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LIBROS

Paso ligero: una radiografía cronológica del aforismo en castellano de los dos últimos siglos

Javier Mateo Hidalgo
martes 30 de julio de 2024, 10:06h
Paso ligero : una radiografía cronológica del aforismo en castellano de los dos últimos siglos
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En el prefacio de su mítica novela El retrato de Dorian Gray (1890), puede leerse la memorable frase de Oscar Wilde que dice: “Todo arte es completamente inútil”. Seguramente, por su carácter redondo, Ramón Eder diría de ella que hay algo que “no cuadra”. Convence y no convence a partes iguales, del mismo modo que esta otra acuñada por Jean Cocteau en su discurso de ingreso en la Academia Francesa (1955): “Yo sé que la poesía es indispensable, pero no sé para qué”. Desde su faceta como literatos, dandis y bon vivants, Wilde y Cocteau valoraban el arte literario tanto por su apariencia como por su contenido. En definitiva, apreciaban la “estética” en su sentido etimológico de estesis o aisthesis, siendo contrario a a aisthesis (“anestesia”). Lo que no adormece porque mantiene despierto, activando la capacidad de reacción mental o percepción. En una palabra, por estimular el pensamiento, la conciencia crítica. La poética posee esa capacidad, siendo tal vez la derivación aforística aquella que mejor concilia poesía y pensamiento en su significado más filosófico y humanístico.

No obstante, cultivar el aforismo supone un reto para cualquier creador, pues ha de contar con una serie de exigentes ingredientes. Los principales serán la brevedad y condensación a la hora de expresar una idea, buscando su acierto y brillo. Sin duda, las ideas felices asaltan de forma cotidiana a quienes se dedican a pensar para la posterior creación. Tal es el estado en el que se encuentran, siempre receptivos a esos destellos de lucidez que sirvan en conjunto como fuegos de artificio de un gran trabajo. Un compendio de buenas ideas puede dar lugar a un ensayo, un poemario, un guion, una novela o una pieza teatral. Lo difícil es aglutinarlas, si bien es preferible una única idea “única” a un conjunto de ideas que, por separado, no iluminen tanto aunque sumado generen un buen resultado. La capacidad de síntesis será también señal de madurez, como bien explicó Jorge Luis Borges durante la entrevista concedida a Joaquín Soler Serrano en A fondo (1976): “Pienso en expresar lo que yo quiero decir y trato de hacerlo del modo más sencillo posible. Cuando empecé a escribir, era un joven barroco, como todos los jóvenes lo son por timidez. El escritor joven sabe que lo que dice no tiene mucho valor y quiere esconderlo […]. Ahora [busco] simplemente expresar lo que quiero y trato de hacerlo con las palabras habituales, porque solo las palabras que pertenecen al idioma oral son las que tienen eficacia. […] Yo creo que lo barroco se interpone entre el escritor y el lector. Podría decirse que lo barroco tiene un pecado de vanidad”.

El aforismo, concebido como enunciado sentencioso de tipo práctico y aleccionador, ha sido cultivado a lo largo de la Historia en las diferentes culturas. Desde la Edad Antigua, pasando por las frases populares anónimas que incluyen refranes, dichos y sentencias, a libros como el Antiguo Testamento u obras escritas en Grecia y Roma. La iglesia lo cultivará en la Baja Edad Media como elemento doctrinal. Incluso en España estará presente, donde siempre hemos sido tan propensos al empleo generoso del lenguaje. Nuestra gramática nos lleva a emplear frases extensas para expresar una idea, mientras que otros idiomas, como el inglés, resultan mucho más sintéticos en el uso de palabras. A pesar de lo paradójico del asunto —la paradoja, elemento también crucial en el aforismo—, nuestra cultura se ha caracterizado por el empleo del ingenio, algo fundamental en el cultivo de este género. En concreto, Baltasar Gracián fue uno de sus mejores representantes, acuñando uno de los aforismos por excelencia: “Lo bueno, si breve, dos veces bueno”. La frase forma parte de una colección de sentencias breves y doctrinales publicadas en la obra Oráculo manual y arte de la prudencia (1647).

Casi 600 años después, el aforismo continúa más vivo que nunca, manteniendo su esencia aunque metamorfoseando su forma con las exigencias de los nuevos tiempos. El mundo, expuesto cada vez a un mayor número de cambios en un menor tiempo, parece facilitar la expresión y recepción de ideas breves a través de las distintas redes sociales —sin ir más lejos, la hasta hace poco conocida como Twitter, cuyos tweets tienen un límite de 280 caracteres—.

Para comprender esa evolución y vigencia, ve la luz una obra que, a buen seguro, se convertirá en un clásico: Paso ligero. La tradición de la brevedad en castellano (siglos XX y XXI). Publicada en el excelente sello editorial de La isla de Siltolá, tendrá como su artífice al poeta, crítico literario y profesor abulense José Luis Morante, responsable de la edición, selección y prólogo. Se trata de una ambiciosa obra cuya lectura da cuenta de la complejidad de su elaboración. El texto previo elaborado por Morante supone un ensayo en sí, un libro aparte —187 páginas en total, nada más y nada menos— donde se traza un certero recorrido en torno al aforismo en su concepción universal, histórica y geográfica, centrándose finalmente en el caso español y en su evolución a lo largo de los dos últimos siglos. Así, Morante analizará a cada uno de los escritores seleccionados en esta antología, tanto biográfica como estilísticamente, poniendo especial atención en su personalidad aforística. Y lo hará buscando enseñar y deleitar, pues el propio lenguaje empleado será en sí un ejercicio estilístico que hará las delicias del lector refinado y erudito. Ello no quiere decir que cualquier interesado en el volumen no pueda acceder a él del mismo modo, al contrario. Como decimos, la función primera del libro será la divulgadora, volviéndolo plenamente accesible. Y no sólo en el prólogo, sino también en el segundo apartado correspondiente a la selección de los textos, en el que las notas al pie del autor de la edición arrojarán más luz si cabe a la selección aforística.

La originalidad de este título será doble, pues hará alusión tanto a la brevedad o rapidez que se espera del aforismo como a la propia expresión militar con la que desfilarán prestamente los soldados. Ese “paso ligero” podríamos a su vez asociarlo al término “vanguardia”, que tan bien puede definir al espíritu de los aforismos y aforistas seleccionados; recordemos que la palabra procede de la expresión francesa avant-garde con la que se denominó a aquellos movimientos más adelantados del nuevo arte de principios del s. XX, asociándolos a esa primera fila de soldados que avanzaba por delante de las demás en los conflictos bélicos. La avanzadilla de literatos españoles que recorrerá Paso ligero supondrá en sí una radiografía cronológica certera del aforismo ibérico. El mérito del libro estará también en la extracción de los fragmentos aforísticos, que no figurarán únicamente en libros específicamente dedicados al aforismo, sino en otros pertenecientes a diversos géneros como el diario, la novela, el ensayo o la poesía. Supone por tanto esta selección una labor indagatoria compleja. Como el propio Morante explica, a modo de justificación: “De manera sintética, el término ‘paremia’ abarca la versatilidad de cualquier enunciado breve y sentencioso y su desplegada tipología, en la que casi no es posible establecer cotos conceptuales cerrados. El acercamiento al aforismo como género exige una metodología indagatoria basada en criterios de análisis claros”. El autor posee un bagaje amplio en la materia en calidad de estudioso y creador. Como ejemplo, el volumen 11 Aforistas a contrapié (2020), el número 4 de la Revista cultural 142 “El decir breve: tiempo de aforismos” (2020), la colección de aforismos propios Migas de voz (2021) —término con el que enriquece el inventario lexicográfico—, o Planos cortos. Aforismos y cine (2021).

Los autores escogidos en Paso ligero —un total de 27— quedan encuadrados dentro de un panorama histórico dividido en tres grandes bloques. Se inicia el trayecto con la Edad de Plata, abarcando de la Generación del 98 a la del 27. En los aforismos de Miguel de Unamuno se observa la contraposición entre razón y fe, el acercamiento al sentido de la vida, la relación entre poesía y filosofía (“Poeta y filósofo son hermanos gemelos, si es que no son la misma cosa”), la razón y lo irracional o la idea y el pensamiento. De su escritura fragmentada dice Morante que se advierte “un desplazamiento en zigzag, reflejo del ánimo convulso”. En los extractos filosóficos escogidos de Antonio Machado tienen especial relevancia los heterónimos Abel Martín y Juan de Mairena, personajes a los que atribuye las sentencias expuestas. Su magisterio proviene del afán pedagógico del que hacen gala como profesores: “Que podáis repetirme lo que aprendemos en clase como si lo hubiéramos aprendido en la calle”. Los aforismos de Juan Ramón Jiménez destacan primero por su ortografía —convertida en señal estilística del autor— y después por el interés en cuestiones como lo genuino en la creación, la búsqueda de la coherencia por parte del individuo o el arte como personalidad del autor: “Orden en lo esterior, inquietud en el espíritu”. De Ramón Gómez de la Serna sobresale el humor, la ternura y las conexiones insólitas de sus greguerías (“El alma sale del cuerpo como si fuese la camisa interior a la que le llegó el día de lavado”). En Enrique Jardiel Poncela, el aforismo unirá lo humorístico a lo crítico, escéptico y acerado (“Si buscáis los máximos elogios moríos”, dice su epitafio). Con José Bergamín, hay una inspiración en la sabiduría popular, que recrea y trastoca buscando nuevos significados a cuestiones universales (“No sólo de pan vive el hombre; ni de viento el molino”).

En el segundo apartado, dedicado a las épocas de la República y la Guerra Civil, se escogen aforismos de Juan Gil-Albert y Miguel Hernández. Los pertenecientes al primero, dice Morante, “dejan en voz alta una visión del mundo y los valores absolutos de una personalidad que alternó en su biografía un amplio abanico de contraluces” (“Aceptemos, pero protestando”). Del segundo, se hacen presentes las sensaciones de la vida sencilla y la contemplación del medio natural (“Cuando amo canto, cuando beso callo, como los ruiseñores”).

Continúa la selección de Paso ligero con el periodo de posguerra y Dictadura. Ramón J. Sender inicia la lista de aforistas, destacando en sus reflexiones un existencialismo temporal y vital, la política, los absolutos o la integridad (“La vida es una aventura peligrosa de la que nadie sale vivo”). Max Aub ahonda en sus aforismos sobre la condición humana en relación con la fe, la política o el arte —de este último expone sus teorías a través de su artista inventado Josep Torres Campalans: “Arte es creación, no reproducción. El arte no es vida, sino muerte que produce vida. Reproducción es vida que produce vida, no necesita más que artesanos”—. Juan Eduardo Cirlot destaca por sus sentencias de índole metafísico: “La vida: una música que crea esculturas que, por seguir siendo música, se desarrollan, culminan, cambian, decaen, cesan”. Cristóbal Serra se presenta como una suerte de escritor eremita cuya obra es, según Morante, “inclasificable”: “fusiona aspectos filosóficos, rastros de observación de la naturaleza y enlaces con la Biblia y la filosofía de los maestros orientales y del pensamiento sentencioso de Ramón Llull, cuyo universo intelectivo se aplica en recrear” (“La rutina no solo es el sustrato de nuestras vidas. Es también el viento que hincha la vela de la imaginación. Muchas vidas de hombres imaginativos fueron rutinarias”). La escritura aforística de Carlos Edmundo de Ory resulta una suerte de mezcolanza vanguardista entre las greguerías de Ramón y otros “ismos” europeos como el dadaísmo o el surrealismo (“Con mis manos llenas de curiosidad, toco el insecto de lo desconocido”). La aforística se vuelve mistérica en Ángel Crespo (“Temo a las palabras que digo porque sé que me acercan a lo que no seré capaz de decir”), mientras que en Vicente Núñez se acerca a los sofismas (“En la ignorancia de los otros descubro mi sabiduría”). Rafael Sánchez Ferlosio se vale de los aforismos —los llama pecios— para sus siempre personalísimas y polémicas apreciaciones en su Campo de retamas (2015): “Tengo demasiado sentido del ridículo para querer acordarme de los años de mi juventud”. Dionisia García idea libros específicos de aforismos como Ideario de Otoño (1994) o El caracol dorado (2011): “El desafío del hombre: querer perdurar siendo tan frágil”. Las “breverías” de Rafael Pérez Estrada se hacen deudoras de las greguerías de Ramón (“El incienso es el desodorante de la religión”).

Concluye la selección del volumen con Transición y democracia. Será en la segunda promoción de los setenta, como bien explica Morante, cuando en la obra de estos creadores nacidos en torno a 1950 se perciba “una inclinación por la escritura fragmentaria, casi siempre asociada a la etapa de madurez del escritor”. A éstos y a los que vendrán después va dedicada la selección. Además de coordinar la antología Aforismos contantes y sonantes (2016) y Aforismos y charlas de café de Santiago Ramón y Cajal (2016), Manuel Neila es autor de aforismos que indagan en torno a la existencia y condición humana (“Pensar por cuenta propia es pensar a la intemperie. Al margen de la comunidad académica y al socaire de la comunidad civil”). Ramón Eder puede considerarse, de los escritores escogidos en el libro, el que más concienzudamente se ha dedicado a labrar el “género hiperbreve”, escribiendo aforismos exclusivamente desde 1999. Sobresale por el uso del humor irónico (“Lo contrario de suicidarse es llevar una doble vida”). Sorprende en Fernando Menéndez el estilo aforístico especialmente depurado por sintético (“Nada se resuelve, todo se desplaza”). Afirma Morante que, para Carmen Canet, “el aforismo es un golpe de luz, un punto diminuto y luminoso en un rincón de sombras”. Para la citada autora, deben tener “una dosis necesaria para dialogar, ser esos instantes terapéuticos de carga amable, elegante, irónica y comprometida” (“El aforismo cuando te atrapa es una liberación”). Morante asegura que los aforismos de León Molina funcionan como “breves esquejes del pensamiento, certeros y emotivos, en los que se define una realidad fragmentaria, que multiplica registros y argumentos” (“En un mundo lleno de respuestas, moderación en las preguntas”). Los aforismos de Benjamín Prado son capaces de abonar en su brevedad todo un campo para el pensamiento (“De todas las cosas que te pueden pasar en la vida, que no te pase nada es la peor”). Como estudioso del género, Javier Sánchez Menéndez cuenta en su haber con el ensayo Para una teoría del aforismo (2020), mientras que en su “escritura fragmentada” tiende, según Morante, “al destello, un aliento de voz que se desviste para que aflore lo profundo de ser, el verdadero calado de lo humano” (“La madurez poética comienza cuando vuelves a la infancia”). En Juan Varo Zafra, llama la atención la variedad de su extensión aforística, siendo escueta en unos casos y amplía en otros (“Se levanta muy temprano para no hacer nada durante más tiempo”). Finalmente, Erika Martínez propone unos aforismos que viajan, según Morante, “con equipaje liviano”, siendo “claros y directos, exentos de imposturas” (“Una autobiografía es un escondite muy sofisticado”).

Más allá de la antología expuesta, habrá muchos más nombres estudiados por Morante en su prólogo, así como etapas como la que vendrá después y en la que nos encontramos inmersos. Denominada muy acertadamente por el autor como “la polis digital”, este s. XXI se plantea prometedor para la continuidad evolutiva del aforismo. De momento, nos conformamos con este prodigioso libro del abulense, que supondrá la delicia de todos aquellos que se acerquen al género. Se sorprenderán de la capacidad sugestiva del mismo y, quien sabe… Puede que acaben contagiados de su naturaleza inspiradora y se conviertan también en escritores de lo breve.

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