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CRÓNICA TAURINA

Toros flojos en la quinta de Santander

Toros flojos en la quinta de Santander
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(Foto: EFE)
jueves 25 de julio de 2024, 08:11h
Actualizado el: 26/07/2024 08:53h

Los toros de El Pilar han quitado mucha importancia a la obra de los diestros. Dóciles a más no poder, bellos de estampa, pero muchos fueron débiles y otros cuantos flojos de remos. Los tercios de varas muy medidos, apenas se le puede llamar un tercio en su plenitud. Las cuadrillas han sido hábiles y sumamente eficaces con los garapullos en las manos.

José María Manzanares estuvo presente en el coso. ¿Ha hecho algo? Es una cuestión algo complicada, dado que lleva ya varias temporadas quejándose del ganado que él mismo aprueba. No torea cualquier cosa, sin embargo, lo hace rematadamente mal. Su primero, el flojo Potrico (1º3/20), quedó derrumbado totalmente por unos muletazos destemplados. Canastero (4º3/20), con más aguante, acabó de igual manera. Mucha distancia, poco ajuste a los contrarios. Los hierros puestos a la buena de Dios.

El primer Niñito (2º nº142 3/20) de los tres salió para Alejandro Talavante. El diestro afinó la casta y las muñecas con el capote, pero la faena no tenía brío: el animal anduvo sin fuerza, resentido de una mano. Su segundo Niñito (5º nº137 4/20) hizo posible una obra hermosa: el toro embestía con templanza por ambos pitones, ni por un momento se le ha pasado por la cabeza ninguna maldad. Talavante aprovechó sus condiciones creando una faena repleta de adornos y largas tandas. Un pinchazo y una estocada delantera.

Tomás Rufo remató al tercer Niñito (3º nº25 3/20) con una contundente estocada. Paseó una oreja por la faena curiosa, muy esforzada, pero hecha para otro toro. La primera serie de rodillas por redondos puso a los tendidos de pie. Engarzó un sin número de otras tandas largas y contundentes, que dejaban entrever un único y muy leve desajuste: el empeño en imponer al toro la manera de embestir. Busconito (6º 4/20) fue recibido con una larga cambiada. Este ejemplar arremetió con toda su alma a la montura recordando que el tercio de varas no es un mero trámite. La faena seguía lo marcado por las modas: los estatuarios, pases cambiados, otros alardes en la cara del toro bueno. El peligro se asomó al albero a la hora de la verdad: Rufo entró a matar con tal derechura que recibió un pitonazo en el abdomen y fue encunado, es decir, recibió el golpe de la testuz salvándose milagrosamente de daños mayores. Dos orejas.
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