El suelo del salón rojo del Palacio de Viana, cubierto con una alfombra llegada de la Real Fábrica de tapices, apenas recoge los pasos precipitados de un hombre, el Ministro de Exteriores, José Manuel Albares, que llegó al cargo el 12 de julio del 2021, tras la destitución impuesta a Pedro Sánchez por el amigo marroquí, de su antecesora, Arancha González Laya.
Albares llegó a Viana tras su paso por las Embajadas de Francia y Mónaco y por la Secretaria General de Asuntos Internacionales, Unión Europea, G20 y Seguridad Global. Tal vez por eso, cuando atraviesa el salón Rojo del Palacio, su residencia oficial, mira con un poco de desdén a las dos bibliotecas que en su día fueron de Godoy, aquel Príncipe de la Paz que coqueteo con Napoleón. Quizás también por su condición de hombre de confianza de Pedro Sánchez, es capaz de no acompañar al Rey en sus viajes internacionales, como ha ocurrido con la toma de posesión del Presidente de la República Dominicana, a cuya capital, Santo Domingo, Felipe VI haya viajado sin lo que, en lenguaje diplomático se denomina “Ministro de Jornada”, hecho que siempre ha desempeñado el titular de Exteriores, a no ser por un acontecimiento de fuerza mayor, el puesto era ocupado por el titular de otro ministerio.
Como hemos dicho, Albares es el máximo responsable del Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación y como tal, planifica y ejecuta la política exterior del Estado y coordina la Acción Exterior y el Servicio Exterior del Estado. Asimismo de conformidad con la Constitución y las leyes, representa a España en todos los actos de celebración de tratados internacionales, incluida la manifestación del consentimiento de España en obligarse por los mismos. Igualmente es también el responsable de la dirección de la política de cooperación internacional para el desarrollo y coordinación de los órganos de la Administración General del Estado que, en el ámbito de sus competencias, realicen actuaciones en esta materia con observancia del principio de unidad de acción en el exterior. En materia de tratados internacionales, el Ministro de Asuntos Exteriores posee plenos poderes para representar al país, negociar, adoptar y autenticar tratados, así como para manifestar el consentimiento de España en obligarse a ellos. En este sentido, es el encargado de nombrar a los representantes de España para la ejecución de cualquier acto internacional relativo a un tratado internacional. Todo esto tiene su origen en el Real Decreto de 30 de noviembre de 1714 que dividió el Despacho Universal por Materias, confiriéndole a este lo relativo a las relaciones internacionales.
Todo esto es Albares, de 52 años, que pasea por el Palacio de Viana esperando las órdenes que lleguen del otro, del de Moncloa, porque según él, y así debería ser “la política exterior del gobierno la marca el Presidente y el Ministro de Exteriores”, expresión que utiliza cada vez que sus socios de gobierno hacen de su capa un sayo y le dejan a la altura de las antiguas caballerizas del palacio de Viana, donde por su salones, dicen algunos, se oyen de vez en cuando las risas y los comentarios de titulares de exteriores, algunos ya en la otra vida como Martín Artajo, Castiella o Areilza, u otros aún en este mundo, como Solana, Margallo o incluso Trinidad Jiménez y Moratinos, lo cual tiene tela, lo digo por los dos últimos.
Es inaudito que el rey viaje solo y las 7.500 personas que forman el Servicio Exterior del Estado, se pregunten el porqué de esta situación, como no entienden las últimas declaraciones del Ministro sobre las elecciones en Venezuela, en las que ha respaldado la labor de Zapatero en el proceso, aunque eso sí inmediatamente ha dicho que “España ha mantenido una posición de compromiso con la democracia”.
Menos mal que el Palacio de Viana seguirá, ya que es propiedad del Estado tras la venta que a mediados de los cuarenta hicieron sus entonces propietarios, los marqueses de Viana, al Ministerio de Asuntos Exteriores, y que por su salón rojo pasearan otros ministros, más válidos, que no balidos, que Albares.