Víctor de la Serna ha sido, sin duda, de los más importantes periodistas y escritores de gastronomía y, sobre todo, de vinos, en el ámbito iberoamericano.
Durante 40 años, compartió conmigo, o compartí yo con él, las actividades de la Real Academia de Gastronomía de España.
Era una persona de una extraordinaria cultura, de una gran humanidad y de unos increíbles conocimientos sobre el mundo del vino, heredados de su padre, quien presidió la Federación Internacional del Vino.
Es una gran pérdida para la Real Academia de Gastronomía de España y, también, para la Academia Iberoamericana.
La Academia Iberoamericana publicó un comunicado, en el que expresa “el sentimiento generalizado de la gastronomía y el de sus amigos por el fallecimiento de Víctor de la Serna. Su labor incansable y sus trabajos en la gastronomía, en su sentido más amplio, han tenido también difusión en todos los países de Iberoamérica y, por tanto, el sentimiento es común a toda Iberoamérica. Descanse en Paz.”
Como presidente de la Academia Iberoamericana de Gastronomía, me incorporo a esas manifestaciones y quiero también, a título personal, desearle todo lo mejor en el cielo, donde espero que enseñe a beber a los ángeles.