Le sesión de apertura estuvo encabezada por el presidente de la Fundación Ortega y Gasset y editor de EL IMPARCIAL, José Varela Ortega, quien hizo un introducción del fenómeno, destacando que, a la hora de analizar el terrorismo, es importante “escoger adecuadamente las preposiciones”. El historiador puntualizó que, cuando hablamos del atentado del 11 de marzo, no debemos tanto preguntarnos “por qué”, sino “para qué”. Además, quiso recordar que, si bien el salafismo yihadista representa una amenaza global sin precedentes, el terrorismo es ya un viejo conocido de las sociedades occidentales desde la Revolución Francesa.

El acto continuó con unas breves palabras del vicepresidente del Real Instituto Elcano, Antonio de Oyarzábal, así como del embajador de Estados Unidos en España, Eduardo Aguirre, quien subrayó que el terrorismo representa una amenaza para todos y que, por lo tanto, “exige una respuesta internacional”. Después se dio paso a la ponencia de Fernando Reinares, figura de reconocimiento mundial en materia de terrorismo. El profesor precisó el titulo del seminario, justificando el uso del término islamista y no islámico, puesto que el terrorismo es de naturaleza político-ideológica más que religiosa. Reinares quiso zanjar las especulaciones que apuntan que, tras los atentados del 11 de septiembre, Al Qaeda ha sufrido un proceso de disgregación hasta quedar reducida a un mero movimiento ideológico “amorfo” del que son partícipes multitud de células autónomas. El ponente subrayó que “Al Qaeda continúa existiendo”, aunque su estructura se ha modificado, dando paso a un “fenómeno polimorfo” que representa una “amenaza diversificada”.
Son cuatro los puntos de los que parte esta amenaza, según Reinares. Por un lado, se encuentra el “santuario” de Al Qaeda, enclavado en las zonas tribales de Pakistán, junto a la frontera con Afganistán. Es aquí donde se encuentra el “núcleo” de la organización. Además, están las “extensiones territoriales” que la organización tiene repartidas por todo el mundo. Un tercer grupo es el que conforman las organizaciones “asociadas o vinculadas” a Al Qaeda, de naturaleza numerosa heterogénea. Y, por último, existe un riesgo encarnado por “individuos y células independientes” que se han autoconstituido y cuya capacidad de maniobra es más “limitada” que en los anteriores casos.

Asimismo, Reinares quiso desmontar el mito de que los atentados de Madrid fueran perpetrados por un grupo de “moritos de Lavapiés”. El experto destacó que algunos de los actores implicados en el 11-M pertenecían a la célula española de Al Qaeda desde que esta fue fundada en los años 90. Estos individuos mantenían lazos con la célula terrorista de Hamburgo, responsable del 11-S y a la que pertenecía Mohamed Atta. Se trataba, por tanto de un grupo perfectamente organizado, y no de una célula independiente, como algunos medios han señalado.
Insistiendo en el 11-M, Reinares señaló que “la investigación judicial no ha concluido, tiene que continuar, pero no en el sentido que algunos piensan”. El profesor afirmó que le “duele mucho” que fuera de España se tenga la visión de que nuestro país cedió al chantaje terrorista al forzar un cambio de gobierno que sacara las tropas de Irak tras los atentados. “La sociedad española no claudicó ante los terroristas”, aseguró Reinares, quien destacó que Zapatero anunció su decisión de salir de Irak si era presidente en febrero de 2003, más de un año antes de las elecciones. Sin embargo, “los socialistas nunca hablaron de abandonar Afganistán, como exigía Al Qaeda”. En este sentido, Reinares entiende que salir de Irak era un promesa electoral que no podía cancelarse, aunque lamentó que se hiciera “solo cinco semanas después de los atentados, porque se estableció un nexo de causalidad que ha perjudicado gravemente a la imagen de España”.
La segunda ponencia se centró en el terrorismo islamista a través del Mediterráneo, adoptando una perspectiva diferente que analizaba el fenómeno desde Turquía hasta Israel, subrayando la amenaza que supone para estos países.