La nueva tarde de San Fermín se quedó sin trofeos. Los toros de Domingo Hernández fue un conjunto heterogéneo por sus edades y hechuras, pero tenían un denominador común: la debilidad. Por eso, el primer tercio fue breve, no hubo quites y las varas fueron un trámite.
Alejandro Talavante comenzó dibujando bellos doblones. Arrebato (1º 11/19) embestía con dejadez o, mejor dicho, arremetía con el cansancio propio de un animal desganado. Se doblaba a menudo. Aunque el diestro lo intentó por ambas manos, lo más destacado fueron algunos adornos sin más. La estocada muy suelta y desprendida. Molinito (4º 3/19) fue citado con un lance afarolado. El torero trata de disimular la falta de la fuerza del animal noble: alarga la faena hasta que, finalmente, su contrario se pone a la defensiva.
Daniel Luque lidió con Loquito (2º 10/19) y con las rachas de viento. Situados en los medios, Luque demostró su capacidad de entender y adaptarse a cualquier morlaco: el animal extremadamente débil, fue llevado por muletazos “diseñados” para él con tal esmero que pareció un toro bueno, cuando en realidad fue un ejemplar infumable. La estocada dejó la obra sin trofeos: salió por el costado, es decir, hizo guardia. Ostentoso (5º4/20) fue un toro enrevesado, con malas ideas. Añadimos a esto sus casi 600 kilos y un velamen de enorme anchura y tenemos una faena de coraje y mucha cabeza por parte de Luque. Quizá aquí está su diferencia principal con el toreo de Roca Rey: Luque no escoge las reses a su gusto y, aún así, sabe encontrar la faena para todas ellas. Luque buscaba alargarle las embestidas, pero pronto el morlaco, se cansó y comenzó a ser un toro mirón, con ganas de pescar al torero en cualquier pase. La lucha fue larga y sin tregua. Luque la acabó con un desplante en la misma testuz, pero la espada de nuevo le privó de trofeos.
Juan Ortega estuvo voluntarioso a pesar de que sus contrarios estaban lejos de ser un dechado de virtudes. Es de destacar que acertó con la espada dejando al segundo intento dos estocadas hasta las cinchas. Genovés (3º1/20) tuvo una querencia invencible hacia las tablas: o no embestía, obligando a Ortega buscar la colocación de nuevo, o rehuía la pelea. Algunas series de tres pases fue lo más logrado de esta actuación. Lunático (6º 2/20) gazapeaba, se negaba a embestir por completo. Ortega quiso imponerle su visión del toreo profundo, pero el burel no entendía estas razones: enganchaba, desarmaba cada dos por tres, Ortega insiste.