José Luis Rodríguez Zapatero ha demostrado una vez más la habilidad negociadora...
José Luis Rodríguez Zapatero ha demostrado una vez más la habilidad negociadora que siempre le ha distinguido y, desde un enmascarado silencio, ha tejido su último y gran servicio al dictador Maduro, al que Felipe González, en declaraciones públicas, calificó de tirano. Tras un fraude electoral gigantesco, la presencia en Caracas del político triunfador, del presidente electo, suponía un incordio permanente. A pesar de la desfachatez y el cinismo del dictador para controlar Venezuela, los ojos internacionales estaban clavados en Edmundo González Urrutia.
Lo que convenía a Nicolás Maduro era que el presidente electo se exiliase dejando el terreno libre para que el dictador campara a sus anchas. Se trataba de una negociación compleja y especialmente vidriosa. José Luis Rodríguez Zapatero la ha consumado, situando al vencedor de las elecciones a siete mil kilómetros de Caracas en una nación como es España, pródiga en atenciones personales y paraíso para vivir. En poco tiempo, el presidente electo de Venezuela recibirá la indicación monclovita de que se abstenga de toda actividad política, a pesar del probable reconocimiento del Congreso de los Diputados mañana miércoles como el vencedor de las elecciones venezolanas.
Pedro Sánchez se ha apuntado un tanto internacional. Al acoger a Edmundo González Urrutia se ha instalado en la diana de la política mundial, sin asumir otro riesgo que el de la oposición española. Alberto Núñez Feijóo se ha lanzado sobre la yugular sanchista para rechazar actitudes humanitarias y subrayar el gran servicio que ha hecho el Gobierno español a los intereses del dictador venezolano.
Fidel Castro se lo dijo a Hugo Chávez: “Tras la descomposición de la Unión Soviética, si queremos que el comunismo se mantenga en América, habrá que articular un comunismo con elecciones”. “Pero, comandante, ¿y si se pierden? -dijo Chávez. “Es que no se pierden -contestó Castro-, las elecciones no se pierden, se manipulan”.