En México, Jacqueline Lamba entabla una profunda y mutua amistad con Frida Kahlo. Frida escribió a Jacqueline:
«Siempre seguiré escribiéndote con mis ojos»[...]«Desde que me escribiste, aquel día tan claro y tan lejano... El agua. El barco, el muelle y aquella partida que te hizo niña de nuevo a través de mis ojos, los mismos ojos a través de los cuales me mirabas como a través de dos ojos-de-buey para siempre[...]Todo esto está intacto. Luego vinieron nuevos días para ti. Hoy deseo tanto que mi sol pueda tocarte. [...] La camisa con lazos de seda es tuya. Las viejas plazas de tu París son mías, y sobre todo la maravillosa -la Place des Vosges, tan olvidada y tan firme-, los caracoles y la muñeca también son tuyos -o más bien es lo que te representa a ti [...] El vestido sigue siendo el mismo del día de la boda, te acuerdas, el que no quiso quedarse con nadie. Fue el mismo día que la encontramos casi dormida en aquel piso mugriento [...]Mis faldas de encaje y la vieja blusa que llevo siempre son el retrato perdido de una sola persona. Pero el color de la piel, los ojos y el pelo cambian con el viento mejicano. La caricia de la tela, el color del color, las campanas, los nervios, los lápices, las hojas, el polvo, las células, la guerra y el sol, todo lo que se vive en los minutos fuera del tiempo y del vacío invisible, eso es él. Lo sentiste, y por eso permitiste que el barco de Le Havre, donde nunca te despediste, me llevara de vuelta»[...] «El barco y el muelle durante el retorno que poco a poco te hicieron diminuta a mis ojos, prisionera de aquel ojos-de-buey redondo por el que me mirabas para guardarme en tu corazón. Todo eso está intacto. Luego vinieron los días sin ti. Hoy quisiera que mi sol te tocara».
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«...la cigüeña mirobigense cree que la vida es un gran casino ¿cuando la ruleta es rusa?».
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