Puerto de San Lorenzo ha traído una novillada para Talavante, Ortega y Rufo. Imagino que con el consentimiento de sus apoderados, de los veterinarios y demás responsables del festejo. La plaza llena que esperaba ovacionar a los diestros, se volvió un hervidero de protestas: mucho torillo sin trapío, manso, flojos y de caminar aborregado. Andaban buscando chiqueros con la sinhueso fuera. Entre esta juventud se coló uno del año 2018. Ha sido una buena limpia de corrales. ¿Qué tal los toreros? Muy guapos. Torearon de salón que es lo que está ganando entre los “aficionados”. Una estética de gimnasio y carretilla. Así que gran parte del público estaba deseoso de aplaudir y repartir trofeos.
Los tercios de varas muy malos. Se destacaron por la mala ejecución Manuel Cid, Manuel Quinta y José Antonio Barroso. El manejo de la espada muy mejorable, sobre todo, lo de salirse de la suerte sin perfilarse siquiera. Las cuadrillas tampoco se lucieron repartiendo los palos por la anatomía de los astados. Los andares finos de Fernando Sánchez ya no disimulan lo defectuoso de su proceder. Todos los toros fueron abanicados con ferocidad.
A Alejandro Talavante le regalaron una oreja de Cubanoso (1° 1/19). El toro de carretilla iba muy bien, Alejandro acompañó su trote con arte y hasta a veces con temple. Al público le pareció pintiparado y don Eutimio Carracedo no tuvo otra que ceder una orejilla muy liviana. Gironero (4° 3/20) iba ora rebrincando ora tirado por el suelo. Abrevió y se lío a pinchazos.
Juan Ortega estaba negociando con Manuel Quinta las varas de Cartuchero (2° 4/29) y, mientas tanto, se lo cargaron. No hubo faena. Otro Cubanoso (5° n°16 3/20) murió de pena. La estocada cayó tan corta que más bien fue un pinchazo, pero fue suficiente. Sin embargo, Ortega recibió una zancadilla por mala colocación y luego le sacó algunos pases bellos.
Tomás Rufo pisa las plazas como un grande. Con meritorio pero tan corto recorrido, ha comenzado muy pronto a enfrentarse con enemigos tan pequeños y faltos de todas las cualidades para llamarles toros bravos. La faena de Forcafillo (3° 3/19) fue una perdida de tiempo: el torero esperaba y esperaba, hacía un pase seguido por una tediosa pausa llena de bravuconadas. Cubatisto (6°11/18) fue el único ‘prejubilado’ de la tarde. Rufo brindó la faena al público agradecido y siguió la estela que marcaba el marrajo rajado. Primero, se echó de rodillas, pero luego se dedico a agarrarse al animal. Así persiguiendo, sin dominar, ni cambiar terrenos, ni siquiera intentar tomar la iniciativa, Rufo le pegó un bajonazo.