Un par de veces al año, el duomo de Siena retira la alfombra que protege y oculta su impresionante pavimento, un gran 'puzle' con decenas imágenes que narran historias, guerras y creencias ancestrales.
Entre el 27 de junio y el 31 de julio y entre el 18 de agosto y el 16 de octubre, los visitantes de la catedral tienen oportunidad de ver el suelo original de mármol multicolor.
Se trata de un momento excepcional pues el pavimento del templo permanece cubierto el resto del año por una tupida tela gris para su protección y solo se exhibe unos pocos días como estos.
"Caminar por encima puede dañarlo y por eso normalmente está cubierto. Ahora lo mostramos también para llevar a cabo alguna pequeña operación de mantenimiento", explica a EFE el rector de este complejo catedralicio y museístico, Giovanni Minnucci
El duomo, erigido en el siglo XIII en estilo gótico-románico, alberga entre sus muros joyas artísticas, frescos, libros u objetos litúrgicos que dan fe del poder que acumuló durante el medievo y el Renacimiento.
Los 1.300 metros cuadrados del pavimiento, en forma de cruz, están divididos en 56 'viñetas' ('Opus sectile') con escenas de batallas, personajes bíblicos o alusiones filosóficas y hasta esotéricas recreadas con piezas encastradas de mármol rojo, blanco, negro o amarillo desde el remoto siglo XIV.
"El pavimento de la catedral es un poco el espejo del Humanismo europeo", sostiene Minnucci en la escalinata que lleva al templo, muy cerca del peldaño en el que, según otra leyenda popular, la santa y mística Catalina de Siena tropezó y se partió dos dientes.
Entre las imágenes desfilan los nombres del Antiguo Testamento: Moisés, su sucesor Josué, el poderoso Sansón, Judit ajusticiando a Holofernes, el profeta Elías o las alegorías de la virtudes teologales.
Pero este "libro de piedra", sostiene el rector, también evoca a la Antigüedad helénica pues tras la caída de Constantinopla en 1453 muchos pensadores orientales huyeron del turco llevando a Occidente las ideas platónicas o aristotélicas, apuntalando el Renacimiento.
Los ecos de Cristianismo se mezclaron entonces con leyendas del mundo grecoromano. Por ejemplo, en el pavimento de Siena aún viven las sibilas, profetisas en cuyos vaticinios alguien intuyó la llegada de Cristo, o Hermes Trismegisto, el poseedor del saber humano.