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TRIBUNA

EL ORIGEN DE CRISTÓBAL COLÓN

Supuesto retrato de Cristóbal Colón, obra de Sebastiano del Piombo
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Supuesto retrato de Cristóbal Colón, obra de Sebastiano del Piombo
EL IMPARCIAL
martes 15 de octubre de 2024, 12:05h
Actualizado el: 15/10/2024 12:28h

Ha sido, al mismo tiempo italiano, mallorquín, portugués, católico y criptojudío. Se diría que de tanto disputárselo lo fueron desdibujando, borrándolo en la imprecisión a punta de tardíos patriotismos. Al principio, pocos le quisieron: Juan II de Portugal no creyó en sus marítimas locuras y a su hijo Bartolomé las Cortes de Francia e Inglaterra le echaron con apenas cortesía. ¿Cuándo fue que Colón dejó de ser de carne y hueso y se convirtió en botín de algunas historias nacionales o en blanco de algunas avideces de parroquia? RTVE ha pretendido resolver su origen en un programa seudocientífico que ha provocado el desdén general. El historiador, ya fallecido, Fernando del Valle Lersundi, sitúa las raíces del almirante en tierras francesas de Gascuña. Muchos historiadores consideran la investigación de Valle Lersundi como la más sólida de cuantas se han difundido. Salvador de Madariaga, autor de la mejor biografía de Colón, dejó constancia del interés que en él había despertado el estudio de Valle Lersundi. Lo publicamos a continuación.

El apellido del descubridor de América no tiene relación alguna con los Colombo genoveses, ni con los Colón de Pontevedra, ni con los Colón de Córcega o de nuestras tierras de Levante, ni con alguno de los considerados hasta ahora como ascendientes del descubridor. El Colón de don Cristóbal es, simplemente, otra forma más del sobrenombre de “Coulon” o “Coullon” con que fue conocido en Francia su pariente el vicealmirante de Luis XI, Guillermo de Casenove.

Mi afirmación no pudo ser más clara y sencilla, y pasado mi informe a la Comisión de Indias tuve la satisfacción de escuchar en la sesión siguiente que la Comisión consideraba interesante el informe por mí presentado y me pedía lo documentara.

En apoyo de lo que afirmaba, ya hice en mi informe una ligera exposición de cuáles eran los documentos base de mi tesis. Considero que la mejor manera de documentar ésta es ir aportando las pruebas cronológicamente, tal como fueron apareciendo en crónicas e historias. Y como en realidad versan en su mayor parte sobre el primero de los almirantes Colón, famoso corsario gascón al servicio de Francia, comenzaré refiriéndome a Alonso Fernández de Palencia, primer cronista castellano que lo cita en el capítulo VII del libro 24 de su famosa obra “Los treinta libros de los anales de España”, escrita en latín y traducida al castellano por el ilustre archivero señor Paz y Media.

Mes de agosto. Combate naval del cabo de San Vicente.

En el capítulo V del mismo libro, nos describe Palencia el terrible combate del cabo de San Vicente que tuvo lugar aproximadamente un año después de la traición llevada a cabo por el corsario Colón a sus amigos los vascongados y en el mismo emplazamiento de aquel suceso, el 7 o el 12 de agosto de 1476.

“Exasperado Colón con el naufragio de su nave junto a Bermeo y con el daño recibido en el ataque a Ribadeo, anunció al Rey de Portugal en cuanto entró en el puerto de Lisboa que había resuelto barrer de las costas andaluzas hasta el estrecho de Gibraltar cuantas embarcaciones encontrase. Llegó de seguida la noticia del ataque del castillo de Ceuta y entonces don Alfonso reunión gran número de sus nobles y a toda prisa despachó dos galeras que habían escapado a los pasados desastres, la “Real” y la “Lope Yáñez”; las tripuló con gran número de portugueses que también embarcaron en las once de Colón y las envió a la defensa de aquella plaza. Al mismo tiempo zarparon del puerto de Cádiz, con rumbo a Inglaterra, tres gruesas naves genovesas, una galera grande y otro navío flamenco llamado de Pasquerio, sin temor a otro peligro que el de las tormentas, por la magnitud de las embarcaciones y la numerosa tripulación, aumentada entonces por la previsión de experimentados genoveses para asegurarse contra los ataques de Colón. La fortuna lo dispuso de otro modo. Al divisar estas cinco embarcaciones, las trece unidades del Rey de Portugal y de Colón destacó éste una carabela a enterarse de quiénes eran y que se proponían. Contestaron los genoveses que bien conocían Colón, la firme alianza que con los franceses tenían, en cuya virtud disfrutaban de libre navegación por todos los mares. Per él, con igual astucia que la empleada con los obedientes vascongados, dijo que el almirante, los maestros de las naves y los principales mercaderes podían pasar a la suya para enseñarles sus papeles. Como los genoveses no habían olvidado la pérfida conducta del pirata, se negaron a lo propuesto y empuñaron las armas. Adelantóse entonces Colón con la “Real” contra una de las tres galeras genovesas; la “Lope Yáñez” se arrimó al costado de otra, y una tercera clavó su arpón en la elevada borda de la flamenca Pasquerio. Las otras dos galeras genovesas, seguras de los ataques de las naves más pequeñas del pirata, auxiliaban a los suyos. Ante la tenaz resistencia de las galeras genovesas, Colón dio orden a otra de las suyas, también atestada de combatientes escogidos, de arrimarse al otro costado a fin de apoderarse antes de ella entre las dos. No veía otro recurso más eficaz para combatir que el empleo de los artificios de fuego, con los que, haciendo volar por los aires llamas de azufre y chispas encendidas, aterraba y vencía a sus enemigos. En aquella ocasión, sin embargo, unos y otros sufrieron el daño, porque cuatro naves del pirata, la “Real”, la pegada al costado de la genovesa, la que combatía con la galera grande y la que trataba de incendiar la flamenca, fueron, como las enemigas, presa de las llamas. Siete quedaron casi destruidas, y también hubieran sido las otras dos genovesas al no haber logrado extinguir rápidamente el fuego que empezaba a prender en ellas. Al defenderse de los ataques de otras embarcaciones perdieron gran parte de la gente. También perecieron todos los genoveses y alemanes de las otras galeras, menos ciento cincuenta que se salvaron a nado y recogieron las carabelas portuguesas cuyos tripulantes miraban desde la playa de Lagos que término tendría aquel encarnizado combate que duraba diez horas. Quinientos nobles portugueses perdieron allí la vida, hundidos en las aguas a causa del peso de las armaduras. Además, dos mil francés y portugueses perecieron entre las llamas o al filo de las espadas. Colón, con unos pocos, logró a duras penas subir a otras naves. Tal fue el terrible desastre de este pirata, tan funesto también para los ladrones franceses.

El relato del mismo combate que nos da mosén Diego de Valera en el capítulo XXI de su “Crónica de los Reyes Católicos”, en nada difiere de la anterior, por cuyo motivo lo omitimos, no sin indicar que mosén Diego nos señala como fecha la del 12 de agosto, en lugar del 7 que nos fija Palencia.

Cotejando estos relatos con los de fray Bartolomé de las Casas, en su “Historia de las Indias”, y don Fernando Colón, en la biografía de su padre, nos encontramos que éstos señalan la presencia de Cristóbal Colón en el combate (cosa que Palencia y Valera ignoraron) y que afirman, al mismo tiempo, que Cristóbal Colón era pariente del almirante corsario. Como estas afirmaciones tienen una importancia capital en nuestra prueba, vamos a dar cuenta de ellas, transcribiéndolas literalmente. Comenzamos por las de fray Bartolomé.

“Según todos afirman, este Cristóbal era genovés de nación; sus padres fueron personajes notables, en algún tiempo ricos, cuyo trato en manera de vivir debió ser por mercaderías por la mar, según él mismo da a entender en una carta suya; otro tiempo debieron ser pobres por las guerras y parcialidades que siempre hubo y nunca faltan en Lombardía. El linaje de suyo dicen que fue generoso y muy antiguo, procediendo de aquel Colón, de quién Cornelio Tácito trata en el libro XII al principio diciendo que trujo a Roma preso a Mitrídates, por lo cual le fueron dadas insignias consulares y otros privilegios por el pueblo romano, en agradecimiento a sus servicios. Y es de saber que antiguamente el primer sobrenombre de su linaje dicen que fue Colón, después el tiempo andando, se llamaron Colombos los sucesores de dicho Colón romano o capitán de los romanos…, pero este ilustre hombre, dejado el apellido introducido por la costumbre, quiso llamarse Colón, restituyéndose al vocablo antiguo”.

Hace más de sesenta años que Henry Vignaud, en sus “Etudes critiques sur la vie de Colomb”, página 50, descubrió que este cuento, que relatan don Fernando y fray Bartolomé, del Colón, capitán romano, citado por Cornelio Tácito “en su Libro XII, al principio”, no tenía base alguna. El historiador francés demostró que en el texto de Tácito el que lleva preso a Roma a un rey Mitrídates, y recibe como premio las insignias consulares, se llama Junios Cibo, y no Colón. Difícilmente podría derivarse de Cibo el apellido Colombo, pero no menos difícil sería el explicarnos cómo don Cristóbal, “dejado el apellido introducido por la costumbre, quiso llamarse Colón, restituyéndose al vocablo antiguo”.

También conviene señalar en este párrafo de fray Bartolomé el parecido existente de los antecedentes de los padres de Colón, “personas notables, en algún tiempo ricos”, con los que el propio Guillermo de Casenove nos dejó Alonso de Palencia; y la afirmación que sigue de “cuyo trato en manera de vivir debió ser por mercaderías por la mar, según él mismo da entender en una carta suya”, tan distinta de la supuesta tesis genovesa.

Después de estudiar lo que, referente al origen del apellido Colón, aparece en el capítulo II de la “Historia” citada de fray Bartolomé, pasamos ahora al capítulo IV, en que nos hace una relación de combate, dándonos cuenta antes de la razón por la cual don Cristóbal tomaba parte en él.

“Como fuese, según es dicho, Cristóbal Colón tan dedicado a las coas y ejercicios de la mar, y en aquel tiempo anduviese por ella un famoso varón, el mayor de los corsarios que en aquellos tiempos había, de su nombre y linaje, que se llamaba Columbo Junior, a diferencia de otro que había sido nombrado y señalado antes, y aqueste Junior trajese a grande armada por la mar contra infieles y venecianos, y otros enemigos de su nación. Cristóbal Colón determinó ir a andar con él, en cuya compañía estuvo y anduvo mucho tiempo. Este Columbo Junior, teniendo nuevas que cuatro galeazas de venecianos eran pasadas a Flandes, esperólas a la vuelta entre Lisboa y el cabo de San Vicente, para asirse con ellas a las manos; ellos juntado, el Columbo Junior a acometerles y las galeazas defendiéndose y ofendiendo a su ofensor, fue tan terrible la pelea entre ellos, asidos unos con otros con sus garfios y cadenas de hierro, con fuego y con las armas, según la infernal costumbre de las guerras navales, que desde la mañana hasta la tarde fueron tantos los muertos, quemados y heridos de ambas partes que apenas quedaba quien de todos ellos pudiese ambas armadas, del lugar donde se toparon, una legua mudar. Acaeció que en la nao donde Cristóbal Colón iba o llevaba quizá a cargo, y la galeaza con que estaba aferrada, se encendiesen con fuego espantable ambas, sin poderse la una de la otra desviar, los que en ellas quedaban aún vivos ningún remedio tuvieron sino arrojarse a la mar; los que nadar sabían pudieron vivir sobre el agua algo, los que no, escogieron antes padecer la muerte del agua que la del fuego, como más aflictiva y menos sufrible para la esperar; el Cristóbal Colón era muy buen nadador y pudo haber un remo que a ratos le sostenía mientras descansaba, y así anduvo hasta llegar a tierra, que estaría poco más de dos leguas de donde y adonde habían ido a parar las naos con su ciega y desatinada batalla…”.

“Ansí que llegado Cristóbal Colón a tierra a algún lugar cercano de allí y cobrando algunas fuerzas del tullimiento de las piernas, de la mucha humidad del agua y de los trabajos que había pasado, y curado también por ventura, de algunas heridas que en la batalla había recibido, fuese a Lisboa, que no estaba lejos”.

Veamos lo que nos refiere don Fernando Colón sobre el por qué se halló su padre en el combate de San Vicente. No recogemos el relato que hace de este combate por parecerse extraordinariamente al que hemos transcrito de fray Bartolomé. En el capítulo V nos dice don Fernando lo siguiente: “El Principio y causa de la venida del almirante a España y ser tan dado a las cosas del mar, fue un hombre muy señalado de su apellido y familia, muy nombrado por mar por la Armada que gobernaba contra los infieles y también la de su patria. Tal era su fama que espantaba con su nombre hasta a los niños en la cuna.

Antes, en el capítulo I de la biografía de su padre, nos declara su incertidumbre sobre el origen de su apellido con las siguientes palabras:

“El almirante, conforme a la patria donde fue a vivir y a empezar su nuevo estado, limó el vocablo para conformarle con el antiguo y distinguir los que procedieran de él, de los demás que eran parientes colaterales, y así se llamó Colón; esta consideración me mueve a creer que así como la mayor parte de sus cosas fueron obradas por algún misterio, así en lo que toca a la variedad de semejante nombre y sobrenombre no deja de haber algún misterio”.

Del cotejo de estas cuatro relaciones resulta evidente que fray Bartolomé y don Fernando hacen referencia con su almirante Colombo el Joven al almirante corsario Colón, falseando su nacionalidad y su sobrenombre y falseando al mismo tiempo las nacionalidades del atacante y del atacado. El combate, como se demuestra claramente por los relatos de Palencia y Valera, fue entre la escuadra aliada francoportuguesa, a las órdenes del pirata, y la escuadra genovesa. Es de suponer que en esa acción iba don Cristóbal a las inmediatas órdenes de su pariente, y es seguro que el recuerdo de su participación en esta batalla le quemaba de remordimientos su conciencia, cuando al otorgar en Valladolid, viendo ya cercana su muerte, en 19 de mayo de 1505, agregó a continuación de su codicilo una memoria o relación de ciertas personas a quienes manda se entreguen determinadas cantidades, indicando: “Háseles de dar en tal forma que no sepa quién se las manda dejar”, y en ella figuran parte de los propietarios de los navíos genoveses atacados en el combate del cabo de San Vicente.

Por otra parte, al atribuir Fernando Colón al almirante genovés que llama “Colombo el Joven”, entre sus hazañas, la de las cuatro galeras venecianas que los historiadores franceses la cuenta como una de las más famosas del almirante corsario Colón lo identifica claramente con éste.

Año 1484: Cristóbal Colón, haciéndose llamar Cristóbal Colomo, llega a España.

Llegado a tierras de Huelva, parece lógico suponer que su primera visita fuera en ellas dedicada a sus dos concuñados que residían en aquella ciudad, Pedro Corra y Miguel de Mullart, y que éstos fueran los que le recomendaran visitar en el convento de Santa María de la Rábida al padre franciscano fray Juan Pérez. Hay que pensar que el Descubridor llevaba consigo, además de un equipaje en el que abundaban los libros, a su hijo Diego, de cinco años de edad. La llegada de don Cristóbal a La Rábida, como antes indico, debió ser preparada con anticipación. El Cristóbal Colomo extranjero, presentado como tal por fray Juan Pérez a los duques de Medinasidonia y Medinaceli, y al que éste último sigue llamando Colomo en 1493, al regreso triunfante del Descubridor, hace pensar que recién llegado a La Rábida, fray Juan Pérez supo, o sabía ya de antemano, quién era su visitante. En cuanto al asunto pasó a manos de los Reyes Católicos, fray Juan Pérez debió exponer a éstos la verdad. No era el Rey Católico persona fácil de engañar, y es seguro que si no se lo hubiera declarado el religioso lo hubiera averiguado, ordenando se hicieran toda clase de pesquisas con objeto de conocer la procedencia y cuanto en su vida había realizado el Descubridor.

En el año 1487, el 5 de mayo, figura cobrando “Cristóbal Colomo extrangero” tres mil maravedís de la tesorería d ellos señores Reyes Católicos. E 17 de agosto se le paga por la misma tesorería otros cuatro mil maravedís más. Al año siguiente de 1488, el 16 de julio, Cristóbal Colomo cobra otros tres mil maravedís. Pero no terminan en esto las ayudas prestadas a Cristóbal Colomo “extranjero” por los Reyes Católicos, pues el 11 de mayo de 1489, por una real cédula, ordenan que tanto a Colomo como a los suyos “se les den buenas posadas sin dineros”.

Al parecer cobrando como “Cristóbal Colomo extranjero”, cosa desusada entonces en la Tesorería Real, sin expresar la naturaleza del cobrador, hace creer se trata de algún secreto de Estado, que convenía, cuando menos de momento, no aclarar. Al firmar las capitulaciones redactadas, como se sabe, por el gran protector del Descubridor, fray Juan Pérez, y el tesorero de Aragón Coloma, firma por primera vez el futuro almirante como “Cristóbal Colón”, con el sobrenombre con que hasta entonces era conocido en el extranjero.

El Rey Católico perdonó, sin duda, y dio al olvido los ataques que de los dos corsarios Colón, Cristóbal y su pariente, había recibido en sus navíos y en las costas de sus territorios.

Año 1488: Se confirma el parentesco del almirante francés con don Cristóbal.

Ahora bien, en 10 de marzo del año 1488, es decir, un año anterior a la Real Cédula citada, Cristóbal Colón había recibido una carta del Rey de Portugal, en la que, contestando a una que Colón le había dirigido, le daba aquel monarca seguridades para su ida a aquel reino. En ella, el Rey en el sobrescrito dice:

“A Xpoual Colon noso especial amigo en Sevilla”, y en el texto de la carta aparece dirigida a “Xpoual Colon”.

“Nos Dom Joham, per graze de Deos, Rey de Portugall, é dos Algardes; da aquen é de allem mar om Africa; Senhor la Guinee vos enviamos muito saudar…, a XX días de marzo de 1488. El Rey”.

Esta carta de don Juan II es la que más valor tiene para la prueba del parentesco de don Cristóbal Colón con el corsario Colón, vicealmirante de Francia. Don Juan II de Portugal fue encargado por su padre el Rey don Alfonso V, en el año 1474, de la dirección de las Armadas y descubrimientos geográficos del reino vecino. Fue, por tanto, quien con el corsario francés organizó el ataque a los puertos españoles en el Estrecho de Gibraltar, que no llegó a realizarse como consecuencia del desastre de la Armada francoportuguesa en el combate antes citado del cabo de San Vicente. El corsario había muerto en 1483, y el hecho de concederle, tanto en la carta como en el sobrescrito, los sobrenombres de Colón y Collón, que usó el corsario, demuestra claramente -a mi modo de ver- que al Rey don Juan le constaba el cercano parentesco que unía al Descubridor con el almirante francés, y que le daba dos de los sobrenombres que éste usó y con los que fue conocido, pareciendo considerarle sus herederos. Este testimonio del parentesco es el tercero, ya que anteriormente hemos señalado las declaraciones sobre el mismo dadas por fray Bartolomé y por don Fernando.

Existe un cuarto testigo de este parentesco y es el propio don Cristóbal, que en la carta que lleno de amargura escribió al llegar a España preso en 1500 a doña Juana de la Torre, ama del Príncipe don Juan, le dice: “Yo no soy el primer almirante de mi familia”. Y esto era cierto, porque el primer almirante Colón conocido en España fue, como que fue, como queda demostrado, el corsario francés, y el segundo almirante que llevó el sobrenombre de Colón fue don Cristóbal.

Se aclara quién fue el almirante francés Colón.

Como se ve el origen gascón señalado por Alonso de Palencia en sus Anales queda confirmado con lo que nos dice Henry Vignaud. Probado como queda anteriormente el parentesco de don Cristóbal con el corsario Casenove, del cual heredó su sobrenombre de Colón, dicho parentesco y herencia hacen presumible el origen también gascón de don Cristóbal. Las manifestaciones de diversos testigos de que al Descubridor se le sentía extranjero en Castilla y que en su manera de hablar el castellano se le conocía que no era natural del Reyno de los Reyes Católicos eran, desde luego, ciertas y lógico el que se lo notaran. Su idioma nativo fue probablemente el gascón, o acaso vascuence, idiomas que hablara con sus familiares y con la marinería. Los gascones, vascones, romanizados, de origen ibérico, es decir, hispano, habían ocupado en la antigüedad toda la Aquitania, que comprendía desde el nacimiento del Garona en los Pirineos hasta su desembocadura en Burdeos, y la costa del llamado golfo de Gascuña hasta la provincia de Labourd.

Dadas las relaciones que Guillermo tenía con los vizcaínos y los gascones, según hemos podido ver en los textos de Alonso de Palencia, el nacimiento de estos dos almirantes Colón debió tener lugar en el antiguo reino de Navarra, frontera con la provincia de Guipúzcoa o acaso en la misma Guipúzcoa Calculando los años en que ambos actuaron, si nacieron en Navarra, es muy posible fuera en tiempos en que el Rey don Juan II de Aragón, como marido entonces de doña Blanca de Hebreux, su primera mujer, era Rey consorte de dicho reino. Por muerte de doña Blanca recayó su corona en su hijo, el noble, culto y desgraciado don Carlos, príncipe de Viana, habiendo don Juan contraído segundo matrimonio con doña Juana Enríquez, madre del Rey Católico, surgieron graves desavenencias, entre el príncipe y su padre, a poco de ser aquél coronado. Estas desavenencias terminaron en una sangrienta guerra civil, en la cual, Navarra y sus alrededores fueron campo de batalla durante años entre beamonteses y agramonteses: los primeros partidarios de don Juan y los segundos del príncipe.

Los Casenove tenían dos ramas de su linaje en la zona de combate y una tercera muy cercana a él. En el lugar de Bardos, en el Labourd, hoy Canton de Bidache, alza todavía sus viejos muros la casa palacio de Casenove, muy posiblemente la nativa de Guillermo. Otra encontramos en Pamplona, donde en su archivo de la Diputación existe un documento del año 1568, litigado por Berenguer y Sancho de Casanova, hermanos, en que prueban ser hijos legítimos de Juan de Casanova que demostró anteriormente ser descendiente de las casas y palacios de Echéverz y Casanova, “en tierra de vascos”. La tercera, se hallaba, y se halla situada en la ciudad de Fuenterrabía, y por estar lindante con el reino pirenaico y enlazadas familias de esa zona con las de Navarra, puede considerarse como zona de combate. La rama de Fuenterrabía era tenida como una de las principales de dicha ciudad y estaban dedicados sus familiares a la carrera del mar, dando la coincidencia posiblemente casual, de que en el siglo XVI figuran un Casanova que se llama Cristóbal y otro que se llama Diego.

Creer, dada la manera de ser de Guillermo de Casenove, que si, como suponemos, nació en el reino de Navarra, no hubiera tomado parte en esas guerras civiles, me parece imposible. Sería cosa lógica que él, como navarro y luchador, teniendo en cuenta que Bardos, donde pensamos que acaso nació, era señorío de una línea fundada por Sancho García de Agramonte, feudatario del conde de Foix -que luego afrancesada se hizo famosa con los títulos de duque de Gramont, príncipe de Bidache y con de Guiche-, tomara el bando agramontés, contrario al Rey don Juan II, y acaso se hallara en la desgraciada jornada de Aybar, en 1452 -en la que el príncipe de Viana cayó prisionero en manos de su padre-, y como consecuencia de ello se viera obligado a abandonar su tierra natal.

Esto me hace suponer, también como posible, que las luchas con los ladrones a que hace referencia Alonso de Palencia, fueran luchas sostenidas contra los beamonteses, dado el que unos y otros combatientes tenían, como en casi todas las guerras civiles -y en algunas que no son civiles-, mucho de ladrones. Lo cierto es que después de su inicua acción contra los vizcaínos, Guillermo, como súbdito, en su carrera de pirata, del Rey Luis XI de Francia, procuró atacar cuando pudo a las costas y naves de don Fernando, rey de Aragón y Castilla. El descubridor se formó a su lado, según nos declaran fray Bartolomé y don Fernando Colón, afirmando que pasó con él muchos años, y acaso el episodio como corsario a las órdenes del rey Renato de Anjou, por don Cristóbal recordado en su carta de 1495 a los Reyes Católicos, y que debió de tener lugar en la primera mitad de la octava década del siglo XV, lo realizara por delegación de su pariente Guillermo.

Es imposible comprender cómo los que han estudiado a fondo los orígenes de nuestro primer almirante del Mar Océano, no hayan resuelto este problema hace ya mucho tiempo. Solamente la labor enredadora de fray Bartolomé y don Fernando, inventando la oriundez genovesa del Descubridor, apoyada entusiásticamente por una serie de falsificadores italianos, ha podido cegar hasta ahora a los investigadores, en tan terrible forma. Nuestro gran Fernández de Navarrete demostró hace más de ciento cincuenta años que el único documento en que don Cristóbal manifestaba haber nacido en Génova era falso, ya que en él, que no es nada menos que la fundación del mayorazgo de Colón, otorgado el 22 de febrero de 1498, figura la siguiente súplica, que demuestra claramente su falsedad: “Y asimismo lo suplico al Rey y a la Reina nuestros señores, y al Príncipe Don Juan, su primogénito nuestro Señor”. Recordemos que el malogrado Príncipe Don Juan había muerto el 6 de octubre del año anterior. Igualmente demostró la falsedad del codicilo militar. Desgraciadamente, el inventario de la Sección del Patronato Real de nuestro maravilloso Archivo de Indias de Sevilla, maravilloso por su arquitectura y por su riqueza documental, se redactó pocos años antes de la publicación del trabajo del que fue ilustre director de esta Real Academia, y como consecuencia, esos dos documentos falsos, que al que formó el inventario le parecieron de una autenticidad clara e indiscutible, recalcada por él con gran entusiasmo, siguen confundiendo a los investigadores colombinos a su llegada, que como consecuencia, siguen aferrados a la tesis del Cristóbal Colón genovés.

Origen del sobrenombre de “Colón”.

Hacia el año 1452, acaso coincidiendo con la desgraciada batalla de Aybar, establecióse en el puerto de Harfleur, ya de mucho tiempo atrás nido constante de piratas en la costa de Normandía, Guillermo de Casenove (parece lógico suponer que si el año 1461, según afirma Harrisse, era ya vicealmirante del Almirantazgo de dicha región, debió comenzar su vida de corsario ocho o diez años antes). Hombre inteligente, bélicos y bravo, rodeóse, sin duda, de marinos expertos.

Es indudable que el sobrenombre, en sus varias formas, halagó a Casenove, quien no sólo lo aceptó complacido, sino que lo usó detrás de su nombre y apellido. Como “Guillaume de Casenove, dit Coulon” figura en el encabezamiento de varios documentos y hay que agregar que cuando tuvo que signar algún papel de carácter oficial, sólo lo firmó, en grandes letras, con el sobrenombre de “Coullón”.

Aclarado ya que “Coullón” es derivado del bretón francés “Goéland”, se ve clarísima la razón por la cual los pescadores bretones bautizaron con dicho sobrenombre a Guillermo de Casenove. Es fácil suponer cuál hubiera sido la reacción del corsario ante la persona que le hubiera llamado “Pigeon”, pues no era precisamente Casenove una inocente paloma. Llamáronle “Coullón” por “Goéland”, que en castellano correspondería más bien a “Gaviotón” que a “Gaviota”.

Consideraciones finales.

Demostrado ya el origen del sobrenombre de Colón, con que fue conocido el almirante Guillermo de Casenove, con quien convivió muchos años; demostrado que don Cristóbal usó este mismo sobrenombre, con el que fue conocido por el Rey don Juan II de Portugal, queda probada la afirmación hecha por mí ante la Real Academia, el 11 de octubre. El apellido del descubridor de América ninguna relación tiene con Colombo. Colón gallego, Colom, etcétera; es simplemente el sobrenombre que bretones y normandos dieron a Casenove, de quien lo heredó, o acaso lo usufructuó al mismo tiempo, nuestro gran almirante del Mar Océano. El origen gascón de Casenove hace presumible fuera también el de su pariente don Cristóbal, y es lógico se tenga por tal mientras no surja un “documento auténtico” que lo contradiga.

Lamento que Génova e Italia entera tengan un gran desengaño, pero la realidad es que sólo España, Francia y Portugal están verdaderamente relacionadas con el descubridor de América. La primera por la probable oriundez ibérica del autor, por haberse realizado a expensa de España, bajo nuestros estandartes y en nombre de los Reyes Católicos Fernando e Isabel. La segunda, por haber estado a su servicio durante muchos años como corsario don Cristóbal Colón y ser el vocablo “Colón” del idioma antiguo francés el que como apellido inmortalizó el Descubridor. En cuanto a nuestra hermana ibérica Portugal, de no ser por la estancia de ocho años de don Cristóbal en sus dominios, donde se avecindó, donde se casó, donde nació su hijo don Diego, y donde respiró el ambiente obsesionante de los descubrimientos que llevaban a cabo los portugueses, probablemente nunca se le hubiera ocurrido pasar de capitán de corsario a Descubridor.

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