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TRIBUNA

Ser reconocido

jueves 08 de agosto de 2024, 18:09h

La búsqueda de la gloria, que muchos consideran la mayor garantía de que el hombre es hombre, en realidad y en estos tiempos que corren, no es más que su mayor bajeza. Gentes que llevan toda la vida o trabajando por cuenta ajena o directamente siendo funcionarios desean pasar a la posteridad, y como les es absolutamente imposible, se esmeran en destruir con sus odios no precisamente sibilinos a los que muestran cierta libertad en sus vidas. La sociedad sueña con ser reconocida. Pero cómo, si te dedicaste a traer hijos al mundo, salvo que tu única meta fuera ser reconocido por ellos, sobre todo cuando les concedas la herencia.

De todas formas, el hombre, tantas veces, no está contento ni accediendo al máximo número de privilegios que llega a alcanzar a lo largo de su vida. Por eso los presidentes de gobierno, aunque hayan gastado todo el narcisismo posible y ganado el dinero que no habrían conseguido en siete vidas, acaban participando en el programa de máxima audiencia de la televisión como escribiendo un libro contando sus memorias que sus feligreses se ven obligados a leer. Porque escribir aún se considera algo sobresaliente. Sobre todo, si no escribes.

Debe ser terrible dedicarte a lo que no quieres por un sueldo suficiente. Y que con ese dinero y esa hipoteca te resistas a cumplir tu sueño. Porque… ¿cuál es el sueño del hombre? ¿Acaso pasar por esta vida de puntillas? ¿O no sería mejor tocar el cielo con nuestras manos, siempre que el cielo no sea una bonoloto?

El hombre, en resumidas cuentas, quiere ser admirado mientras se suscribe a medios, lee bestsellers y paga por Netflix. El mismo hombre que viajó a la Luna y que ahora para ir a la playa, se estudia el pronóstico del tiempo catorce veces al día mientras decora, como la totalidad de la población, con muebles comprados en el Ikea. Por cierto, la playa: ese lugar insólitamente caliente donde vamos a sudar y hacernos fotos sudando o embadurnados en cremas, siempre creyentes de que o el pezón o el abdominal mejoraran la imagen.

Andy Warhol ya lo predijo el siglo pasado mientras nos estafaba con sus cuadros mejorables: “En el futuro todo el mundo será famoso durante quince minutos”. Y llevaba parte de razón. Porque ahora uno se cree famoso si le han dado 56 likes en Instagram. Porque la grandez del hombre, antaño, fue la búsqueda de la gloria, hoy de la gloria efímera de los quince minutos, donde en realidad sólo te siguieron tus amigos y familiares. Como beber tintos de cien euros en Navidad para a diario engullir sólo basura.

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