Tomamos el tren mis « dos » hermanos y mis abuelos maternos. Llevamos una gran tortilla que solo hoy , de semejante tamaño, puedo ver en París todos los días en Galerie Lafayette. Obviamente todos viajamos « protegidos »por el imprescindible salvoconducto más aparatoso que el actual pasaporte : alarife de la nada cubriendo de azul el sobresalto.
No sabía cómo despedirme de la « madre », que vino a la estación, para que supiera que estaba enamorado de ella desbordando los railes y la cifra de mi anhelo.
Gracias a la« madre », ya había pasado el examen de ingreso del Bachillerato que otra vez creí haber fallado. Como me aprendí de memoria el ‘dictado’, cuando lo copié para los abuelos casi gritaron:
-«¡¿Cómo has puesto hazaña sin hache!? »
Los periódicos hablaban demasiado y siempre muy mal del Presidente-de-la-República.
En Madrid mi madre me matriculó el entonces primer año de bachillerato en el Colegio de San Antón. En el que estudió Victor Hugo y se enamoró de una niña de su edad, Pepita, de la que su declarado-discípulo Baudelaire se cachondea en silencio.
Vuelto a Francia y casado Victor Hugo dijo:
-«De niño hablaba mejor el español y hasta empezaba a olvidar el francés »
Escribe su diario en un chapurreo de español para que su mujer y su querida no puedan leerle... se refiere varias veces, por ejemplo, a la calle Ortaleza.
En el Colegio yo estaba con los « de pago », los gratuitos tenían una entrada lateral y de vía estrecha escondiéndoles entre las pezuñas de la preponderancia. No podiamos hablar con ellos y aun menos con los presos a través de las ventnas alambradas que ocupaban una parte importante del Colegio.
Me costó mucho acostumbrarme a Madrid, tan diferente, tan grande a chorros, cubierta de oscuros muros de melancolía, sin cigüeñas, sin la noche, su arrebato y embeleso…
Y sin la «madre » , concertado mi pulso a su invocación .

Cuadro al óleo de Rafael García Crespo croquis de Arrabal 195 cm x 130cm