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DE VUELTA A LA CASA BLANCA

Hillary Clinton, la continuación de una dinastía

martes 05 de febrero de 2008, 21:05h
En ese sentido la candidatura de Hillary Rodham Clinton supone la continuación de otra dinastía más entre las familias y camarillas que han gobernado EEUU. Desde los tres mandatos continuados que ganó Roosvelt la elección presidencial se encuentra limitada, a través de una enmienda constitucional, a dos mandatos consecutivos. Esta limitación no ha evitado la ocupación del Despacho Oval y escaños por linajes que se han repetido año tras año. Desde el famoso mito de Camelot de los Kennedy que se extiende hasta nuestros días (el senador Ted Kennedy o la actual esposa del gobernador de California, Mary Shriver) hasta la saga de los Bush –padre e hijos- muchos ciudadanos americanos aborrecen ya a los políticos y familias que viven por la democracia, para la democracia y -lo que más les preocupa- de la democracia. Pero la senadora Clinton inteligentemente ha conseguido girar este argumento, que sus críticos utilizan en su contra, para erigirse como una candidata experimentada que puede "empezar a gobernar desde el primer día". Algo realmente importante si tenemos en cuenta que en la conciencia americana estamos viviendo "tiempos de guerra". Inexperiencia o falta de resolución son las características menos deseadas que debe tener el futuro ocupante de la Casa Blanca.

Una vida dedicada a la cosa pública
Nacida en el 26 de octubre de 1947 en Park Ridge (Illinois) inició su carrera pública de forma temprana en 1969 al destacar durante la pronunciación del discurso como primer anlumno del Wellesley College. Se graduó en Derecho por Yale en 1973 y ejerció como abogada especializada en asuntos familiares. Primera dama de Arkansas desde 19779 hasta 1992 por estar casada con el gobernador Bill Clinton. De la mano de su marido llegó también a la Casa Blanca como primera dama a 1992 y tras abandonarla en el año 2000 pretende ocuparla de nuevo como Presidenta de los EEUU. Como primera dama de los Estados Unidos, destacó en algunas iniciativas como el Plan de Salud Universal que no obtuvo la aprobación del Congreso de los EE.UU en 1994. En 1997 ayudó a establecer la Ley de la Infancia y el Programa de Seguro de Salud la adopción y familias. El escándalo Lewinsky en 1998 la colocó en los principales titulares y abrió durante un largo periodo los noticiarios. Tras dejar la Casa Blanca salió elegida senadora por Nueva York en 2000 y reelegida en 2006, escaño desde el que emprendió una pre campaña destinada a postularse como la candidata favorita del Partido Demócrata. Como senadora en un principio apoyó la Guerra de Irak aunque más tarde votó contra la ampliación de fondos y refuerzos para combatir a los terroristas. También ha estado en contra de las principales iniciativas de la Administración Bush en asuntos de política interior y bajadas de impuestos.

"¡Es la economía, idiota!"
La candidatura de la actual senadora por Nueva York se ha basado en un discurso moderado en el que tiene como ejes la ampliación del seguro médico a todos los ciudadanos americanos; la retirada escalonada y ordenada de las tropas de Irak; y una política económica continuista con la de su marido que llevó al país a una situación de equilibro presupuestario y crecimiento. La economía es su punto fuerte: la añoranza y el recuerdo de los tiempos felices de la Administración Clinton, pueden calar entre los estadounidenses alarmados por las campanas que anuncian recesión. Parece que el lema "¡es la economía, idiota!" que utilizó su marido contra el primer Bush puede convertirse en el punto crítico de esta elección presidencial como ya lo fue para su marido.

Su ambición, su mayor arma y su principal debilidad
A pesar de su brillante campaña, la capacidad demostrada para recaudar una cantidad ingente de fondos y los apoyos de todo el aparato del Partido Demócrata, Hillary Clinton cuenta con detractores que la aborrecen desde los tiempos en que era Primera Dama. Su altivez y frialdad demostradas durante el escándalo Lewinsky creó una imagen de una mujer impasible y ambiciosa que no dejaría que cualquier escándalo que se cruzase por su camino interrumpiese su ascendente carrera. Se cuenta, no sin malicia, que cuando el matrimonio Clinton visitaba en coche la localidad natal de Hillary, pararon a repostar en una gasolinera. Allí la ex primera dama señaló al operario y le explico a Bill Clinton que aquél había sido su novio anterior. El presidente Clinton, seguro de sí mismo, se jactó de la suerte que había tenido Hillary por casarse con un hombre que había llegado a ser Presidente de los EEUU. Ella contestó in dubitativa que, si se hubiese casado con aquél hombre, él y no Bill Clinton habría ocupado el Despacho Oval. Dicen que detrás de un gran hombre hay una gran mujer, Hillary R. Clinton ha entendido que es el momento de demostrarlo.
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