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TOROS

Cuenca: el toreo fino

Cuenca: el toreo fino
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(Foto: Efe)
domingo 25 de agosto de 2024, 09:39h

La plaza de Cuenca lucía llena, bella y animada. Daniel Luque se enfrentaba con el enésimo mano a mano de esta temporada. Hoy tocaba Emilio de Justo. Dos toreros ganaron a pulso su sitio en los carteles. Dos se enfrentaron con graves heridas. Y lo superaron todo. La discusión sobre quién pueda gustar más o menos es un asunto de inútiles tertulias de café. Luque, De Justo, Jiménez, Galván y otros toreros son los pilares del arte taurino, que no van por los caminos fáciles del toreo con animales menguados. Descastados. Los seis de hoy tenían su genio. Y su belleza. Unos toros compactos, que no chicos, un cúmulo de músculo e instinto, se removían por el redondel a su gusto y según su voluntad. Provenían de dos hierros, pero de un solo encaste: Sª Coloma. Dos derribos y medio a los varilargueros hablan por sí mismos. Ni uno abrió la boca durante la lidia. Las cuadrillas se la jugaron. Destacamos los pares de Iván García y de El Algabeño, pero no nos olvidemos de los demás que han puesto lo suyo a pesar de los apuros. Los diestros se adornaron con los capotes, aunque no llegaron a enfrentarse en los quites. La presidencia estuvo severa, pero cumplió. El público distraído, dejó pasar unas faenas preciosas sin entusiasmarse. La tarde de buenas estocadas.

Lo único que se le puede achacar a Daniel Luque es su capacidad mágica de transformar a un marrajo en un toro boyante. Ahí está la capacidad casi inexplicable para ahormar y dominar a cualquier encaste. Su primer contrario, Castillejo (1º Rehuelga 2/19), tenía su genio para embestir: iba derecho, ciñéndose y dudando a veces entre el bulto y el engaño. La faena de mucho ajuste, de mucha finura: el remate de primera serie sacando al toro por un lado y citándolo por el revés de la muleta sin enmendarse queda imborrable en la memoria de cualquier aficionado. Una oreja. Remolón (3º Pallarés 10/19) desbarajustó el tercio de banderillas y llegó a la muleta haciendo retumbar en la plaza silenciosa el son del peligro ensordecedor: avispado, acudía al toque sin avisar, buscaba al diestro en cada embroque sin diferenciar las manos. Luque aguantó todo. Bolero (5º Pallarés 12/19) amenazó con arremeter contra el picador que guardaba la puerta, pero el aguante y valentía de Jesús Arruga quien aguantó sin moverse ni un ápice evitó los capotazos perniciosos. Esta faena fue una síntesis del toreo: dominio llegó con los ayudados flexionados, el mando con los pases por ambas manos, la sutileza con no dejarle al bicho enganchar ni una sola vez. El toro iba a menos, seguía desganado a la pañosa y aquí llegó el toque con el pico de la muleta para avivar sus instintos de bravo. Otra oreja abrió la puerta grande, aunque muchos se dieron cuenta que el matador merecía algo más.

Emilio de Justo también aquilató su esfuerzo y su estilo. Se ganó la puerta grande. Matarrojo (2º Rehuelga 11/20) estuvo a punto de lesionarse al clavar el pitón en el albero. La faena de series breves, con un toro móvil y una estocada contundente valieron un trofeo. Patillero (4º Pallarés 3/20), un carifosco hecho una pintura, iba por la plaza sin atender los engaños. Desestibó al picador y ha hecho una faena imposible. De Justo abrevió con buen criterio. Granadito II (6º Pallarés 11/19) tuvo otra actitud. Cambió mucho del primer tercio hasta llegar a la flamígera: dejó al diestro lucirse con los pases de pecho infinitos, aunque se iba apagando el matador supo mantener su celo con un toque constante y así alargar la embestida para redondear la obra. Dos orejas.

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