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TRIBUNA

El acabose del continuose del empezose de las elecciones

viernes 14 de junio de 2024, 18:30h

“Las empresas mineras de Estados Unidos y Canadá han extraído en sólo cinco años el equivalente a toda la plata y el oro que el imperio español extrajo en 300 años, con la diferencia de que durante la colonia mal que bien se construyeron bellos edificios y templos que hasta hoy se aprecian en los centros históricos de las ciudades mineras y de la capital del país, en tanto que las empresas de ahora no dejan casi nada: ninguna obra ni beneficio social. El colmo es que hasta hace poco no pagaban impuestos por la extracción del mineral, con el añadido de la destrucción y la contaminación impune de nuestro territorio; es decir, estamos viviendo la época de mayor saqueo de los recursos naturales en la historia de México”[1].

El manejo de Pemex se ha venido caracterizando por el vandalismo y la corrupción, quemando gas en grandes cantidades y a cielo abierto, destrozando los ecosistemas que quedan arruinados. Por si fuera poco, se sigue vendiendo petróleo crudo como materia prima y se compra gasolina, algo similar a exportar naranjas e importar su jugo. Un país lleno de bolsas de plástico y de basuras no biodegradables, pese a su belleza paisajística, no va a atraer turismo de calidad mientras lo natural vaya contra la naturaleza. Imposible que el mexicano de hoy, y temo que también de los años venideros, procese estos consejos: “obra de tal manera que no pongas en peligro las condiciones de la continuidad indefinida de la vida sobre la Tierra, obra de tal manera que los efectos de tu acción no sean destructivos para la futura posibilidad de una auténtica vida humana en la Tierra, incluye en tu actuación actual la futura integridad del ser humano, obra de tal manera que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica en la Tierra”[2]. Y qué pocos toman en cuenta estas palabras: “con grandes titulares se nos informa de que la clonación es ya un éxito. Y nosotros, todos los hombres del planeta que no queremos esta profanación última de la naturaleza, ¿qué podemos hacer frente a la inmoralidad de quienes nos someten? La humanidad ha recibido una naturaleza donde cada elemento es único y diferente. Únicas y diferentes son todas las nubes que hemos contemplado en la vida, las manos de los hombres y la forma y el tamaño de las hojas, los ríos, los vientos y los animales. Ningún animal fue idéntico a otro. Todo hombre fue misteriosa y sagradamente único. Ahora el hombre está al borde de convertirse en un clon por encargo: ojos celestes, simpático, emprendedor, insensible al dolor o, trágicamente, preparado para esclavo. Engranajes de una máquina, factores de un sistema, ¡qué lejos, Hölderlin, de cuando los hombres se sentían hijos de los dioses!”[3].

Sin horizonte ecológico ni decencia antropológica, mientras tanto, en el annus horribilis, mientras la mitad de los mexicanos trabajan de forma precaria y sin ninguna seguridad social, haiga sido como haiga sido el lavado de dinero, los despilfarros, los lujos ofensivos, la delincuencia de cuello blanco o de cualquier color han hecho el gran negocio de la historia. Durante el pésimo gobierno del gigolo Peña Nieto el consumo de lujo creció en un 12 por ciento en México. Según la empresa Luxury Society (Sociedad de la lujuria) cada uno de los grandes propietarios mexicanos gasta en promedio 313.000 dólares al año. Según la Knight Frank Global Cities Survey la Ciudad de México está entre las 30 urbes elegidas por los más ricos del mundo para realizar sus compras. Lo que predomina es la codicia y el afán de hacer dinero a toda costa, sin escrúpulos de ninguna clase. Traficantes de influencia, logreros rapaces, tanto nacionales como extranjeros, políticos corruptos que como el calamar se esconden tras su oscura tinta dando garrotazos a lo tonto al avispero, todo eso es México. Si se compara con Noruega, tercer país mundial exportador de petróleo, este país reserva un gran porcentaje de utilidades en un fondo de ahorro para las futuras generaciones, respeta los derechos humanos, garantiza el acceso universal a Internet, atempera las desigualdades y posibilita la justicia social. En ese país los policías desarmados se marchan a casa a la cinco de la tarde y los ciudadanos dejan sus puertas abiertas, sin que el índice delincuencial resulte apreciable. Dinamarca ofrece escolarización gratuita de calidad, beca a los estudiantes de nivel medio superior, superior y posgrado, tiene servicios médicos y medicamentos gratuitos, pensión para adultos mayores, asistencia social, apoyo para la renta de la vivienda, permiso con sueldo de seis meses para maternidad, fantásticas bibliotecas y centros recreativos, todo lo cual podría lograrse en México si se desterrase la corrupción, porque es un país con grandes recursos naturales. Pero ese maná no caerá del contaminado cielo mexicano, sino plagas de ranas envenenadas: aunque los mexicanos “no somos así”, nos gusta mucho estar así, buitres de ojo redondo al acecho y pico curvo.

La impunidad es absoluta. La corrupción y el cohecho en las licitaciones públicas, las “comisiones” oscilan entre el 9 y el 11 por ciento. Resulta patético el enriquecimiento desmedido de funcionarios, gobernadores, burócratas[4]. Las mordidas de los agentes de tránsito, la participación de policías en grupos de delincuentes, los sobornos en las ventanillas forman parte del paisaje mexicano. ¿Cómo no va a desquiciar todo esto a los ciudadanos honrados, los grandes sufridores?

Y, si bajamos al capítulo de sueldos que reciben los expresidentes mexicanos y sus familias, el estupor resulta insuperable. Los mexicanos pagaban hasta la llegada del nuevo gobierno al poder a sus ex los costos del ejército, de la armada y de la fuerza aérea que los protege (en 1976 la escalofriante cifra asciende a 36.830 millones de pesos), servicios de personal civil que en 1987 alcanzaban los 55.773 millones de pesos, servicios telefónicos nacionales de telefonía móvil y larga distancia; derecho de un automóvil para el presidente, otro para su esposa, uno para sus hijos y tres automóviles para sus escoltas, pago de tenencia, verificación y gastos de mantenimiento para sus residencias, además del predial y servicios de jardinería, luz y limpieza, sin olvidar los cuantiosos bonos. Estos sátrapas son ratas con patas como diría Juanita la del barrio, elefantes blancos del vómito que sangran al erario público más que nadie en el planeta Tierra. En efecto, Felipe Calderón recibe 54.263 millones anuales de pesos haciendo buenos a George W. Bush (USA, 23.000 millones de pesos anuales), a Sebastián Piñeira (Chile, 10.500 millones), a Gordon Brown (Reino Unido, 4.000 millones), a Álvaro Uribe (Colombia, 2.500 millones) o a José María Aznar (España, 2.200 millones) [5].

No nos vendría mal comparar con España y su devenir.

[1] López Obrador, A-M: 2018. La salida. Ed. Planeta, México, 2017, p. 24.

[2] Jonas, H: El principio de responsabilidad. Ed. Herder, Madrid, 1995, pp. 9-10.

[3] Sabato, E: Antes del fin. Editorial Alfaguara, Barcelona, 2011, p. 76.

[4] “En la cárcel quiso Noueched recuperar su brazo perdido: -Haga una solicitud, le dijeron. Él explicó que no tenía lápiz. -Haga una solicitud de lápiz, le dijeron. Entonces tuvo lápiz, pero no tenía papel. -Haga una solicitud de papel, le dijeron. Cuando por fin tuvo lápiz y papel, formuló su solicitud de brazo. Al tiempo le contestaron. Que no. No se podía: el brazo estaba en otro expediente. A él lo había procesado la justicia militar. Al brazo, la justicia civil” (Galeano, E: El libro de los abrazos. Siglo XXI, México, 2000, p. 48). Claro que, al parecer, y nunca mejor dicho, por estas latitudes tampoco se quedan mancos: Obregón perdió el brazo en la batalla de Celaya enfrentando a las tropas de Pancho Villa, “sus hombres buscaban y buscaban la extremidad sin encontrarla, hasta que un amigo sacó del bolsillo una moneda de oro denominada azteca, e inmediatamente todos presenciaron un milagro: el brazo vino saltando. Fue la única manera de hacer que apareciera el brazo perdido” (Ayer en México. FCE, México, 1977, p. 11).

[5] Villanueva, E: Los parásitos del poder. Cuánto cuesta a los mexicanos mantener los privilegios de los expresidentes. Ed. Proceso, México, 2016.

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