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DESDE ULTRAMAR

60 años del Museo Nacional del Virreinato

Marcos Marín Amezcua
jueves 19 de septiembre de 2024, 19:54h
Estamos de manteles largos, decimos en México, cuando la ocasión llama a celebración. El Museo Nacional del Virreinato (Munavi), situado en Tepotzotlán, Estado de México –provincia del centro de México– cumple 60 años de inaugurado este 19 de septiembre. Instalado en el complejo arquitectónico que edificó la Compañía de Jesús durante su destacada y fructífera estancia en la América colonial española es, a su vez, un formidable repositorio de la obra compartida de España en América, dechado de talentos de ambos mundos confeccionando un rico y exquisito acervo que da fiel cuenta de tres siglos de nuestra historia común. Con una visión muy clara y un eje discursivo que define y resalta la vida cotidiana de esa presencia hispánica labrada tesoneramente en el nuevo orbe, la institución dependiente del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), ha visto una actualización necesaria y a la altura de este aniversario redondo.

De ahí proviene su virtuosa herencia y su dote sobresaliente, que es culmen de decididos y denodados esfuerzos de muchos talentos sumados por seis décadas y que nutren su trascendencia, pues el paraje ha conseguido albergar profusos tesoros como un testimonio fidedigno del realce y la razón del quehacer hispánico, amalgamando un portento de fulgurantes obras resultantes de tal profunda y sostenida interacción cultural por tres centurias.

Los recios muros del recinto en comento resguardan objetos de incalculable valor. Su biblioteca antigua, es una joya. Su colección de marfiles, espléndida, y la pictórica da debida cuenta del poderío, del arte y el refinamiento del pincel novohispano esgrimido por talentos de cultura destacada; el juniorado o las salas temáticas de la ingente labor jesuítica, son memorables y su conjunto de obras escultóricas, es notable. Las pinturas de monjas coronadas –cuya difusión fue impulsada por la doctora Alma Montero– ha abierto el camino de la investigación sobre la vida monacal que aporta tanto al conocimiento certero de todo un vasto capítulo del periodo virreinal americano, que supone acercarnos a las mentalidades confeccionadoras del sentido del traspaso a la otra vida, desde esa condición de reclusión y vida contemplativa. La Dra. Montero, además de sus múltiples trabajos entorno al reconocido sitio y su herencia, es la impulsora de su exitoso Programa Académico, que ha visto participar a valiosos exponentes de ambos mundos por dos décadas, abordando variados y enriquecedores temas virreinales.

Y el majestuoso y egregio templo de San Francisco Javier, un augusto y descollante lugar, referente de América toda, digno de los mejores muestrarios alusivos al arte hispánico de todos los tiempos con su Camarín de la Virgen y su fachada rebosante de iconos y de símbolos y referentes destacables con un cariz churrigueresco; y sus descomunales retablos recubiertos de hoja de oro, recargados magistralmente con innumerables advocaciones y representaciones sacras varias, comportan con su adosado púlpito de rica y elegante hechura, un cúmulo clamoroso que sorprende a quien lo contempla por su potencial. eclesiástico, jesuítico e hispánico. Reúne prodigio y excelsitud dejando boquiabiertos a propios y extraños. Es un insuperable guardián de la herencia cultural hispánica y ejemplo de su reciedumbre, definición y pertinacia.

Me unen muchos motivos, sentimientos y momentos a tan reconocido espacio con tan especial, irreductible riqueza y al aliento encomiable en pro de tan renombrado y relevante museo situado en Tepotzotlán, declarado pueblo mágico ya se sabe –ese programa de promoción sitios que conservan eso, una distinción trocada en magia e identidad propia, que adoptó España hace unos años para sí, también con éxito probado– y es el incomparable escenario adecuado para emprender esa tarea de conservación, investigación y difusión del incuantificable patrimonio virreinal que también define a México en una de sus etapas históricas cruciales.

¿Qué significación reviste el célebre conjunto arquitectónico tepotzotlense? Nos lo explica generosamente y mucho agradezco sus justipreciadas palabras, la propia doctora Alma Montero: “La importancia de ese sitio de los jesuitas que no fue un colegio más de los muchos que fundó la Compañía de Jesús en la Nueva España, que a su vez son sedes de las actuales universidades, radica en que era el colegio noviciado de los jesuitas, es decir, era donde se formaba a todos los futuros jesuitas que iban a ser después misioneros, profesores, rectores y demás literatos, grandes humanistas que se formaron en Tepotzotlán. De ahí la importancia de este lugar al que los jóvenes llegaban a los 16 años y estaban por dos años más para su formación, tanto académica como espiritual. Esa es la gran importancia que tiene este sitio”.

Cabe precisar que fue residencia de la Compañía hasta su extrañamiento de los dominios españoles por la orden fulminante del rey Carlos III en 1767, pasando a dominio de los dominicos, expoliados sus bienes, dispersada su meritoria biblioteca, que la finada investigadora de grato recuerdo María de los Ángeles Ocampo advirtiera solo conocer un ejemplar poseedor de la consabida marca de fuego delatando su origen tepotzotlense, revelando así la magnitud del desastre que implicó la expulsión de la orden y su reducción a cenizas.

Me remito igualmente a la apreciada relatoría del cronista del H. Ayuntamiento de Tepotzotlán, el reconocidísimo don Ernesto Reyes López, quien aporta sus palabras a esta columna, quien recuerda que tras de regresar de su exilio, los jesuitas fueron expulsados un siglo más tarde "quedando el edificio a la deriva y luego abierto al público para su visita –llegando a costar la entrada ¡15 centavos!– y a cargo del capitán Romero, entre 1919 y 1943 en un recorrido trazado que incluía el Templo de San Francisco, la Torre campanario, la capilla de Loreto, el camarín del Espíritu Santo, el relicario de San José, la capilla de los Novicios, el claustro de aljibes, el claustro de naranjos, la cocina y la huerta, quedando maravillados de ese espacio único, sobre todo del Templo de San Francisco Javier. Tal lugar fue declarado monumento colonial en 1922 y monumento histórico en 1933. A principios de los años sesenta (1961-1964) se inició su restauración a cargo del arquitecto Carlos Flores Marini, hasta que abriera sus puertas el presidente López Mateos en septiembre de 1964. Y como dijera el Lic. Eugenio Noriega Robles, no pudo ser mejor lugar para montar el MUNAVI que el antiguo Excolegio jesuita, para dar a conocer tres siglos de cultura novohispana, cuyo catálogo incluye no menos de 30 mil piezas. De todos los órdenes, entre las que se cuentan el Cristo de árbol, el gremial de Fray Juan de Zumárraga, el relicario de San Pedro, la Virgen de la salud elaborada con pluma de colibrí, el Pancrátor, San Juan Bautista (en arte plumario, una técnica prehispánica) la pintura de las Castas. Y una gran variedad de objetos dignos de admirar.”

En esta convocatoria para reunir testimoniales, he contado también con las desprendidas palabras de doña Rocío Uribe Especia, quien manifiesta: “Es un monumento histórico virreinal donde se instalaron los colegios para las provincias de la orden jesuita, así como para hijos de caciques del lugar. Muestra 300 años de nuestra historia convertido en el Museo Nacional del Virreinato. Es un verdadero honor para dar como consecuencia nuestra identidad como mexicanos, dedicando 40 años de mi trayectoria laboral a tan noble institución. Y como nativa de Tepotzotlán agradezco esos 60 años de desarrollo y cultura”.

Cierro estas inconmensurables intervenciones con las palabras de mi amiga Sagrario Guerra, vecina del lugar y asidua visitante: "Significa VIDA para mi pueblo. ¿Qué haría Tepotzotlán sin el MUNAVI? un aporte cultural gigantesco para la comunidad y los que lo visitan, un monumento arquitectónico impresionante y lo que trajo desde el inicio de su construcción a Tepotzotlán. Es un activador de la economía vía el comercio local. Para mí, es tener los mejores recuerdos de mi niñez, de mi juventud, de mi familia, pero sobre todo de mi padre que laboró ahí por 33 años. Fiel admirador del Museo, nos transmitió ese sentimiento y gozamos cuando llevábamosle de comer y nos decía 'espérenme en la sala de marfiles, en la sala esta o la otra' y nos maravillábamos. Y aunque ya no está aquí, a nosotros como hijos nos dejó un gran legado y es la necesidad de aprender, agradecer y admirar todo lo que nos da.¡Felicidades Museo Nacional del Virreinato!"

Cuando visite México, incluya un paseo a Tepotzotlán, punto de arranque del Camino Real de Tierra Adentro, declarado como patrimonio cultural de la Humanidad por la Unesco, y a su extraordinario Museo Nacional del Virreinato. Le permitirá entender mejor y dimensionar la profunda y admirable obra de España en América, recordando las certeras palabras de mi profesor, don José Eusebio Salgado, al advertir que la verdadera grandeza de España está en América, siendo allí donde está volcada su savia con las manifestaciones más elocuentes de su expresión cultural en un contexto que no es propiamente la península Ibérica, que enlazo con la anécdota del reputado historiador español Américo Castro, quien contara que al situarse en el Zócalo, la plaza mayor de la Ciudad de México, se postró derramando las lágrimas al contemplar su grandeza, signo irrefutable de España misma y de la España de ultramar. Cuánta verdad y cuán grande el compuesto que preserva este legado compartido. ¡Enhorabuena Museo Nacional del Virreinato por estos primeros 60 años!

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