El futbolista brasileño partía como el gran favorito en los pronósticos y se tuvo que conformar con la segunda plaza, por detrás de Rodri.
Vinicius Junior no es el mejor futbolista del mundo. Eso es lo que ha constatado este lunes el Balón de Oro de la revista 'France Football'. Para mayor precisión, el galardón ha premiado a Rodri Hernández como el jugador más brillante de la temporada 2023-24. Y 'Vini' se ha tenido que confirmar con una segunda plaza que le sabe poco menos que a traición. El Real Madrid tampoco ha digerido bien la resolución de un premio que venía nutrido por una rumorología generalizada que apuntaba al triunfo del regateador brasileño. Tal ha sido el enfado de la delegación merengue que en torno a las 14:00 horas del 'día D' decidieron cancelar el vuelo chárter preparado y quedarse en casa como señal de protesta. En Chamartín hablan de "falta de respeto" (tampoco Carvajal ha sido premiado) mientras que el planeta les señala por su falta de deportividad en la 'derrota'.
Ese es el panorama que ha revuelto al fútbol en este inicio de semana. Cuando la gala de entrega del máximo galardón individual estaba llegando a su fin, Vinicius publicó este mensaje en sus redes sociales: "Lo haré 10 veces más si es necesario. No están preparados". Fiel a su perfil cuando compite sobre el césped, entre desafiante y estridente, lanzó esta suerte de lamento. Ni él ni sus compañeros de vestuario, sus jefes, colegas de selección nacional e hinchas madridistas han quedado satisfechos con el Balón de Plata. Sus números y relevancia en la conquista madrileña de la Liga y la Liga de Campeones pasadas parecerían bastar para recibir la ilustre condecoración dorada. Sin embargo, no ha sido así. Ahora, todavía con la resaca a cuestas, cabe preguntarse los motivos que han desembocado en esta decepción que contamina Valdebebas.
Un rendimiento sobresaliente
'Vini' firmó una tarjeta estadística notable en el curso sobre el que se analizaban a los candidatos al premio. Anotó 26 goles y repartió 12 asistencias en los 49 partidos disputados. Si se amplía el foco, se atisban picos en ese rendimiento como el gol que decantó la 'Decimoquinta' en la final ante el Borussia Dortmund y el crucial doblete que le endosó al Bayern, en Alemania, durante la ida de las semifinales del máximo torneo continerntal. Ese bagaje bien puede ya inscribir a su autor en la terna de aspirantes a los laureles, aunque hay más en el zurrón. Para el recuerdo queda el triplete que le dedicó al Barcelona en la final de la Supercopa de España y su capacidad para desbordar a casi todos los oponentes ligueros, hasta el punto de consagrarse como el guía último del equipo campeón (el primer abanderado, antes del tercio postrero del calendario, fue el Balón de Bronce, Jude Bellingham).

Expuesto el currículum que argumentaba el favoritismo en casi todos los mentideros futbolísticos del nacido en el Estado de Río de Janeiro, vale la pena recordar los parámetros que tiene en cuenta el cuerpo de votación del Balón de Oro para emitir su dictamen. Son 100 periodistas los encargados de enjuiciar el rendimiento de los 30 futbolistas candidatos que propone la revista 'France Football'. Los plumillas pertenecen a los 100 primeros países clasificados en el ranking que elabora la FIFA y han analizado las actuaciones de los jugadores desde el 1 de julio de 2023 hasta el 30 de junio de 2024. Ya no se premia el trabajo en un año natural; se escudriña la temporada que comienza con los torneos veraniegos y concluye con la final de la Liga de Campeones (o del Mundial, Eurocopa o fase final de la Liga de Naciones, dependiendo del caso).
Sentadas estas bases, ¿cómo se valora la supremacía de un jugador sobre otros si se trata de un asunto subjetivo, opinativo? El Balón de Oro debe sobresalir en tres apartados de valoración: el rendimiento puro (goles, asistencias e impacto en los partidos y rivales), la cosecha de trofeos de su equipo y selección nacional, y, por último, se examina la imagen pública que proyecta el futbolista. Los dos primeros parámetros han quedado relatados a lo largo de este texto y son de sobra conocidos porque se refieren a la mera acumulación numérica de méritos, pero el tercer vector no pertenece tanto a la frialdad de los números y, por tanto, está sujeto a lo azaroso del criterio personal del examinador. Y ahí es donde yace la polémica subjetividad como elemento distorsivo. Porque la personalidad del Vinicius futbolista polariza. En este sentido, entre los 100 periodistas que eligen al mejor jugador de fútbol del mundo habrá quien contemple al eléctrico regateador como el referente actual de la lucha contra el racismo, al tiempo que otros le percibirán como un provocador incorregible.
Rodri se ha ganado sin duda el galardón que acaba de recibir -quizá le pertenecía más el de 2023, ya que condujo al Manchester City a la gloria total, con gol decisivo en la final de la Liga de Campeones incluido, y llevó a España al festejo en la Liga de Naciones-. Nadie posee una jerarquía como la suya en el puesto de pivote defensivo. Es más, cuesta recordar otro peón equilibrador con tanta influencia en el juego desde su rol. Ni el legendario Sergio Busquets alcanzó la producción goleadora del madrileño. Y en la cima de todo sobresale que se ha convertido en el paradigma del fútbol moderno desde su astucia para presionar. En cambio, siendo todo esto cierto puede dar la impresión que este Balón de Oro le pertenece, en parte, por su carácter. El medio francés 'L’Équipe', cabecera que acoge a 'France Football', desglosa este matiz en los criterios de valoración del codiciado premio. "El criterio número tres hará referencia a la categoría del jugador y su sentido del juego limpio. Porque dar ejemplo también cuenta", explica.
La polémica decisión
Lo más cercano a la objetividad en este elemento de juicio son las tarjetas amarillas y expulsiones de un futbolista. Vinicius vio 13 amarillas la pasada temporada y dos veces sufrió una suspensión de un partido por acumulación de amonestaciones (en la jornada 30ª de LaLiga, ante el Athletic, y en los cuartos de final de la Copa América con Brasil). Son cifras resbaladizas para un delantero. El mediocentro destructor del City, obligado a pegar mucho más por las atribuciones de su labor en el campo, vio 13 amarillas (dos suspensiones por acumulación de tarjetas, una en la Premier League y otra en la Eurocopa) y dos rojas en 56 partidos disputados. La gran diferencia, el aspecto que ha podido desnivelar la balanza entre ambos candidatos al oro es la manera en la que han llegado esas penalizaciones.
En los últimos meses el entorno de Vinicius ha deslizado su incomodidad con (y en) LaLiga. A sus 24 años se percibe como la presa de una persecución que sólo le afecta en los estadios españoles. Mallorca, Valencia y el Metropolitano son algunas de las múltiples plazas que le han visto bordear la pérdida de papeles en estos años de explosión futbolística del atacante merengue. Sus protestas a los árbitros y gestos a la grada rival se han convertido en una constante que le ha acarreado buena parte de esas tarjetas amarillas mencionadas. Hasta la fecha no parece ir con él el autocontrol y responde a los insultos y menosprecios que recibe (algunos de corte racista, otros relacionados con el fútbol) a pesar de las reiteradas recomendaciones que le dedican desde varias esferas del fútbol. Mitos del madridismo, analistas, árbitros y hasta su entrenador, Carlo Ancelotti, le han dado ya algún 'toque' al respecto.
Aún así, ¿puede decidirse un Balón de Oro por la personalidad del futbolista? 'L’Équipe' publicó horas antes del anuncio del ganador el resultado de la encuesta popular que había organizado entre sus lectores. Vinicius "obtuvo el 41,3% de sus votos y está por delante del español Rodri (13,5%)", manifestaba una publicación que señaló que el brasileño "voló durante la temporada". Las razones relativas al juego sostienen su candidatura, no hay duda. Lo que suscita suspicacias es ese envoltorio extradeportivo que en ocasiones le da a sus actuaciones. Pero si este elemento conductual hubiese decidido el galardón de 2024, ¿lo habrían ganado iconos turbulentos como Hristo Stoichkov (batió en el 94 al inmaculado Roberto Baggio, finalista del Mundial), Lothar Matthäus, Michel Platini, Karl-Heinz Rummenigge, Kevin Keegan o el mismísimo George Best?