www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

La importancia de la guerra en Afganistán

viernes 14 de noviembre de 2008, 00:09h
Un nuevo ataque suicida en el este de Afganistán se ha cobrado la vida de al menos 18 personas, entre ellas la de un soldado estadounidense, mientras otro medio centenar ha resultado herido. El ataque, que ha sido perpetrado cerca de la frontera con Pakistán, hacia la región de Waziristán, donde campan a sus anchas los talibanes, confirma un empeoramiento de la situación en la zona y un reforzamiento de las tropas insurgentes.

La violencia continúa creciendo en el país y los soldados de Estados Unidos representan el primer objetivo de los ataques talibanes, pero no el único: no hay que olvidar que el pasado 9 de noviembre, un ataque suicida con una furgoneta causó la muerte a dos militares españoles en el sur de la provincia afgana de Herat. No cabe duda de que Afganistán vive su peor momento desde que en octubre de 2001 se derrocó el régimen talibán, tras la invasión de la coalición liderada por Estados Unidos.

En la zona del este y en el sur del país, tropas afganas y extranjeras mantienen una lucha constante contra los insurgentes del Talibán. En estas zonas es evidente que la insurgencia está ganado terreno, mostrando los límites de la actual estrategia adoptada por las fuerzas desplegadas en el país. En muchas zonas, las dificultades son numerosas: a un gobierno central débil y poco efectivo se suma la escasez de recursos de las fuerzas extranjeras. De hecho, la situación que atraviesa Afganistán es consecuencia de la dispersión de fuerzas militares internacionales, en la medida que las tropas occidentales se han centrado en la guerra de Irak, descuidando este otro flanco de vital importancia. No cabe duda de que las cosas han mejorado mucho en Irak desde que el general Petraeus se hizo cargo de la estrategia militar. Precisamente por eso, la coalición internacional debía reforzar sus posiciones en Afganistán y Pakistán, en cuya frontera común se concentran los principales núcleos de terrorismo islamista. Además, Pakistán no desempeña un papel menor. Se trata de un país complicado pero avanzado a la vez, donde se combinan militarismo, pobreza y desigualdad con altas cotas de desarrollo económico, preparación intelectual, balística y nuclear: una mezcla que puede resultar explosiva, al tiempo que reúne condiciones para hacer compatible la confesión islámica mayoritaria con su transformación en una sociedad secularizada y avanzada. Se trata, por tanto, de una pieza clave que no puede caer en manos enemigas y, para ello, es necesario ganar esta guerra.

Afganistán se presenta como un puzzle donde faltan muchas piezas. La victoria de Barack Obama genera gran expectativa alrededor de un posible cambio de estrategia en el área. Es evidente que el nuevo mandatario deberá reflexionar en torno a la presencia militar estadounidense en Irak y Afganistán y el papel de mediador de Estados Unidos en el errático proceso de paz palestino-israelí. Sin embargo, es una condicio sine qua non, pero no la única: ha llegado el momento en que los líderes políticos (y tribales) de Pakistán y Afganistán se reúnan para establecer contactos con el movimiento Talibán en un intento de poner fin a la violencia que se registra en el país. Una nueva estrategia combinada, que sea una mezcla de negociación y aumento del número de tropas, con la consiguiente presión militar, parece la única posibilidad para salir de este callejón sin salida. En caso de perseverar con el actual rumbo, el número de muertos aumentará día a día. Es hora, pues, de asumir la responsabilidad y ofrecer respuestas concretas y concertadas.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios