El Gobierno acaba de anunciar que ya elabora los presupuestos generales del Estado de 2025, aunque reconoce que no tiene los apoyos necesarios para su aprobación. Después de prorrogar los de 2023 por su minoría parlamentaria, todo apunta a que tampoco podrá sacar adelante las cuentas del próximo año. Pero, por lo que parece, no es motivo suficiente para disolver las Cortes y convocar elecciones generales, lo que hasta ahora era la obligación de un Ejecutivo en estas circunstancias. Así se lo exigió Pedro Sánchez a Mariano Rajoy, aunque luego el líder socialista gobernó dos años prorrogando los presupuestos de Montoro.
La incógnita sobre los 7 escaños de Junts es el gran problema al que se enfrenta Sánchez en esta legislatura. La ley de amnistía ha sido otra chapuza legal (o ilegal) del Gobierno al no ser capaz de blindar penalmente a Puigdemont. El golpista prófugo, además, está indignado con la investidura de Salvador Illa como presidente de la Generalidad y todo indica que va a torturar al Gobierno en todas y cada una de las votaciones que se produzcan en el Congreso de los Diputados. Para empezar, votó en contra de la senda de estabilidad presupuestaria, lo que obligó al Ejecutivo a prorrogar las cuentas de 2023. Y ahora, acaba de apoyar la propuesta del PP para que comparezcan en el Congreso el propio Sánchez y Montero para explicar los entresijos del pacto del PSC con ERC.
Pero ni la debilidad parlamentaria del Gobierno, ni la crisis interna del PSOE por las cesiones a Cataluña, ni los escándalos de corrupción que salpican a Sánchez y a su familia serán motivos suficientes para que Sánchez disuelva las Cortes. Sabe que ahora se estrellaría en las urnas y, sobre todo, quiere seguir acaparando el control de la Fiscalía General del Estado y del Tribunal Constitucional para salir indemne de sus conflictos con la Justicia. El anuncio de la elaboración de los presupuestos de 2025 no es más que un brindis al sol, de una añagaza para desviar la atención del verdadero problema del Gobierno. Que se enfrenta a una legislatura sin los apoyos suficientes para legislar. Pero eso no impide que se enroque en La Moncloa. Es la única tabla de salvación que le queda para no salir triturado de las urnas. Aunque eso le obligue a seguir prorrogando los presupuestos hasta el último día.