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El rincón de la historia

Javier Zamora Bonilla
martes 18 de noviembre de 2008, 23:06h
Durante muchos años en la historiografía española estuvo vigente el paradigma del fracaso. Cualquier historiador que se preciase debía interpretar la historia contemporánea española como un fracaso: había fracasado la revolución liberal, había fracasado la revolución agraria, había fracasado la revolución industrial, había fracasado la revolución de los transportes, y, por tanto, España no se había incorporado a la contemporaneidad sino que seguía siendo un país atrasado, anclado en el Antiguo Régimen, aunque camuflado éste bajo una apariencia de legalidad constitucional, pero en el fondo controlado por los terratenientes aristocráticos de siempre y la nueva burguesía industrial y financiera, supuestamente débil e incluso inexistente, pero que de forma no explicada, a pesar de su debilidad, había conseguido una simbiosis con la vieja aristocracia que le permitía controlar la superestructura del poder.

Esta visión un tanto maniquea y simplista ha sido corregida desde hace unas décadas, incluso por aquéllos mismos que todavía defendían el “mito del fracaso” en los años setenta. Hoy la historia de la España contemporánea se explica de una forma más compleja y, según mi parecer, más ajustada a la verdad histórica en términos de comparación con los países europeos. La sociedad española se moderniza política, social y económicamente durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX a un ritmo poco acelerado (excepto en algunos momentos) e inconstante, pero que puede equipararse al de otros países europeos, aunque bien es cierto que algunos de éstos o bien despegan antes y van mucho más rápido (Gran Bretaña) o bien despegan a la vez pero de forma mucho más explosiva (Alemania, Francia, Italia, Suecia...). En términos estadísticos, el verdadero y gran distanciamiento de España con Europa fue el primer franquismo, que ralentizó, cuando no dinamitó, las corrientes modernizadoras muy visibles sobre todo a partir de la segunda mitad del novecientos. Después, tras los planes de estabilización y desarrollo y tras la superación de las crisis económicas de los años setenta y la consolidación de la democracia, la sociedad española ha hecho un impresionante recorrido que ha permitido equipar los principales parámetros de medición de bienestar social con los de sus socios europeos, hasta el punto de que hoy es la octava potencia económica del mundo.
Las élites políticas han contribuido evidentemente a este progreso, pero de ahí a pensar que acontecimientos puntuales en que éstas participan sacan a “España” de un supuesto rincón de la historia en el que se encuentra va un abismo.

Conviene ir con cuidado, porque corremos el riesgo de sustituir el “mito del fracaso” por el “mito del rincón”. España como sociedad ha hecho aportaciones muy relevantes a la cultura occidental a lo largo de la historia. No es la menor haber incorporado a esta cultura el grueso del continente americano, desde Nuevo México al Cabo de Hornos. Y también se pueden citar algunos grandes nombres que están ahí para siempre en el catálogo de la historia universal. No es cuestión de sacar pecho ni de caer en una hueca retórica nacionalista. Cada nación tiene lo suyo y junto a los grandes logros hay una buena porción de hechos de los que avergonzarse, pero no en menor medida que los de otras naciones. Los alemanes han puesto militarmente los pies en París tres veces en menos de un siglo. No es comparable la situación de la América española con la del África francesa, inglesa, alemana, italiana, portuguesa y belga, cuando la ocupación de estos países se produjo en un momento donde las posibilidades de gestión y control eran muy otras. Alemania, por ejemplo, si se puede hablar así, tiene mucho de que arrepentirse de su siglo XX -no hace falta recordar- y así podríamos seguir con otras naciones. Insisto, no es cuestión de sacar pecho, pero no es conveniente, ni siquiera mirando al futuro, esta visión rinconera de la historia de España que tienen algunos políticos.

Javier Zamora Bonilla

Profesor de Historia del Pensamiento Político

JAVIER ZAMORA es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Derecho por la Universidad de León, ha completado su formación con estancias de investigación en el Massachusetts Institute of Technology, el Max-Planck Institut für Geschichte y el Colegio de México.

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