Israel, si es que era inevitable el surgimiento del segundo, que nos habría ahorrado tanto desasosiego. Los argumentos para la situación actual cada día son más endebles. Y no se puede responder insultando a medio planeta ni a la ONU en abierto reto llamando a todos antisemitas por señalar lo que nadie puede negar: los excesos cometidos en Gaza. Si a media Humanidad –que 140 países han reconocido a Palestina como estado y se sumarán 3– Netanyahu seguirá infiriendo ofensas de “antisemitismo” como piedra arrojadiza para evadir sus responsabilidades, ergo, va extraviado y ya tiene orden de captura por posibles crímenes de guerra. No actitud no deja boquiabierto ni impresiona a todos. ¿A qué quiere llegar? Ya antes de la guerra había forzado mucho las cosas. La guerra fue el acabóse de su pensar y su proceder. Solito se ha metido en un callejón sin salida. Ojalá que solo fuera él, pero arrastra a su país a una condena generalizada que no merecía si Netanyahu hubiera estado a la altura de las circunstancias y no aprovecharse como lo ha hecho. Menuda oportunidad de oro le facilitaron aquellos descastados, aquel fatífico 7 de octubre.
Así va esta primavera de convulsa en el hemisferio norte y eso que todavía faltan las elecciones mexicanas del 2 de junio, que serán un máscara contra cabellera, como dicen en la lucha libre y que invitan a no darle ni un voto al putrefacto PRI que amenaza con regresar con su extraviada candidata Xóchitl Gálvez, quien enarbola un discurso de odio inadmisible; y las británicas anticipadas, que también prometen.
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