La organización terrorista Hizbulá controla el sur del Líbano y es el árbitro de la vida política del país. Dispone de miles de hombres entrenados y armados gracias a la República Islámica de Irán, a cuyas órdenes está. Cuenta con cohetes, misiles y drones facilitados por Teherán. Su líder, Hassan Nasrala, obedece directamente al régimen de los ayatolás. Es Irán quien decide que hace Hizbulá.
La noche del sábado 24 al domingo 25 de agosto Hizbulá de disponía a lanzar un ataque masivo contra Israel, a quien viene hostigando desde octubre del año pasado prácticamente a diario mediante el lanzamiento de cohetes, misiles y bombas incendiarias. La zona limítrofe entre Israel y El Líbano ha tenido que evacuarse en previsión de otro ataque como el que perpetraron los terroristas de Hamás el pasado 7 de octubre. Más de 60 000 personas han tenido que abandonar sus casas. En Haifa, en Tel Aviv y en otras ciudades los bombardeos de Hizbulá condicionan la vida diaria de los ciudadanos. Dependiendo del lugar, tienen entre medio minuto y un minuto y medio para ir a los refugios cuando suenan las alarmas antiaéreas.
Por lo general, tratando de superar la capacidad de interceptación del sistema de defensa israelí, Hizbulá lanza andanadas de cohetes y misiles de distintos niveles de precisión de modo que asume el riesgo de alcanzar objetivos civiles o, en algunos casos, directamente lo pretende. Hace pocos días, por ejemplo, el grupo terrorista bombardeó un campo de fútbol en el pueblo druso de Majdal Shams, en el Golán, y mataron a doce niños. Hirieron a otros 30. El ataque del sábado se dirigía contra instalaciones militares estratégicas en la zona central de Israel, así como contra poblaciones del norte y el centro del país.
Desde el 8 de octubre de 2023, Hizbulá la lanzado más de 6 700 cohetes y misiles contra el norte de Israel. El del domingo hubiera sido el mayor ataque de todos. Sin embargo, la inteligencia israelí detectó los preparativos y más de cien cazas de la fuerza aérea destruyeron la mayor parte de las lanzaderas de cohetes, misiles y drones antes de que Hizbulá pudiese lanzarlos. Los terroristas alcanzaron a lanzar 320 cohetes y misiles entre las 5:00 y las 6:30 de la mañana del domingo, pero en general el ataque resultó desbaratado por la operación aérea israelí. Se destruyeron unas mil lanzaderas distribuidas en unos 40 emplazamientos.
Sin embargo, la organización terrorista cuenta aún con un formidable arsenal. La falta de eficacia y efectividad de las medidas adoptadas por la comunidad internacional, incluido el despliegue de tropas internacionales -entre ellas, españolas- a lo largo de años sólo ha servido para fortalecer a los terroristas. La resolución 1701 (2006) del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas pedía la «cesación inmediata por Hizbollah [sic] de todos los ataques». Lejos de cesar, los terroristas han explotado la situación en su propio beneficio. El despliegue internacional ha impedido operaciones israelíes que hubiesen acabado con la organización, pero no ha servido para desarmarla ni para garantizar la seguridad del norte de Israel.
Es cierto que Hizbulá ha perdido el factor sorpresa. El norte de Israel está hoy estrechamente vigilado, hay tropas desplegadas para la defensa y se ha evacuado a los civiles. Es difícil que se repita en el norte algo como la serie de atentados que perpetró Hamás el pasado 7 de octubre. No obstante, la República Islámica de Irán viene empleando desde hace meses a las organizaciones terroristas que controla -los hutíes del Yemen, los propios terroristas de Hizbulá- con el doble propósito de apoyar a Hamás y de presionar a la comunidad internacional para que detenga las operaciones israelíes.
El informe sobre las capacidades nucleares iraníes y control del terrorismo publicado el pasado mes de julio por la Oficina del Director de Inteligencia Nacional de los Estados Unidos advierte que «Irán utiliza su programa nuclear para influir en las negociaciones y responder a la presión internacional percibida». Pues bien, algo similar sucede con la actividad de las organizaciones terroristas que controla: las emplea para alcanzar una posición ventajosa en las negociaciones.
En estos días, se vienen desarrollando conversaciones con Hamás para que libere a los cien rehenes que mantiene en su poder desde el 7 de octubre de 2023. Se trata de personas privadas de los derechos que se reconocen, incluso, a los prisioneros de guerra (por ejemplo, el de comunicarse con sus familiares o el de recibir la visita de la Cruz Roja). En realidad, a Hamás sólo le quedan los rehenes y servirse de los civiles palestinos como escudos humanos, que es lo que viene haciendo desde hace años. Su capacidad operativa está muy mermada y sus mandos son objetivos prioritarios de acciones antiterroristas dentro y fuera de Gaza.
Irán necesita, pues, prolongar la inestabilidad en la región y, si es posible, extenderla. Lo viene intentado desde hace meses obstaculizando el tráfico marítimo en el Golfo Pérsico y amenazando a Israel con palabras y con hechos. Ahí está el ataque con drones y misiles del pasado 13 de abril, que Israel logró frustrar gracias a su fuerza aérea, al sistema de defensa Cúpula de Hierro y a la ayuda de otros países; entre ellos, Estados árabes.
La cuestión es hasta dónde está dispuesto a llegar el régimen de Teherán. El gobierno israelí ya ha demostrado la firme voluntad de defender a su población. Ni las manifestaciones antisemitas que se han organizado en Occidente ni las críticas de otros gobiernos han disuadido a Jerusalén de esa defensa. Algunos análisis insisten en que Teherán no quiere una guerra en Oriente Próximo, pero el ataque frustrado de esta noche parece desmentirles. Si la inteligencia israelí no lo hubiese detectado, las consecuencias podrían haber sido terribles.
Ahora bien, de momento Israel está midiendo las reacciones a las provocaciones de Irán. El ataque iraní del 13 de abril no tuvo como respuesta uno equivalente por parte de Israel. Parece que, hasta ahora, las operaciones israelíes han tratado de evitar una escalada en lugar de precipitarla. En esta ocasión, Hizbulá ha fracasado, pero volverá.