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TRIBUNA

Genialidad y genitalidad

jueves 20 de junio de 2024, 19:53h

No quisiera yo dar la imagen de estar reconcomido por la genitalidad, pero a tenor de lo que vengo leyendo últimamente, la longitud del pene erecto aumentó un 24% en los últimos 29 años; si el cerebro humano creciese al mismo ritmo cada uno de nosotros terminaría superando a la inteligencia artificial. A cambio de su desempleo, en algo salen ganando los jóvenes. La media pasó de superar por poco los 12 centímetros, en 1990, a sobrepasar los 15,5 en 2021. A este paso los jóvenes, circuncisos o incircuncisos, van a tener que llevar bolsas de maya para aguantar tanta carga. Todo el mundo andará marcando paquete quiéralo o no, y a algunos les escolingará por el suelo como al pobre pájaro uyuyuí, que renunció a volar porque el choque de sus huevos con las piedras le producía grandes pesares. Desde luego, a la espiritualidad clásica del pudor y el recato le está yendo de la patada.

Lo que no está muy estudiado es la relación entre la masa de entrepierna y el desarrollo del coeficiente de inteligencia, pero estoy dispuesto en mis ratos libres a comenzar una investigación al efecto, dada la curiosidad creciente respecto de las prestaciones del hueso peneano maximizado.

Por otra parte, según los últimos estudios de biometría la nariz es un predictor significativo del tamaño del pene, a más nariz más pene, pobres de los chatos y de los de nasalidad arrugada. Tendrán que hacerse elongar el pinturero apéndice nasal para que el pene sodalicio corra la misma suerte, seguramente habrá rebajas de dos por uno. No quiero ni imaginar lo que le costaría la cosa al nasón Cirano de Bergerac versión Gerard Depardié, que seguramente haría feliz a Cleopatra. Se huelen, se olisquean, y basta, coito ergo sum. Probablemente la empatía con las napias ajenas define el yo, demos tiempo a los científicos para que lo teoricen.

Por lo que hace a los testículos, por los que se juraba echando mano a ellos, el izquierdo cuelga más que el derecho, no porque pese más, sino porque los vasos del cordón del testículo son más largos en el lado izquierdo. De ahí le viene a la izquierda su prestigio con el que presume tanto de progresista. Los testes de los líderes los portan sus testesferros o testesferras con una mano, y con la otra los abanican. Dicen que en estas delicadas cuestiones mucho te quiero, perrito, pero de pan poquito, yo soy virgen y mártir.

Demasiadas marimachos y demasiados machomaris tardíos o trans/tardíos que presumen de posmodernos sin haber pasado por el renacimiento dan forma al patetismo más polícromo. Pero al final vaya usted a saber si las bolas en ascensor suben o bajan, o en lo que dura la subida del ascensor al piso noveno ya ni siquiera sabes qué hacer con tus gónadas rebeldes de género neutro, ya sea neutrón o neutrino. El animal totémico de sexualidad humana apunta hacia el caracol bisexuado, una cosa bastante cómoda que no hará revolverse a Darwin de su tumba.

En todo caso, no deberíamos olvidar que las modas cambian, pero la posmodernidad se ha olvidado de tiempos pretéritos: durante el Renacimiento se consideraba obsceno el sexo, y tener un miembro muy grande era algo de mal gusto. Ahora se ha popularizado la idea de que tener un miembro grande simboliza ser más hombre, el macho alfa, el jefe de la tribu. Pero en esa época, cuanto más pequeño fuese el pene, era mejor. El David de Miguel Ángel tiene un pene muy pequeño en comparación con ese cuerpo musculoso y enorme. Igual vuelve otra vez la moda del pene pequeño o minipene, y todos los que lo tienen grande se gastarán su pasta en adaptarse y reducírselo para mayor regocijo de los cirujanos estéticos, que rompen y rasgan lo que sea en un quítame allá esas pajas.

De todos modos, lo que estamos diciendo no es exclusivo de los órganos más directamente vinculados al principio de placer. Se puede vivir a la eunuca sin testículos y sin pene, como se puede vivir sin brazo. John Dulles se refirió a la pérdida del brazo de Obregón en la batalla de Celaya enfrentando a las tropas de Pancho Villa: “sus hombres buscaban y buscaban la extremidad sin encontrarla, hasta que un amigo sacó del bolsillo una moneda de oro denominada azteca e inmediatamente todos presenciaron un milagro: el brazo se vino saltando de no sé dónde hasta la moneda, se extendió, y la tomó cariñosamente entre los dedos. Fue la única manera de hacer que apareciera el brazo perdido”. Después de todo, la cosa se ha exagerado, el brazo no tenía cura cuando el médico le comunicó: lo siento mucho, pero es cáncer. A veces ocurre y después de tanta presunción pasa lo que pasa.

Hace unos días tocó el “día mundial del sacar la lengua”, que seguramente trajo consigo instrucciones muy precisas sobre cómo aprovecharla para lamer el kukú y sus aledaños antecitados, en lo que sin la más mínima duda rivalizarán no pocos colegas supercompetentes. Falta aún el día mundial del cretino, pero nadie dude de que al paso que vamos va a ser una fiesta importante; yo, por si sirve para algo, estoy difundiendo dentro de mi poquedad el lema ¡okupa tu cerebro desokupado! Ese día sí que Zaratustra tirará cohetes por la humanidad recuperada.

Y, como seguramente se trata de un lema casi imposible de cumplir, en memoria del padre Llanos, me vestiré de gala -sea la de Mortadelo o la de Filemón, pues tengo trajes para cada ocasión- y, presentándome a la Dirección General de Seguridad, proclamaré lacónicamente: “vengo aquí, señores guardias, con mi sonrisa de inútil a que me detengan, pues ya no aguanto más”. Va a ser probablemente mi última patada de ahogado, y luego tranquilamente a la morgue, que para eso está y no es tan mala, ya lo dicen los alemanes, guten Morgen, buenas morgues

El aplauso ajeno más vacía que llena a quien no está lleno. Los otros pueden darnos fama, pero no sentido. Hoy la fama di/fama. Según la Guía del viajero galáctico de Douglas Adam, los habitantes de la galaxia solicitaron al superordenador Pensamiento profundo dar respuesta a la gran pregunta sobre la vida y el universo, pero tras una reflexión de siete millones de años y medio la respuesta fue 42, guarismo cabalístico que conecta el mundo de los números primos con la física cuántica a través de la hipótesis de Riemann, a su vez uno de los grandes problemas sin resolver. No es el sentido antropológico para el sentido matemático, sino a la inversa, toda gran cultura que abarca a un conjunto de pueblos reposa sobre un fenómeno de relación, sobre una respuesta a cada tú.

Seguramente algunos enemigos acérrimos dirán que soy un filósofo descatalogado y que descanse en paz con estos rollos de mi mar muerto, pues no me canso de sacar a pasear al ornitorrinco de mi yo (como el genial Ortega dijo del genial Unamuno); que me calle de una vez, dicen, si no quiero que me partan el pico, pero al menos que lo digan con la gracia de un español tan fino y puñetero como don José Ortega y Gasset: “ah, sí, Menéndez Pidal, Ramón Menéndez Pidal, que es medieval y mediotonto”. Lo lamento por el gran maestro de España a quien tanto admiro, y a quien semejantes maldades no alcanzan, pero yo con una ironía medio inteligente ajena me consideraría la bien pagá.

Pero me parece que me estoy desviando más de la cuenta, sin tiempo para regresar a/penas al pene. Da lo mismo. Si uno no ha perdido el buen humor a estas alturas es que la cosa está definitivamente extinta, arrugada, muerta del todo, la verdad. Sólo quien carga el cajón sabe lo que pesa el muerto.

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