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FÚTBOL

Las razones que explican por qué Mbappé está empeorando al Real Madrid

Las razones que explican por qué Mbappé está empeorando al Real Madrid
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(Foto: EFE)
jueves 07 de noviembre de 2024, 22:37h
Actualizado el: 21 de enero de 2025, 15:04h
Ancelotti sigue sin encontrar la manera de encajar a sus piezas. Esta es la receta de la primera crisis del vigente campeón de todo.

El Real Madrid conquistó la Liga de Campeones y la Liga en 2024. No es poca cosa. De hecho, esa cosecha representa el éxito que persigue toda la aristocracia del fútbol europeo cada año. El problema actual en Chamartín pasa por la relación entre las expectativas y la exigencia, y son varios los argumentos que han abonado el terreno para que el club esté abordando ya una ciénaga del todo inesperada. Parecería que en tres meses se ha evaporado el crédito de una plantilla que alcanzó la cima de este deporte en junio. No sin razón, de las tribunas del Santiago Bernabéu desciende el enfado del personal, que no comprende la paradoja: juegan peor después de haber fichado, al fin, a Kylian Mbappé, el futbolista llamado a tomar el testigo de Cristiano Ronaldo y de Lionel Messi en la pompa del Balón de Oro.

Precisamente, para localizar un ambiente de desorientación colectiva similar al que ha acumulado el conjunto merengue en estos 10 días hay que acudir al curso 2018-19. En aquel ejercicio se acababa de despedir el astro portugués, camino de Turín. La atmósfera de orfandad se expandió de tal manera que el juvenil Ajax de Frenkie de Jong, De Ligt, Van de Beek y compañía eliminó al coloso madridista en el torneo continental con un doloroso 1-4. El palco trató de reflotar el barco con Julen Lopetegui y Santiago Solari, pero no hubo manera. El grupo de futbolistas campeones de Europa en los meses previos habían bajado sus revoluciones y concentración. El bloque desunido y desequilibrado se arrastró hasta un tercer puesto liguero y no festejó nada más que el flácido Mundial de Clubes.

Ese es el precedente al que se está acercando el rendimiento presente de los capitalinos. Y, como entonces, hay una despedida nuclear que rellena de sentido lo que está ocurriendo. El adiós de Toni Kroos lo ha desordenado todo. La clarividencia del arquitecto alemán, que en la senda de la 'Decimoquinta' creó y, sobre todo, defendió mejor que nunca, no ha recibido un reemplazo y se nota demasiado. Porque además de poseer una precisión en largo capaz de provocar que perdiera pie la zaga mejor asentada, el número '8', simplemente, sabía jugar bien al fútbol. Y saber jugar bien al fútbol significa atacar con creatividad y puntería, y achicar con efectividad y compromiso. Da la impresión que el organigrama directivo madrileño ha errado el cálculo de la dimensión histórica de Kroos. Eso o contemplan esta temporada como una transición antes de dar otra dentellada al mercado. Toni casi nunca ha recibido premios individuales en el ciclo triunfal que vivió en Madrid, pero su importancia real se está padeciendo cuando ya no está.

El origen de los males

El todopoderoso Manchester City de Pep Guardiola está en condiciones de dar fe sobre qué ocurre cuando Rodri se lesiona. ¿Cómo es posible que un equipo en el que juegan De Bruyne, Foden, Haaland, Ruben Dias, Ederson, Kyle Walker y compañía se diluya con la ausencia de un mediocentro? Porque el motor español es el cerebro que sostiene ambas fases del juego. El que ajusta la táctica y entiende cuándo hay que jugar rápido o lento. Kroos representaba ese rol y su jubilación está causando el mayor de los impactos, anegando, incluso, la influencia de un delantero de la jerarquía de Mbappé. Y es en esta dramática coincidencia temporal en la que merece la pena detenerse para comprender los males que aquejan al irreconocible campeón de todo.

Carlo Ancelotti lleva desde agosto repitiendo varios conceptos cada vez que se le acerca un micrófono. "Solidez", "equilibrio", "intensidad", "responsabilidad" u "orden" son las palabras más utilizadas por un estratega italiano que sabe -lo proclamó en septiembre- lo que le ocurre a su vestuario. Este martes, después de caer por 1-3 contra el Milan de Fonseca -que no es el de Sacchi, ni el de Capello ni el del propio 'Carletto'-, el entrenador merengue afinó el tiro: "No puedo decir que mis jugadores estén vagos, pero es cierto que en estos momentos no somos capaces de hacer un trabajo colectivo eficaz". Le preguntaron por la reiterada inferioridad en los kilómetros recorridos de sus futbolistas en los partidos con respecto a sus rivales (más de cinco menos en cada uno de sus duelos europeos), mas arrinconó ese asunto porque el conflicto no es de distancia recorrida sino del sentido de las carreras y de quién no está sudando lo suficiente cuando no tiene la pelota.

En este último apartado vuelve a escena Mbappé. Todos los técnicos que ha tenido el fenómeno francés en su ilustre carrera deportiva, incluso Leonardo Jardim, que le vio eclosionar en Mónaco, le han pedido que se implique en las labores defensivas. Bien presionando o bien guardando la posición. El último que le dirigió en París, Luis Enrique, incluso le mentó el galardonado despliegue defensivo de Michael Jordan para convencerle de lo necesario de la implicación de todos en la defensa. Lo cierto es que el tiempo y los logros han disminuido la energía que Kylian aplica a la solidaridad de esfuerzos para recuperar la pelota. Casi nunca ha recibido reprimendas públicas de verdad, contundentes, porque compensaba ese defecto con una producción goleadora y de amenaza atacante asombrosos. Sin embargo, en la Castellana su veneno no asoma con la frecuencia deseada (49 remates realizados, ochos goles anotados) y queda al descubierto y sin maquillaje lo nocivo de su indolencia.

Sin gol, las flaquezas de Mbappé quedan expuestas

Al Madrid le han metido nueve goles en sus últimos tres partidos jugados en casa -los descritos milanistas, el 0-4 del Barcelona y los dos que les metió el Dortmund a pesar de la enésima remontada apoteósica-. Y le han podido encajar una cifra realmente sonrojante en estos meses de competición si no fuera porque bajo palos ha estado Thibaut Courtois. Lo preocupante, más allá de esta llamativa cifra de tantos encajados, es la enorme cantidad de ocasiones claras que le generan. Da igual que compita en su estadio o a domicilio. Efectivamente, que los jugadores han bajado su concentración cuando toca esforzarse para robar, es un hecho. No se puede obviar, tampoco, el sacrificio que aporta el hoy defenestrado Rodrygo ni la crucial baja de Dani Carvajal. Pero lo que llama la atención es lo deficiente de la presión, que desemboca en llegadas nítidas de los oponentes al disfrutar de metros que recorrer sin oposición.

Los intentos de presionar a cancha completa requieren, por definición, la activación verdadera de todos los peones. Porque si hay uno que no cumple el desbalance es inmediato y la salida de juego ajena deriva en oportunidad en el área propia. Por ahí está sangrando el plan de Ancelotti. No ayuda la baja forma de Aurelién Tchouaméni, un pivote que, aunque se empeñen los preparadores que le dirigen, cuenta con aptitudes más parecidas a las de Patrick Vieira que a las de Claude Makelele -le falta rapidez de reacción para erigirse en un recuperador de balones especializado-. Pedri ha robado más balones que él, mas se trata de un tema de desequilibrio coral que comienza por la nula aportación de Mbappé. Valdría con que mantuviese la posición y se limitase a evitar que los centrocampistas oponentes giren el juego, arma que está atormentando de manera repetida al achique madridista. Si no quiere emplear su energía en apretar a los centrales, que vigile a los mediocentros.

La planificación deportiva, cuestionada después de muchos años

Karim Benzema ha analizado esta semana otra de las heridas que incomodan al Madrid. "A Vinicius no se le puede meter de ‘9' (delantero centro) o a la derecha, porque en cada partido hace la diferencia a la izquierda y Mbappé no es un ‘9' puro. Entiendo a la gente, le piden muchas cosas (...) pero no creo que se vaya a mover Vinicius. Es el mejor del mundo ahora mismo. A Mbappé le tienen que meter en su cabeza que ahora es un ‘9' y que se olvide de la izquierda. Que se mueva con Vinicius, ir alternándose. Él siempre ha sido muy bueno cuando estaba en la izquierda pero ahora tienes que ser muy bueno en otro sitio del campo", ha explicado este superviviente de las críticas que se mantuvo firme hasta uniformarse como la leyenda que representa en la historia de la entidad de Chamartín.

Esta falencia organizativa atañe a la dirección deportiva. Si se la jugaron a que los goles de Mbappé taparían la ausencia de un ordenador en la medular, han fallado; y si auguraban que Kylian se amoldaría y se entendería con Vinicius, la jugada está naufragando con creces. Reflotan en este momento de zozobra los madridistas que anhelaban la llegada de un rematador como Haaland en lugar del regateador galo, contemplando el posible chispazo táctico que se está detonando con tozudez. Y como daño colateral Jude Bellingham se está desfondando sin recoger frutos. Al talento inglés le está costando cada vez más esconder su frustración. Le han bajado a la creación de juego, alejándole del área y desnaturalizando su juego... y encima el equipo no funciona. Para hacer sitio al fichaje de campanillas han empujado al llegador británico a la faena de obrero, sacrificando por completo las virtudes que le trajeron a la capital de España.

No corre con orden el Madrid (se descoordina y sus centrocampistas no llegan a las ayudas), no crea juego con armonía, no presiona como debería, no define con precisión -está notando la salida de un secundario de lujo como Joselu y Endrick ha desaparecido de la rotación- y, para colmo, ha desaparecido la consistencia de la línea defensiva. Sorprende mirar cómo se ha deteriorado la relación entre los centrales y con los laterales. No son pocos los errores de posicionamiento que hablan de lagunas de concentración graves que cuestan goles y derrotas. Rüdiger ha vuelto al pelaje irregular que le sacó del Chelsea y Militao sigue ganando sensaciones a destiempo con respecto a lo que le urge a un equipo (parecido le está ocurriendo al precipitado Kylian) que ya no cuenta con ese seguro llamado Nacho Fernández. Y es difícil justificar que en los tres últimos encuentros jugados en Concha Espina les hayan rematado 36 veces (12 por partido).

En cualquier caso, hay eximentes que añadir a la panorámica. El más evidente es el cansancio físico y (subrayado) mental inherente a la saturación de partidos. Multitud de los miembros de la plantilla merengue jugaron todo lo jugable en la pasada temporada (llegando a los últimos partidos de cada torneo con el club), incluidas la Eurocopa y la Copa América. No es casualidad el discreto papel de los internacionales en los torneos de las selecciones nacionales. Esa situación de agotamiento se parece más a la normalidad que el triplete de Ligas de Campeones que acumularon los madrileños bajo las órdenes de Zidane. Las lesiones juegan también su papel en este entuerto, del mismo modo que en ocasiones no hay antídoto que frene la erosión en el convencimiento de los jugadores -Xavi puede escribir un ensayo sobre esto tras lo vivido el año pasado en la Ciudad Condal-. "Esto no es una crisis. Estoy aquí desde hace 12 años y no es la primera vez que veo una situación así", dijo Luka Modric este martes, reclamando margen para un plantel a fin de cuentas ganador. Las visitas a Anfield y a Bérgamo precisarán el término más adecuado para describir la resbaladiza tesitura.

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