www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

La demagogia no es populismo

lunes 27 de mayo de 2024, 18:59h

Al leer comentarios de prensa sobre la concentración del Partido Popular contra la presentación de la ley de amnistía, me sorprendió que algunos comentaristas reprocharan que los populares bajaran a embadurnarse en el mismo estiércol populista que enfanga al sanchismo. Me sorprende que lo escriba Rubén Amón en el principal periódico víctima del fango populista, porque da una imagen de lo fácil que es bajar la guardia cuando se amenaza a los que escriben en el ejercicio de su libertad. El apresuramiento puede llevar a confundir cosas distintas, cuyas diferencias hay que saber apreciar al descender al terreno del comentario político.

El populismo no es solo un tipo de retórica en la que la apelación a sentimientos prevalece sobre los razonamientos para ganarse el favor emocional del auditorio. Este tipo de discurso público ha sido constante desde que los griegos lo llamaron demagogia. Lo normal es que el populismo se sirva de la demagogia para ganarse a un auditorio. Pero la demagogia se limita a excitar el ánimo removiendo pasiones. Lo cual es pan nuestro de cada día, desde que Sócrates lo explicó en los diálogos platónicos. El fango populista es otra cosa. Es un producido nacido del fracaso del comunismo que, en las democracias occidentales, vincula al discurso político una estrategia. Usa la exaltación emocional para justificar el desmantelamiento, desde dentro, del Estado de Derecho representado en las instituciones mediante elecciones libres.

El populismo no es un tipo de discurso, es el uso estratégico de cualquier tipo de discurso con el fin de subvertir el sistema constitucional representado por mayorías elegidas democráticamente, una estrategia que pretende legitimar la alteración de la representación electoral. De esta estrategia, que Laclau explicó en un conocido libro, se sirvió Pablo Iglesias para justificar su proyecto de desmontar el sistema constitucional del 78. La misma estrategia a la que ahora recurre Sánchez, no tanto por convicción como Iglesias, sino por oportunismo, para justificar la venta de la Constitución por siete votos.

Populismo no es sinónimo de demagogia. Va mucho más allá, y tildar a Ayuso de populista es un modo de igualar el fango con la comida. Es una estratagema para conseguir o retener el poder fundada en una presunción nunca demostrada porque es indemostrable. Se basa en suponer que en el sistema liberal democrático las leyes son la expresión de poder de una minoría dominante. Esta fue una invención del marxismo para justificar la lucha de clases contra la democracia liberal. La conciencia de clase de un proletariado inexistente estaba representada por el Partido, cuyo fin era derrocar al gobierno democrático justificando la legitimidad de la lucha del proletariado contra la burguesía. El marxismo presumía que el sistema liberal representaba la supremacía del capital sobre los intereses de los trabajadores. Cuando el comunismo fracasó por su impotencia para rivalizar con la capacidad productiva del capital, y hasta los maoístas se hicieron capitalistas para ser productivos y competir con Occidente, algunos excedentes marxistas que se quedaron colgados de la brocha encontraron en el populismo una estrategia que legitimara la lucha contra una presunta clase dominante. Ya no era la burguesía, una invención reduccionista, sino la casta. La estrategia que aplicó Iglesias, inspirándose en Laclau, consistió en denunciar que el sistema constitucional alimentaba la corrupción para asegurar el dominio, no de una clase contra otra, sino de una casta dominante contra un populus adormecido. Había que despertar al inconstitucionalismo para acabar con la política corrompida. Su descripción tenía soporte en que si la clase política era corrupta, contagiaba a los capitalistas manejados por los políticos. Descripción que puede aplicarse sin esfuerzo al caso Koldo, es decir, al sanchismo actual. Este es el problema de fondo que ahora hay que dirimir. La estrategia consistió en unir electoralmente a las diversas minorías antisistema para conseguir vencer electoralmente a la casta corruptora del sistema.

Desfallecido Iglesias, el sanchismo ha tomado el testigo de unir a las minorías anticonstitucionales para subvertir la Constitución y defenderse del caso que lo afecta a Sánchez con su esposa. Lo que parece no entender Rubén Amón es que su periódico, al igual que los jueces, incluido el Supremo, forma parte del fango de la “casta” corruptora que el sanchismo esparce para ocultar la inmundicia del que enmerda al sanchismo. A eso lo llama “máquina del fango”, sirviéndose de una novela escrita por Umberto Eco hace muchos años. Evidentemente, vista la capacidad doctoral de Sánchez, alguien tuvo que informarle de esa novela, de la que seguramente no ha leído la cubierta.

Amón podrá decir que Ayuso apeló demagógicamente a excitar a los congregados en la Puerta de Alcalá, o que Feijóo es cándido por solicitar la anticipación de las elecciones. Puede ser. Pero confunde y dispara sobre su propio pie si compara esa apelación demagógica con la máquina del fango, sin percatarse de que él es un comentarista al que Sánchez persigue por enfangar, mientras Ayuso defiende su libertad informativa. La máquina del fango sanchista reúne a los empresarios junto a los empresarios que no le siguen el cuento, al periodismo que no le rinde pleitesía, a la judicatura que aplica la ley sin mirar a quien aprovecha y a todo aquél que puede hacer peligrar su mayoría de residuos antisistema que ha ido reuniendo para comprar siete votos, como muy bien sabe el director de su periódico.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (5)    No(0)

+
0 comentarios