El catedrático de Neurología en la Universidad de Harvard (EEUU) y experto mundial en Neurotecnología,
Álvaro Pascual-Leone, cree que los seres humanos corren el riesgo de ser víctimas de las tecnologías que ellos mismos han desarrollado, por eso subraya que hay que usarlas pero "sin perder el norte".
Pascual-Leone destaca que las enfermedades cerebrales son la causa número uno de discapacidad, más que el cáncer y las patologías cardiovasculares juntas, además de costar "más que cualquiera de las dos". La razón fundamental es que cuando se detectan ya es tarde, por eso insta a que el cerebro sea "la diana número uno en nuestra salud" porque, "si lo hacemos, el cerebro literalmente puede curarnos".
Autor de más de 950 artículos científicos y varios libros, así como un referente mundial también en plasticidad cerebral, destaca los avances "fantásticos" en tecnología pero advierte de que van más rápido de lo que la biología es capaz de adaptarse. "Tenemos el riesgo de ser víctimas de la propia ingenuidad, de la propia creatividad del ser humano y las tecnologías que desarrollamos", asegura Pascual-Leone.
El catedrático de Harvard aboga por una medicina que vuelva a enfocarse en el ser humano dentro del contexto tecnológico. "Sin olvidar la tecnología pero usándola sin perder el rumbo, sin perder el norte. Nos hace falta empezar a educarnos en lo que es seguir siendo humanos", reflexiona Pascua-Leone.
Subraya avances en el campo de la neurotecnología como los que permiten entender conexiones concretas del cerebro, detectarlas para conocer la alteración que producen y modificarlas para mejorar los síntomas de una enfermedad y poder eliminar discapacidades o aumentar el rendimiento de la persona, entre otros. En este sentido destaca la importancia de que se empiece a elaborar una regulación para el manejo de este tipo de tecnologías "porque existe el riesgo de usar la pistola para la cosa equivocada".
"Creo que eso es importante tenerlo en cuenta y no esperar a que haya pasado, sino empezar a pensar en el tipo de regulación para que esa información sobre la actividad de mi cerebro se mantenga mía, para que la manipulación que se puede hacer sobre esa actividad sean para usos que uno mismo determine", afirma Pascual-Leone. De momento, el experto indica que no es posible conocer hasta qué punto se puede cambiar de forma controlada un cerebro normal para mejorar ciertas capacidades sin perder las que ya se han adquirido.
"Que podemos mejorar ciertas habilidades, seguro. En mi propio laboratorio demostramos que podemos acelerar la adquisición de un ejercicio de cinco manos en el piano, hacer que la gente aprenda más rápido. Y dirías, 'yo quiero que mis hijos aprendan, a lo mejor les hago esto, que aprenderán más rápido', pero la pregunta es ¿Y qué van a perder? ¿Qué no van a poder hacer por hacer esto?", destaca el neurólogo.
En este sentido, indaga en que hay un argumento "bastante convincente" de que si se ganan ciertas habilidades es a costa de perder otras y esto puede ocurrir de forma inmediata o tiempo después. "Necesitamos una regulación adecuada para que no se usen mal esas tecnologías por lo menos sin el control, el entendimiento y la aprobación específica de cada uno de nosotros como individuos", zanja el neurólogo.