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ORIENT EXPRESS

A quién hay que presionar

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 17 de diciembre de 2023, 19:35h

Este túnel está a 50 metros de profundidad, mide 4 kilómetros de largo y se encuentra a 400 metros del paso de Erez, por el que se entra a Israel. Es lo bastante ancho como para permitir la circulación de vehículos. Las Fuerzas de Defensa de Israel han conocido su proceso de construcción gracias a las imágenes tomadas por Muhammad Sinwar, hermano del líder de Hamás Yahya Sinwar. Aquí fueron a parar los millones de euros de los contribuyentes europeos que iban destinados a ayuda humanitaria y al desarrollo de Gaza.

Gaza está horadada por estos túneles cuyas entradas están en colegios, mezquitas, hospitales y edificios de viviendas. Discurren por debajo de las calles y las casas de la población civil, a la que Hamás ha tomado como rehén y escudo humano. Así, los terroristas han puesto a Israel en la terrible tesitura de tolerar la actividad de los terroristas o ser acusados de la muerte de esos civiles entre los que Hamás se esconde.

Diría que estos terroristas libran una guerra infame, pero en una guerra hay reglas y Hamás las ha quebrantado todas. Emplazando lanzaderas de cohetes, arsenales y observatorios en edificios civiles, les ha quitado la protección que el derecho de la guerra les dispensa y los ha convertido en objetivos legítimos. A medida que las tropas israelíes se adentran en Gaza, los mismos terroristas que celebraban los asesinatos del 7 de octubre se rinden. El material gráfico que se les incauta va revelando la espantosa cotidianeidad de una organización de asesinos.

Esta forma de terrorismo, similar a la de los yihadistas en Irak y en Siria, obliga a un tipo de combate urbano en que es imposible evitar por completo las bajas civiles y que eleva la posibilidad de errores y muertes por fuego amigo. El viernes pasado, en Shejaiya, cayeron tres rehenes israelíes muertos por error a manos de las fuerzas que pretendían liberarlos. Por supuesto, hay una investigación en marcha por parte de las autoridades israelíes.

También en esto hay una diferencia entre Israel y los terroristas: se tratan de evitar los errores, se investigan sus causas, se corrigen los procedimientos y, cuando hay infracciones, se imponen castigos. Nada de esto hacen sus enemigos. Sigue habiendo, en medio del horror de esta operación que pretende acabar con Hamás, una diferencia moral insalvable entre Israel y sus enemigos. Israel condena sus errores, trata de evitarlos, trata de corregirlos. Hamás mata sin importarle qué pase siquiera con su propio pueblo.

Mientras se desarrollen las hostilidades y Hamás siga sin rendirse ni liberar a los rehenes que aún tiene en su poder, será muy difícil saber qué ha sucedido realmente en estas semanas, pero las investigaciones en curso -y las que, sin duda, habrá cuando todo esto haya pasado- revelarán, como ha ocurrido con los túneles, las circunstancias de estos combates en que tan fácil resulta que mueran los inocentes entre los que Hamás se oculta.

Por supuesto que ha podido haber errores y, en el combate, los errores cuestan vidas, pero ha sido Hamás quien ha escogido esta forma de enfrentamiento. Sus hombres no luchan en campo abierto, con uniformes identificables y conforme a las leyes de la guerra. Sus comandos no tratan de evitar el derramamiento de sangre inocente, sino que buscan acrecentarlo. Sus jefes no pelean al frente de sus hombres, sino que dan instrucciones desde la comodidad y la distancia.

A medida que pasan los días, se acrecienta la presión sobre Israel -no sobre Hamás, nótese bien- para que la operación se detenga. El embajador de Israel ante las Naciones Unidas, Gilan Erdan, ha hablado con una terrible clarividencia: “el alto el fuego humanitario significa un alto el fuego para salvar a los terroristas”.

Ya se han visto los resultados de estas presiones en ocasiones anteriores: Hamás se recompone, recibe nuevos envíos de armas de Irán, nuevos fondos del extranjero -incluidos los destinados a ayuda humanitaria que acaban en la construcción de túneles- y vuelta a empezar con el lanzamiento de cohetes y misiles, los secuestros y los atentados a manos de unos asesinos que se esconden entre los civiles.

No.

Las presiones deberían ser sobre Hamás y sobre sus patrocinadores. Las presiones deberían ser sobre aquellos que pretenden legitimar a Hamás como movimiento de liberación y resistencia mientras cierran los ojos ante los atentados terroristas, la utilización de su propio pueblo como escudo humano y la voluntad de destruir a su vecino israelí. Las presiones deberían ser sobre quienes pretenden que Hamás siga operativa después de los atentados del 7 de octubre.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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