El primer estudio que demuestra la existencia de tiburones cocainómanos lo protagonizan investigadores brasileños del Laboratorio de Evaluación y Promoción de la Salud Ambiental del Instituto Oswaldo Cruz, en Río de Janeiro. La conclusión principal es que, en las vísceras de tiburones de nariz larga en libertad han encontrado restos de cocaína y benzoilecgonina. Los hallazgos apuntan a los posibles impactos de la presencia de drogas ilícitas en los entornos.
A raíz de esta alerta, productores de televisión de Estados Unidos exhibieron la película Cocaine Shark, en marzo de 2023, con un argumento escabroso para, meses después, inundar los hogares de Norteamérica e Hispanoamérica con el documental Cocaine Sharks. En él se hace referencia a los fardos de droga que arrojan los traficantes en el Golfo de México al verse sorprendidos por las autoridades, y a la posibilidad de que los tiburones los devoren.
Por esas fechas, el tabloide británico The Guardian publicaba un extenso reportaje en el que informaba de que, en Key West (EE UU), habían descubierto más de una docena de paquetes que supuestamente contenían cocaína.
Este hallazgo fue posterior a otro, en el que un bañista en los Cayos de Florida encontró aproximadamente 30 kilogramos de cocaína, valorados en un millón de dólares.
“Si estos fardos de cocaína son una fuente puntual de contaminación, es muy posible que los tiburones puedan verse afectados. La cocaína es tan soluble que si cualquiera de esos paquetes se abre un poco, se destruye la integridad estructural y la droga queda en el agua”, dijo entonces a ese rotativo la doctora Tracy Fanara, de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) estadounidense.
Los tiburones se comen la cocaína
Ahora, en este estudio que aparece en Science of the Total Environment se ha comprobado la certeza de las sospechas, en el sentido de que los tiburones se comen la cocaína.
Concretamente, dicen los autores que han detectado cocaína (COC) y benzoilecgonina (BE), su principal metabolito, en ecosistemas acuáticos. Sin embargo, los estudios centrados en peces silvestres son muy limitados y no hay informes disponibles sobre elasmobranquios.
Este estudio investigó los niveles de COC y BE en 13 tiburones de nariz afilada brasileños (Rhizoprionodon lalandii). Todas las muestras dieron positivo para COC y el 92 % dio positivo para BE. Las concentraciones de COC (23,0 μg kg −1) fueron más de tres veces superiores a las de BE (7,0 μg kg −).
Además, los niveles de COC fueron aproximadamente tres veces significativamente superiores en el músculo (33,8 ± 33,4 g kg −1) en comparación con el hígado (12,2 ± 14,2 μg kg −1). Las hembras presentaron mayores concentraciones de COC en el músculo (40,2 ± 35,8 μg kg −1) en comparación con los machos (12,4 ± 5,9 μg kg −1).
Se observaron varias correlaciones estadísticas positivas entre COC y BE en hembras, lo que indica transporte y metabolización sistémica de esa sustancia.
Este estudio representa el primer informe de COC y BE en tiburones en libertad y los hallazgos apuntan a los posibles impactos de la presencia de drogas ilícitas en los entornos.