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¡No Tienen Arreglo!

sábado 15 de noviembre de 2008, 18:18h
“¡No tienen arreglo!” Así nos barajarán a los argentinos muchos españoles, japoneses, tibetanos o integrantes de otras etnias de cualquier lugar del planeta, tras enterarse de las decisiones trasnochadas de nuestros ocasionales gobernantes. Es que supimos proveernos de gobiernos democráticamente electos que disponían de bandas parapoliciales; de gobiernos militares que operaban como paramilitares; de terrorismos de abajo y de arriba; de una inflación crónica que duró desde 1950 hasta 1991; de picos hiperinflacionarios; de corrupciones y corruptelas; de défaults; de devaluaciones del 400%; de congelamiento de depósitos y de precios; de prohibiciones de comerciar; de impuestos confiscatorios a las exportaciones; y, finalmente, last but not least, del manotazo gubernamental a los fondos de pensiones para hacer frente a gastos corrientes del año que viene. Los argentinos, ¿no tenemos arreglo?

Mi tarea reivindicativa es difícil pero no imposible. Se trata de la misma Argentina que proveyó trigo en los cuarentas ante la hambruna española; que fue castigada por Europa con la prohibición de importación de sus mejores productos, lo que le perjudicó un mejor escape al subdesarrollo; que recibió inyecciones de toneladas de créditos innecesarios en la época de los petrodólares por parte de bancos americanos que nos dejaron aprisionados en deudas tremendas; que sufrió fugas de capitales pavorosas en medio de la globalización (varias veces por crisis turcas o rusas), lo que empujó su insolvencia. Pero más allá de esas quejas, se trata de la misma Argentina de 3 millones de kilómetros cuadrados con 40 millones de habitantes; de otro territorio semejante en su litoral marítimo; de una región norteña conectada a los puertos de aguas profundas del Pacífico, a los yacimientos gasíferos del sur boliviano y al sur brasileño, con casi 80 millones de personas; de una región central que conecta a Santiago de Chile con Córdoba, Rosario, Buenos Aires y Montevideo; de la paradisíaca región sur de la Patagonia.

Pero no escapemos al bulto. El problema es la gente, ¿no? En ese terreno también, además de malas, hay buenas noticias. Es cierto que un grupo muy chiquito, de no más de cinco personas, que pasaron casi todas sus vidas en el pueblito patagónico de Río Gallegos, aislados por el desierto y los vientos, manejan el 75% de los recursos tributarios de la Argentina, doblegando por ese medio a cuanta institución se interpone en su camino. Pero también es cierto que ante una agresión muy fuerte del oficialismo de turno, la oposición, desde el centro derecha hasta el centro izquierda, ha generado una acción en común que es la gran novedad de la política argentina. No siempre en todo el mundo las disputas son ideológicas. A veces son pre-ideológicas, como cuando se debaten cuestiones como la división de poderes, la distribución equitativa de recursos tributarios entre la nación y las provincias, el respeto de los derechos de propiedad y los contratos y las políticas públicas de hambre cero y de calidad educativa. El derrumbe de los muros de la intolerancia, del enfrentamiento ideológico y de los prejuicios, es la gran noticia de una Argentina que, a excepción de su gobierno, dialoga, aprende a respetar la diversidad y adopta posiciones serias, responsables y constructivas para el futuro.
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