Si el cartel de hoy no hubiera estado compuesto por jóvenes novilleros, el sexteto elegido por la ganadería Cebada Gago podría haber pasado por una buena corrida de toros. Exigentes, complejos, todos con sus querencias y sus temores, pero con buen estilo en el caballo. Ha sido también destacada la actuación de los picadores. Será por el aliciente del premio ofrecido o por un milagro, pero fue la primera tarde de la temporada donde las varas han sido medidas, sin barrenar ni cerrar mucho la salida… Una delicia.
Cid de María se enfrentó con el precioso Golfito (1º 10/20). El morlaco, serio, iba con aspiración de coger al torero ya desde el capote. Al cambiar la seda por percal, la intención del bruto no cambió y embestía calamocheando o persiguiendo al torero. La estocada entró al segundo intento, delantera con derrame, pero hasta las cinchas. Pelícano (4º 3/21) se dobló al segundo muletazo, pero ambos rivales recapacitaron: el diestro templó la mano y el toro sacó las fuerzas o la raza para cuajar una buena obra por ambas manos. Algún que otro adorno legítimo, verbi gratia, un afarolado, se intercalaba entre las tandas hechas por el diestro clavado en su terreno. Inamovible. Manoletinas ajustadas y la estocada hasta la bola al primer asalto. Una oreja.
Pedro Luis recibió a su contrario a porta gayola y cerró el saludo capotero con una bella verónica. Para la faena escogió los recursos efectistas: el toreo de rodillas, mas cuando el animal se acabó también de rodillas, el diestro recapacitó y ahormó las embestidas del contrario, logrando una faena completa, ceñida, hasta que el toro no se cansó. Las manoletinas y la espada entera a la tercera. Cárdeno Lioso (4º 3/21) fue sometido por doblones de buen trazo. Pedro Luis lo llevaba cambiando las manos, trazando series redondas, sobre todo, al natural. Al superar una docena de tandas, el toro quedó complicado para cuadrar y sonó el primer aviso. El estoque quedó defectuoso. Muy buena muestra del toreo ceñido y expuesto.
A Mariscal Ruiz le tocó Lioso (3º 12/20) sardo, muy cuajado de hechuras, pero con poca alma en el almario. Luchó bien en el tercio de varas, sin embargo, se aculó en las tablas enseguida. El novillero lo desafiaba para poner las banderillas, probando los terrenos, igual que hizo con la muleta en la mano. Comenzó llevándolo por estatuarios y, después, construyendo unas tandas al torito crecido, más atrevido. La alegría duró poco y el joven torero tuvo que ir a por la espada que acabó enterrada en el hoyo de las agujas. La petición no atendida. Ciclista (6º 10/20) no le permitió a Alejandro Mariscal tocar el pelo: tenía una embestida complicada, a veces indescifrable, ya que nunca se sabía si iba a cabecear o a arrimarse buscando el bulto. El estoque entró a la segunda.