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...«la otra»

sábado 07 de septiembre de 2024, 09:05h

...«la otra» (de 1967 a 1978) dicen que fue determinante en la la politización de JULIO Florencio CORTAZAR Descotte. Nacido quince días y 18 años antes que yo en 1914 en Ixelles, Bélgica, a 2.248 km de mi lugar de nacimiento y que se ocultó en 1984 en París a unos metros de mi domicilio de entonces. Pido a Pan: que haya llegado al paraíso por la Vía Láctea.

Para mayor complicación se le define como autor argentino naturalizado francés, y para mayor emoción se me pide pronunciar una conferencia sobre este colega. La verdad es que no conozco suficientemente sus escritos y menos aún su vida.

Para mí Cortázar, por lo poco que sé de él, tiene una obra admirable de referencias jugosas y ¿de militancias raras? ¿Se refiere a ‘nosotros tres’ en su ‘Rayuela’? como algunos estudiosos han pretendido y el más rotundo el cultísimo e inconfundible Diego Moldes; ¿soy (con Topor y Jodo) tres referencias suyas?

Cortázar y yo no nos conocimos ni nadie nos presentó nunca. Me crucé con él -sin hablarnos una noche en pleno Barrio Latino; parecía tener ¿más de ochenta años? me deslumbró su pelo sorprendentemente sin canas como si quisiera correr más de prisa, como si la existencia comenzara luego.

Más aún me sorprendió que meses después me escribiera de sopetón desde el Hospital San Lázaro ¡para jugar una partida de ajedrez! (en aquel tiempo realizaba una crónica de ajedrez semanal en el ‘franco’ l’Express.) El hospital estaba situado a unos metros de mi domicilio.

Insólitamente, de pronto, años después, «la otra» fue acusada por sus encarnizados enemigos de ser agente soviética.

Precisamente «la otra» ¿con ojos de paradigma? ¿de color parabellum? vino a verme [cuando la primavera caía en otoño]. Me pregunté al verla ¿por qué viene a verme? (tampoco la conocía). Sin esperar desgraciadamente gran cosa de la visita ella me informó espectacularmente que al revés de su pésima reputación [¿prohibida para albinos?] era una lituana que había «sufrido lo indecible con la invasión soviética», que era lejos de ser una roja-rojísima como repetían sus enemigos ya que era una ferviente católica y que representaba Lituania en la Unesco.

Por si fuera poco, años después, un excelente editor cordobés, me dijo que había vivido con «la otra», como si todas las vidas encerraran trampolines, como si solo se pudiera escribir SMS tartamudeando comunicándose en un soberbio tohu-bohu.

***

«....el pavo real no desprecia a los que le admiran ¿sería una forma de dudar uno de sí mismo?

***

...«la otra»

Fernando Arrabal

Escritor, artista y cineasta

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