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DESDE ULTRAMAR

Y llega el solsticio de verano

Marcos Marín Amezcua
jueves 20 de junio de 2024, 19:56h

Y mi más ferviente deseo de qué la sola lectura del título le provoque a usted una sensación grata de apacibilidad y calma con sabor a frescura y a petricor, si cabe. Y este 20 de junio llega el verano al hemisferio norte. Debo decir el ansiado verano, mi estación favorita. Y no aspira la presente a ser un panegírico al estío o un enrevesado nomenclátor de sus infinitas cualidades y espléndidas bondades, pero…acaso terminará siéndolo y eso que no nací en ese trimestre del año.

En México, la sequía continua, de manera tal que mi otrora descripción de mis veranos lluviosos a pasto ha pasado al recuerdo o casi, como el tamborileo pluvial por las noches. Ojalá que esto cambie pronto. No me desagradan los días soleados, uno tras otro, pero en mi ambiente eso no era lo normal hace apenas unos cuantos años. Tristemente, y en consecuencia, el agua escasea, peligra y no podemos obviarlo.

Sí, venimos de una primavera candente, tanto en el aspecto climático, como en el político, digamos que canicular y las lluvias no acaban de anunciarse, si bien ya en días recientes las tormentas tropicales han aparecido en los litorales mexicanos. Agua necesaria, pero tal vez no a esos raudales, pues, claro, quisiéramos que no dañasen la infraestructura ni pusieran en riesgo a nuestras vidas. La lluvia de verano es refrescante y así la queremos, prodigando mercedes, en tanto los grillos cada noche musicalizan mi entorno.

El estío, adarga contra la aburrición y la dejadez, siempre me trae magníficos momentos y evocadores recuerdos. El descanso no tiene que ser sinónimo de ociosidad o inutilidad inducida, de estériles resultados. El periodo estival es sinónimo de retozo, de vacación o, de siquiera, ocasión para romper la rutina, que no es poca cosa, si nos queda más tiempo libre del habitual que nos lo permita, ya sin los rigores del invierno y destinándolo a labores y tareas gratificantes, amenas, variadas, edificantes y que emulan nuestros mejores sentimientos más elevados y nos permitan esmerarnos en pulirlos o que posibiliten también reconducir objetivos a partir de una mente más despejada al no saturarse de pendientes que se pueden desahogar con mayor facilidad; y es ocasión para la reflexión en medio del ocio y el descanso, en tanto las jornadas extienden su luz. Como en la mayor parte de México hemos cancelado el horario de verano que rigió por 26 años y nunca acabó de gustar –por lo cual, no lo veo de regreso muy pronto– es verdad que la luz se reduce en relación con el reloj, mas ello no es óbice para desprendernos desenfadadamente de todo lo abstruso. La placidez explaya nuestras mentes y perfecciona nuestros procederes. Así veo al veranillo. Empero, todo lo aludido será siempre alcanzable si prima el solaz esparcimiento. Déselo.

¿Haciendo qué? dedique más tiempo a la lectura placentera, la que se emprende por gusto, que alimenta nuestro ímpetu por el placer de ser, por enriquecer nuestro intelecto en medio de cierto sosiego imperante y aprovechando que lo hay, por deleitarse con una narración o un contenido que nos subyugue, que nos ilustre. ¿Viajar? Sin duda. Desde luego, hay una infinidad de opciones que arropan el verano que en el hemisferio norte corre de junio a septiembre y que nos deja esos verdores, ese frescor cuando hay lluvia y esas tardes que, en mi emplazamiento, tras la lluvia regresaba el sol, el “sol de agua” me dijo una exalumna hace algunos años, siendo una expresión que yo desconocía y es muy afortunada para enunciarlo.

El estío es un tiempo venero para emprender o para concluir aquello que promediando a la mitad del año o hemos pospuesto o, de plano, procrastinado, presentándose la inconmensurable oportunidad de agotarlo. Aprovechemos el tiempo. Que nuestro tránsito estival sea productivo. Una lectura, el aseo de un recoveco o más. Cuando veo esa envolvente luz evanescente al atardecer, esos amaneceres soleados y el soplo del viento relente, mi alegría de acrecienta. Qué dichosos somos de disfrutar la temporada veraniega. Acompáñela degustando una deleitable bebida, consciente de que estamos en verano e incursione en alguna actividad con la cual pudiera descubrirse un regusto oculto hasta ahora. Es válido ser sibaritas. A mi me agrada sobremanera serlo, como buen taureano.

Termino. Alrededor del solsticio de verano, el calendario marca el 21 de junio como el Día Internacional de la Música, si bien algunas otras referencias indican fechas distintas o asignan al 21 de junio como el día europeo de la música. Yo me quedo con la otra y para esta jornada, 21 de junio. Me recuerda aquel ingente esfuerzo del 86 y del 87 en un programa televisado llamado “La Música en la noche del solsticio de verano” que, celebrando la música, vía satélite enlazaba distintos lugares del mundo durando hasta que el satélite diera de sí. Vimos igual un melodioso amanecer en China que una orquesta en las grutas de Cacahuamilpa, en México. Fue como un ensayo de aquella formidable manera de recibir al año 2000 con transmisiones en vivo desde tantos sitios del planeta. ¡Qué grandes producciones fueron aquellas! Mi propuesta para este empalme entre el solsticio de verano y tan magnífica oportunidad es que usted oiga la Toccata de Widor o Noches en los Jardines de España de De Falla, a quien no perdono la omisión de aquellos de los Reales Alcázares o el parque de María Luisa en Sevilla –ambos sitios visitados por servidorito en horarios nocturnos y le aseguro que sí tienen duende– o la deleitosa pieza The Entertainer de Scott Joplin, versionada para El Golpe (The Sting) la afamada peli protagonizada por Paul Newman y Robert Redford, iniciando así el veranillo con un disfrute de órdago o dese usted la oportunidad con otros ejemplos de su preferencia. Anímese. Hay un gran repertorio.

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