La leyenda cayó frente al sucesor aunque dejó algún punto para la nostalgia (6-3 y 6-3). El murciano jugará por el botín ante Sinner y el zurdo se medirá a Djokovic por última vez.
El Kingdom Arena de Riad, Arabia Saudí, ha tenido este jueves el privilegio de acoger el último enfrentamiento entre Rafael Nadal y Carlos Alcaraz. Palabras mayores. El mejor deportista español de la historia y el fenómeno que está llamado a tomarle el testigo en el tenis, en el epílogo de su rivalidad. Antes de este partido de semifinales del pomposo torneo de exhibición llamado Six Kings Slam, leyenda y juvenil se habían medido tres veces, con dos victorias para el balear (Madrid 2021 e Indian Wells 2022). Esta noche cerró el murciano la serie con empate, al ganar por 6-3 y 6-3.
Las lesiones del manacorí no han permitido a la afición española disfrutar del todo del delicioso choque entre sus ídolos. El ganador de 22 'Grand Slams' ha decidido colgar la raqueta este año porque ya no aguanta más. El rosario de molestias que lleva décadas soportando le ha vencido, a sus 38 años. Y es padre y entiende que la vida le está llamando a otra etapa diferente. Así pues, 'Carlitos' y la hinchada se han tenido que conformar con sólo cuatro capítulos que han bastado para paladear el mejor talento del tenis español.
'Carlitos' hereda la corona
Esta vez dominó Alcaraz. El actual número dos del ranking ATP ha entrado ya en ignición. En este 2024 ha ganado Wimbledon, Roland Garros, una plata olímpica, el Masters de Indian Wells y el torneo de Pekín. Está concentrado en volver a la cima de este deporte, trono que ya ha ocupado durante 36 semanas, así que compite por la gloria de cada torneo en que participa. Cuesta verle fuera de dinámica cuando salta a una pista y en esta jornada tan especial demostró su determinación desde el principio. Le rompió el saque a Rafael en el primer juego del encuentro. En blanco.
Nadal tardó en calentar y el jugador nacido en el Palmar confirmó la rotura, pero el zurdo legendario demostró que no estaba de paseo. No había jugado un partido desde los Juegos Olímpicos de París y esta temporada no ha podido participar más que en siete torneos, con resultados discretos. Se ha centrado en volver al tenis de élite, en esa batalla contra su cuerpo que lleva librando un lustro. Y consiguió despedirse de su jardín, Roland Garros, amén de saludar a los fans de Madrid, Roma y Barcelona. Este es contexto que subraya a la cita saudí como un evento distinguido.
El mito español se rehízo con el paso de los juegos, sorprendiendo con una movilidad que negaba la falta de ritmo inherente a una prolongada ausencia. Dejó algunos puntos que maravillaron a la tribuna y defendió su servicio con oficio hasta que Alcaraz decidió dar un portazo al primer set. En el noveno juego firmó otro 'break' y confirmó el 6-3 que resumía la presente distancia de intensidad y acierto entre los dos contendientes. Aún así, el murciano cometió algunos errores que bien pueden corresponder a los nervios que, tal y como confesó en la previa, presumía que le iba a despertar esta cita.
El Alcaraz más respetuoso
Impuso su ritmo y velocidad de golpeo la perla de 21 años. Con eso le bastó para complicar sobremanera la papeleta a un Rafael que lo intentó todo con gallardía. Fue superado por la ebullición de su paisano y acumuló errores no forzados e imprecisiones. Además, las bolas que le tocaba devolver se pegaban a los ángulos y llegaban pesadas y profundas. Nadal alcanzó a rubricar un juego de saque en blanco pero 'Carlitos', que despegó de verdad en el segundo set, le rompió el servicio y se escapó con el 3-1.
Saques directos, dejadas, derechas atronadoras y subidas a la red desplegó el juvenil. Aplicó su paleta habitual para confirmar la rotura con profesionalismo. Sin festejar los puntos, porque el respeto que guarda hacia el balear es abrumador. Con sobriedad avanzó hasta completar un triunfo que, si bien corresponde a un torneo de exhibición, contiene un simbolismo importante. Rafael se marchó tras poner en pie a la grada en el sexto juego de la segunda manga, un juego que ganó en blanco con un tenis espléndido, con golpes de los suyos. Exigiendo a Alcaraz. No pudo evitar que se le escapase una sonrisa que emanaba un "sigo siendo el rey".
'Carlitos' no mostró emociones, en un ejercicio de contención reseñable. Se supo dominador y se negó a quitarle el aire solemne a esta suerte de homenaje al legado de su ídolo. Un saque directo estableció el 5-2 y cerró el 6-3 definitivo después de que el veterano alzase al respetable de sus asientos de nuevo, con otro chispazo emocionante de tenis. Así acabó un encuentro para el recuerdo que, bajado a la superficie, da paso a la final en la que Alcaraz se jugará seis millones de dólares con Sinner. Y que ofrece un regalo al plantea: Djokovic y Nadal se enfrentarán el sábado para poner colofón a su eterna rivalidad.