Javier de Esteban Baquedano ha realizado la tarea titánica de ofrecer al lector hispanohablante una visión completa y rigurosa del clásico de la literatura nipona
Ise monogatari, una compilación realizada entre los siglos IX y X que consta de 125 episodios que condensan una amplia muestra de poemas, la mayoría amorosos y atribuidos al poeta Ariwara no Narihira, arquetipo del galán aristócrata de la época. La traducción a nuestra lengua se ha hecho desde la edición en japonés publicada hace una década por Hideo Suzuki, gran autoridad en la materia. F. Javier de Esteban Baquedano es también el autor de un extenso prólogo de 51 páginas dirigido, por su extensión, no tanto al lector general, sino al interesado por la literatura japonesa antigua, con algunas explicaciones muy pertinentes sobre la compilación, su fortuna crítica y sus autores, con especial atención al cortesano Ariwara no Narihira, nacido en 825 y fallecido en 880, a quien se le atribuyen la mayor parte de los poemas.
El Ise monogatari es una obra de difícil clasificación, pues los géneros literarios del antiguo Japón no se corresponden con nitidez con las denominaciones que utilizamos habitualmente. Se trata de un monogatari, literalmente “cosa que se cuenta”, un término que generalmente asimilamos a la narrativa. Según su extensión, el monogatari puede ser corto y lo clasificamos como “cuento”. Este es el caso del Taketori monogatari (El cuento del cortador de bambú), por ejemplo. Cuando la extensión es larga, utilizamos “novela” o “romance”, tal como ocurre con el Genji monogatari. Esta última obra, aunque se considera la primera gran novela de la literatura nipona, lo cierto es que está repleta de poemas de gran valor lírico.
En el caso del Ise monogatari los poemas sobrepasan con mucho a la parte en prosa, por lo cual se clasifica básicamente como una obra de poesía. En realidad, es tanto prosa como poesía, pues en los monogatari la narrativa se orienta a enmarcar la situación en la que los protagonistas se expresan. Y cuando lo hacen, lo hacen intercambiando poemas, no con diálogos. Se trata de poemas waka, de raíz japonesa, estrofas de cinco breves versos, de siete y cinco sílabas, y sin rima. Por regla general cada episodio del Ise monogatari tiene temática amorosa y es breve, una o dos páginas. Comienza con una fórmula convencional que dice: “Tiempo ha, había un hombre”. Y tras una breve presentación del lugar y las circunstancias de un viaje o un encuentro, aparece el poema que dijo un hombre, seguido de la réplica de la mujer y un breve comentario final.
El intercambio de poemas era la forma de comunicarse de aquellos tiempos, como lo serían hoy los mensajitos por el teléfono móvil en la aplicación de moda. El hombre, aunque no se indique, casi siempre es Narihira, el protagonista del Ise monogatari. La obra comienza cuando, recién cumplida su mayoría de edad, se encapricha con unas hermanitas de tierna hermosura durante una cacería y concluye con Narihira anciano y enfermo, al borde de la muerte, diciendo: “Sabía que era el camino / que nos aguarda al final / más no pude imaginar / que de un día para otro / lo tendría que tomar”.
El Ise monogatari ha sido publicado por la editorial Satori en su colección “Clásicos”, que se caracteriza por la calidad de sus ediciones, su cuidada encuadernación en tapa dura y un gran mimo en los detalles. Creo que hubiera sido mejor haber sido también más clásico y colocar las notas y los comentarios explicativos a pie de página y no tras los episodios con el mismo tipo de letra que el texto, pues de esta manera no se destaca el Ise monogatari del aparato crítico y entorpece un poco el ritmo y la fluidez de la lectura.
Como conclusión, nos alegra comprobar como las obras maestras de la literatura nipona tienen cada vez versiones mejor editadas. El Ise monogatari es una obra que no puede faltar en ninguna biblioteca que aspire a tener los títulos más importantes de la literatura universal y, por el preciosismo de la publicación, es también un bellísimo libro para regalar a cualquier amante de la cultura japonesa.