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Voces en la ardiente oscuridad III

viernes 14 de noviembre de 2008, 22:18h
Se han dicho cosas extremadamente irresponsables y locas en este periodo electoral norteamericano. Pero ninguna de ellas es original. Todas tienen su precedente en la historia del país. Aun los ministros de las iglesias cristianas fundamentalistas de la coalición republicana, con sus declaraciones fulminantes, sus insultos a la iglesia católica (“la prostituta de Babilonia”) son ecos distantes de la Reforma, de la idea que movilizó a los primeros disidentes religiosos de Inglaterra a emigrar al nuevo mundo. La lectura literal de la Biblia, la conversión de cada lector en un agente religioso por encima de una casta de sacerdotes mediadores, esa es la forma –muy distinta a la que se conoce en países católicos—que ha tomado el cristianismo en los EE.UU. Los ministros televangélicos que culpan a los homosexuales o la prostitución por 9/11 o la casi destrucción de Nueva Orleans por un huracán, fueron anticipados y retratados sin piedad por Sinclair Lewis en la novela Elmer Gantry (1927). Por haberla escrito Lewis recibió en el correo una invitación a su propio linchamiento. El milenarismo de la derecha religiosa tampoco es nuevo. Hubo varias olas de un fenómeno llamado “El Gran Despertar” en el siglo xix y también en el xx. Se trata de manifestaciones sociales de fervor religioso y rechazo a la modernidad, comparables con el “Ghost Dance” que afecto a varias comunidades indígenas a finales del siglo xix.

Son temas que flotan en el aire durante esta temporada electoral. Como los fantasmas del asesinato político, imprudentemente invocados por Hillary Clinton en las primarias –y retomados con fervor no velado por algunos seguidores de McCain. La ventaja de Obama, y una explicación posible del entusiasmo que ha generado su candidatura, es que su mensaje enlaza con el de los Padres Fundadores y con el proyecto de la Ilustración que ellos abrazaron. Es la percusión más rítmica y dominante de esta fuga con variaciones. Representa la racionalidad, la confianza en un contrato social basado en los derechos individuales, la separación de iglesia y estado, y en instrumentos de gobierno federales y republicanos. Y representa inequívocamente el fin de un país que suprime su propia historia para no verse como mestizo. El apoyo que recibe de votantes jóvenes y de profesionales se debe al deseo compartido de enterrar por fin la pesada carga de un pasado esclavista vergonzante. Veteranos WASPS (blancos, anglo-sajones y protestantes) del Civil Rights Movement no se cansan de afirmar que el movimiento liderado por Martin Luther King los libero a ellos también. Obama, además, se separo tajantemente del nacionalismo negro. Su exitosa candidatura, apoyada en un mensaje de resolución de diferencias entre etnias (reales o ficticias) y aun entre partidos, puso fuera de servicio, de un solo golpe, a los traficantes del odio y el resentimiento afrocéntrico. Esto lo hace mucho mas atractivo a los votantes negros, que buscan un ganador, no un militante de los años setenta, y también a los blancos, que ven en Obama un salto al futuro.

Sus rivales lo acusan de no ser negro, de ser muy negro, de ser musulmán, de ser socialista, o drogadicto, o terrorista. También de ser femenino en comparación con la “fortaleza testicular” de Hillary Clinton. O de la cazadora y desolladora de renos, Sarah Palin. Según Heráclito, compartimos un mundo cuando estamos despiertos, y cada persona desaparece en su mundo propio cuando duerme. Lo peculiar, intenso y fascinante de estas elecciones presidenciales es que las fronteras entre lo racional y lo irracional, la vigilia y los sueños, se han cruzado en decenas de lugares. Lo cual ha colocado a los EE.UU., temporariamente, en una dimensión mítica. Mucho de lo que esta ocurriendo es inteligible solo si lo pensamos como la enorme puesta en escena de todas las proyecciones históricas y de la imaginación de su sociedad. Lo sublime, lo obsceno y lo perverso mostrando su rostro en la recapitulación de un cuento heroico clásico. La victoria llega al héroe después que ha descifrado el laberinto, degollado a dragones, desoído el canto de las sirenas, evitado los torbellinos del mar. Tal vez haya tenido razón, sin quererlo, el ex presidente Clinton cuando se refirió al surgimiento de Obama como un “cuento de hadas.” Si, en el sentido oscuro y arquetípico de los cuentos de los hermanos Grimm, poblados por lobos feroces disfrazados, enanos y bellas durmientes, sapos que quieren ser príncipes, y el chico que dejo su casa para aprender que es el miedo. Cuando un país esta en trance y conversa con sus fantasmas y sus mitos, hay que prestar atención.
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