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ENTREVISTA

Joaquín Campos: "Si Edwin Arrieta no hubiese ocultado una parte de su vida, estaría vivo"

El escritor Joaquín Campos.
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El escritor Joaquín Campos. (Foto: E.V.)
Eduardo Villamil
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eduardovillamilelimparciales/16/7/16/28
domingo 26 de mayo de 2024, 09:48h
Actualizado el: 26 de mayo de 2024, 13:44h
El escritor presenta su nueva novela 'Avenida', una mordaz visión de la sociedad moderna desde los ojos de dos parias neoyorquinos.

La cabeza de Joaquín Campos (Málaga, 1974) ha hecho ‘clic’ tres veces. De momento... La primera, con 25 años. Fue en un crucero rumbo a Messina. Tras echar una siesta en la popa del barco despertaría con un guion en la cabeza “de la nada”. La segunda, con 33, cuando decidió dejar su cómodo trabajo como prometedor chef ejecutivo en un hotel de cinco estrellas en Menorca y emigrar a China para entregarse “a pecho descubierto” a la literatura. La tercera ha sucedido hace apenas unos meses, poco después de su 50 cumpleaños. Pese a llevar publicados más de una docena de libros, el escritor malagueño ha descubierto que ganar dinero con las letras cuesta, y mucho. Tanto que ha llegado a pensar en “saltar del puente de Toledo”. Por suerte la vida aún le parece “maravillosa”.

Para tratar de salir de este último embrollo Campos resolvió viajar desde Bali (donde reside habitualmente) a Tailandia, cubrir el juicio de Daniel Sancho y ofrecer sus crónicas al mejor postor. Conocido en el panorama mediático por su investigación, hace unos años, del crimen de Artur Segarra (curiosamente similar al de Sancho) no le han faltado ‘novias’ periodísticas, como Lecturas o La Razón. Es en este último diario donde ha publicado sus noticias más importantes. Radios y programas estrella de la televisión, como el de Ana Rosa o Sonsoles, han recurrido a él a menudo en busca de la última hora desde Koh Samui. Tan bien le ha ido que la editorial La Esfera de los Libros le ha ofrecido publicar un libro sobre el asunto. Ni tan mal, que dirían los jóvenes. Él lo resume de otra forma con su cáustica ironía: “Soy una prostituta, pero alegre y sin sida”.

Hoy Campos se sienta junto a mí, frente a la barra de la castiza taberna El Tempranillo, en plena Cava Baja madrileña. Bebe con indisimulada fruición una botella de tinto ‘Sospechoso’ y degusta ávido el queso manchego con pan y aceite de oliva virgen extra que nos dispensa el orondo mesonero. Es mediodía y el sol promete planes inciertos. Tras su periplo tailandés, ha vuelto a casa por dos razones: escribir un libro (el de Sancho) y presentar otro: Avenida (Ed. Sr. Scott, 2024). Avenida es una novela perfecta para iniciar una conversación, sobre todo de bar, porque aborda problemas muy actuales. Narra la historia de Sheila y Donovan, dos inadaptados que malviven en el corazón de la civilización occidental: la Primera Avenida de Nueva York. Negra, vagabunda, expeditiva y drogadicta, ella. Blanco, alienado, solitario y pervertido, él. Ambos fracasados. Donovan ama a Sheila, pero ella jamás lo sabrá. A través de sus personajes, Joaquín Campos pone al lector frente al espejo de una sociedad decadente, de personas estólidas que miran por encima del hombro y caminan apresuradas hacia la ramplonería sin pararse ni un momento a pensar: ¿Merece la pena?

Los protagonistas de Avenida son una sintecho y un enfermo mental ¿Cuánto hay de ti en ellos?

Mucho. Amo a los dos por igual. A ella por su carácter y a él por ser un verdadero soñador.

¿Por qué has elegido estos perfiles?

Los mendigos me parecen un milagro porque, al menos, exponen el mejor espejo a la sociedad que quiera ver. Trato la mendicidad porque creo que empieza a ser particular de las sociedades occidentales. En China o en Indonesia no hay mendigos. Creo que lo último para un hombre es no tener techo. Puedes llegar a tu casa y no poder pagar la luz, pero no dormir al raso.

La enfermedad mental, o existe desde tu nacimiento o desde el abuso de sustancias psicotrópicas, así como de ansiolíticos. Luego están otro tipo de enfermos mentales: aquellos que decidieron vivir una vida mediocre, sin sueños.

¿Miedo al cambio?

José Val del Omar decía que “lo único permanente en la vida es el cambio”. El mayor fracaso de la humanidad es que un día a alguien le digan que tiene cáncer y se pregunte: ‘¿Y ahora qué hago?’. Pero oiga, ¿usted con 20 años no intentó hacer lo que quiso? La gente tiene una meta global y piensa solo en decir que ha pensado. La meta es particular. Si lo has pensado de verdad te tendrías que haber ido. ¿Qué haces pagando una letra de un piso en Aluche con una gorda o un gordo? Te lo impone el sistema. Un día hablé con un amigo catalán y le pregunté: “¿Cuáles son tus sueños?”. Me contestó: “Que el Barca gane la Champions y que Cataluña sea independiente”.

¿Aún queda esperanza para Occidente?

Sólo una guerra podrá salvar al muy decadente Occidente, que yo centraría más en Europa. Asia nos come por los pies mientras los Estados Unidos se ríen de nosotros. Nuestras políticas basadas en estupideces no han calado en Asia, pero nosotros seguimos alargando el drama mientras ellos tristemente se centran sólo en la economía aunque nada en la cultura. Con el ascenso de Oriente el número de lectores decrece a niveles prehistóricos.

Muchos gurús modernos defienden que cualquier persona puede ser la mejor en un campo determinado y únicamente debe encontrarlo. ¿Estás de acuerdo?

No. Hay veces que no lo encuentran y hay veces en las que ni si quiera se lo preguntan. No todo el mundo tiene algo con lo que autorrealizarse, un sentido en esta vida. Si quitásemos al planeta 7.500 de sus 8.000 millones de habitantes, el mundo seguiría igual. De hecho, estaría mejor. No habría que fabricar tantos neumáticos, ni tantas papillas, ni tantas aspirinas.

Joaquín Campos | E.V.

¿Nos falta motivación?

La motivación surge de no asumir el fracaso. Uno intenta ver en su círculo, en su edificio o en su vida, lo que hace la gente, y tiene serias dudas de que haga lo que realmente quiere hacer. El 80% de mi vida no me motiva: por eso no estudié, por eso no tengo carné de conducir, por eso he cambiado de novia 20 veces… excepto la literatura propia y ajena. Ahí sí me esfuerzo, con el fin de estar en paz conmigo mismo y sentirme perfecto.

Aun así, está costando...

Estoy en una agonía tenebrosa, pero estoy muy feliz. No me halago por escribir novelas o poesía, ni por tener una novia que me corta fruta todos los días a las 5.00, me mantiene con vida y paga el alquiler, pero sí me halago, al menos, por haber decidido hacer lo que quiero antes de morir. Tengo fans que me dejan casas; y lo mejor es que ni me matan ni me descuartizan. Bueno, aún no lo sé.

¿A la gente le interesa leer sobre la miseria de otros?

Siempre. O porque eres maldito, y te lo inventas, o porque te crees mejor y quieres ver cómo sufre otro, la gente desea enfrentarse a la miseria.

Entiendo que tu opinión sobre la cultura en España no ha cambiado…

España se ha convertido en una debacle cultural. Picasso se fue el siglo pasado. En este ni habría nacido aquí.

¿Y las subvenciones?

El sueño de uno, si es una paja mental, tiene que pagárselo él. Lo que no puedo hacer es, en mi renuncia a la vida normal, en mi ruina, plantearle al Gobierno una confrontación.

A lo largo del libro ofreces numerosos ejemplos de personas que ocultan algunas facetas de su vida por miedo al qué dirán ¿Qué es la intimidad para ti?

La vida privada no es más que una lección de la moralidad. Una cosa es que tengas un secreto un día. Lo que no puede ser es que sea la mayoría. Si usted bebe todos los días, se droga todos los días y se va de putas todos los días, eso no es vida privada, usted está ocultando su vida real.

Por tanto, los secretos acaban trayendo problemas…

Los secretos nunca deben ser tus hábitos. Cuando preguntaba por Edwin Arrieta todo el mundo me decía: “¡Qué dignidad! ¡Qué humor! ¡Qué metódico! Cantaba en el karaoke, tenía 12 empleados en la clínica, llamaba a su familia todas las semanas…” ¿Dónde está el rastro de Sancho? Ocultó esa parte de su vida porque en Colombia un católico que pagaba a la Iglesia no podía tener un novio de 29 años, modelo y rubio. Si no la hubiese ocultado no estaría muerto ahora mismo.

¿Qué se dirían Sheila y Donovan si se conocieran?

Donovan saldría corriendo. Su amor es sólo suyo. Y si Sheila le hubiera prestado un mínimo de atención le habría despreciado, como hace con casi todos.

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