Tras la reseña de ¿Qué te pasa? editada por EL IMPARCIAL el pasado 1 de noviembre, entrevisto a su autor, Antonio Oria de Rueda, experto en las relaciones entre los humanos y las máquinas. Ha trabajado en primera línea en la digitalización de los servicios informativos de TVE y de varias televisiones autonómicas. Estudió con las primeras máquinas que aprendían, en New York University. Ha sido profesor en la Universidad de Salamanca y en FP. Es autor del manual Para crear un cortometraje. Saber pensar, poder rodar (Editorial UOC), de la novela Ole York (Madre Tierra) y de varios artículos científicos. Ha dirigido el falso documental Manual de Producción de Informativos y La Mata en el Monte. Cómo se hace un cantaor. Licenciado en Farmacia, es el vocalista de Drogadictos ComPasión. A Antonio de Oria le interesan, sobre todo, las maneras en que el dinero empobrece nuestras vidas y secuestra nuestra libertad.
Leyendo el lúcido ensayo sobre la inteligencia y las redes sociales que es ¿Qué te pasa?, tan bien razonado y sazonado con citas que en todo momento aportan y complementan (nunca resultan cogidas por los pelos ni, muchísimo menos, pedantes), he tenido la impresión de que Antonio Oria, cargando con apocalíptica inclemencia contra internet, ha debido sentirse –y más de una ocasión– como el protagonista de La invasión de los ladrones de cuerpos (Don Siegel, EEUU, 1956).
Con el libro ya en el mercado, ¿no teme ser un profeta en el desierto, como el médico al que daba vida Kevin McCarthy en la película citada?
Para que este sistema funcione, es importante que la gente no se dé cuenta de cómo está construido. Por eso creo que este libro hacía falta. Se enfrenta a la idea tan extendida de que «no se le pueden poner puertas al campo» o de que «las cosas son como son», como si esta civilización dirigida desde nuestras pantallas, fuese un imponderable, algo que pasara porque sí, que no tuviera unos autores que buscaran el control. De nuestras mentes, o sea, de nuestros cuerpos, o sea, de nuestros espíritus.
¿No se le pueden poner puertas al campo? ¿Y qué sería del campo de fútbol sin puertas? ¿Por qué nos tenemos que conformar con lo que Zuckerberg, Musk y Bezos hayan decidido para nuestros cerebros?
Ellos quieren que nuestras cabezas y nuestras vidas funcionen del modo en que sus beneficios se disparan. Les importa un comino que cada vez seamos más grises, vivamos más tristes.
Sin que te des cuenta, tu cabeza funciona como a ellos les viene bien, aunque a tí te haga la vida más idiota y más difícil. Te han instalado su sistema operativo. Tú verás.
El cambio del comportamiento de la sociedad, tan profundo desde la aparición de las redes sociales y sus algoritmos, es de tal evidencia que no admite discusión. Pocos aún –Antonio en primer puesto entre ellos– percibimos estupor, e incluso miedo, ante la pérdida de autenticidad y la manipulación que conlleva internet (estamos ya todos, más o menos, sometidos a su poder).
¿Se ha sentido usted incomprendido mientras estudiaba y profundizaba para este ensayo y, también, a la hora de redactarlo?
El punto de partida de ¿Qué te pasa? es el pasmo al ver cómo funcionaban mis alumnos después de la pandemia. Es verdad que cada generación trae sus propios pasmos para sus mayores, pero es que en estos momentos, cuesta ver que están pasando cosas claras que, para los chavales, resultan completamente desapercibidas…«No nos entiendes, bro».
Un libro tan fundamental como es ¿Qué te pasa? para entender adónde va el mundo real en este primer cuarto de siglo… ¿logrará la repercusión, visibilidad y distribución que tan perentoriamente merece?
No sé dónde llegará este libro. Abrirse camino en la sociedad de YouTube y de las grandes distribuidoras de contenidos es muy complicado. Quien grita en TikTok lo tiene fácil, aunque las consecuencias del grito duren segundos. Quien sale en la tele tiene voz, aunque no tenga gran cosa que decir. Espero que las ideas que cuento logren atraer la atención de algún megáfono. Denuncio retos que hay que afrontar urgentemente.
El otrotenimiento (esa forma de conciencia y de relación con el mundo en la que el ser humano habita mundos de mentira como si fuesen reales y vive la realidad como si no fuera del todo real), su abrumadora presencia en internet, las maneras de detectarlo, y cómo salir de él, articulan su ensayo ¿Qué te pasa?
¿El otrotenimiento es una palabra de su invención o procederá de alguno de esos pensadores que con tanto provecho estudia? En el caso de que sea una creación propia, ¿cómo se decide por esta palabra para hacerla protagonista de este libro?
Hubo un célebre anuncio de limonada en los Estados Unidos que decía, más o menos, «sabe más a limón de lo que la auténtica limonada sabe a limón». El otrotenimiento es vivir la realidad como si fuese mentira y la virtualidad como si fuese más verdad que la verdad. Es mandar a mi avatar a vivir mi vida real. Y vivir la vida real como una vida que no importa que sea mentira:
«Ligo mucho. No importa que no sea yo el que liga, que no obtenga placer y alegría, sino frustración y amargura. Porque ligo mogollón».
La palabra –otrotenimiento– me la he inventado yo, pero se merece adornar las cabezas de mucha gente. La civilización del entretenimiento ya nos dejó pasmados, ahora el algoritmo nos configura y nos saca de nosotros, y lo hace de uno en uno.
En este estado mental vital, asistimos a las atrocidades en Gaza como si se tratara de un videojuego. O votamos fácilmente a un avatar, confundiéndolo con un ser humano.
En la primera parte de su ensayo, «Qué nos está pasando», cita el texto de Abel Williams Identidades digitales y construcción del yo. En él se habla de cómo los perfiles de las redes sociales se construyen sobre una hiper-exhibición narcisista del yo: «El sujeto mediático se construye a sí mismo siguiendo una lógica de marketing donde las interacciones y reacciones por medio de likes pueden ser equiparadas a las mediciones de rating, donde el yo se espectaculariza y el otro pasa a ser mero espectador, parte de la audiencia a quien se quiere vender».
Ese yomediático construido por algoritmos con arreglo a los cuales nos programan lo que vemos y hacemos en nuestras redes,¿cómo se concreta a la hora de presentarnos ante los demás?
Siempre hemos querido aparecer ante los demás como seres maravillosos. Eso está en la naturaleza humana boba. El problema aparece cuando sustituimos nuestra propia personalidad por otra que sería la más molona. Ahí surgen mil preguntas: ¿Tienes que ser quien no eres para poder atraer a los demás?¿Qué va a pasar cuando pases de lo virtual a lo real, cuando la gente descubra que no eres, en realidad, quien habías aparentado ser? ¿Cómo es posible vivir instalado en el abismo que hay entre tu vida virtual y tu vida real? ¡Y sin vértigos ni turbación! ¿Por qué no te molas si, en el fondo, tú molas mucho más que tu avatar?
En «Cómo vivimos», segunda parte de ¿Qué te pasa?, explica usted cómo el Big Data (o Dato Gordo) es ya algo así como una consecuencia masiva, ignota y autónoma, de nuestra vida virtual en medio de lo real. El Dato Gordo como estrategia de vigilancia y modelado de nuestras actitudes y de configuración de nuestros comportamientos. Del cruce del Big Data y el seguimiento (tracking) nace la posibilidad de modular nuestros comportamientos, de poder predecir por cuál decisión vamos a decidirnos antes de que la tomemos o incluso de generarla…
¿Dispone Antonio Oria de alguna maniobraque burle a ese, parece que omnipresente,Big Data evitando así que la inteligencia artificial monitorice de forma tan poco sutil nuestros comportamientos; sabe usted, si me permite la expresión, cómo«metérsela doblada»?
Que cualquier chavala de la secundaria sea consciente de todo lo que nos está pasando. Del Quién. Del Cómo, Y del Porqué y Para Qué.
En las mesas de los pudientes, a la hora de comer, el móvil está estrictamente prohibido. En las mesas de los pobres no hay nadie, padres ni hijos, que no lo tenga delante. La conexión perpetua es el nuevo signo –y la nueva causa– de la pobreza.
Así que la primera maniobra, solo puede ser la desconexión. Esa es la manera de salvarse como individuos. Pero la salvación sólo puede ser social. Y esa desconexión social, solamente puede ser conducida por los políticos. Por las leyes, por las formas de trabajo en los espacios públicos, por la conciencia social que construya su liderazgo.
Lorenzo Milani, el gran educador y cura italiano, tenía un cartel en la puerta que separaba su habitación del aula: «I care». Me preocupa, me importa, lo que pasa tiene que ver conmigo. Ahí está el principio de todo.
La tercera parte de su ensayo, «¿Y… qué hacemos?», viene desarrollada por más de cuarenta posibilidades (ninguna excluye a las otras) para fugarnos de esa cárcel –el acolchado otrotenimiento– en la que, pensando que ejercemos nuestra libertad individual, voluntariamente hemos entrado.
Voy a pedirle que priorice tres de sus propuestas parainiciar nuestro plan de evasión (que pretendemos sea masivo).
La primera clave es la que acabo de señalar. Lo que pasa me preocupa. Cualquier forma de relación no vale. La relación me exige colocarme, yo, entero, en la rabia sublime de mi Humanidad, delante del Otro, de la Otra.
Y hacerme responsable de esa relación. Con todo lo que esa relación cueste.
Don Milani hubiera exigido la desconexión. En vez de estar permanentemente conectado, elijo algunos momentos para conectarme. En vez de relacionarme fundamentalmente a través de Whatsapp o de TikTok, lo utilizo para determinadas cosas. No construyo ninguna relación que no tenga una correspondencia real a mi vida virtual.
Ahí entra también la contemplación, mejor que el anglicismo meditación. Yo soy el amo de aquello a lo que atiendo, aquello a lo que presto atención. Yo soy mi amo. Y me indigna que haya un algoritmo que quiera apropiarse de ella.
Por último, quiero proponer la práctica del Teatro como la gran herramienta para construir un ser humano soberano. Debería ser actividad obligatoria para todo el mundo, especialmente para los chavales y chavalas, que descubrirían la estafa de sus representaciones vividas como verdaderas. Y se verían empujados a una vida que merecería la pena. Y la tendrían en abundancia.
El epílogo de ¿Qué te pasa?remarca «cómo los nuevos enemigos de la realidad –de la Vida– parece que se han hecho con el poder sobre nuestras esperanzas y nuestras ilusiones». Una nueva dictadura, llena de colorines y palabras muy bonitas con imágenes en ultra alta definición, necesita de nuestros datos para crear ese hueco del abismo desde el que convertirnos en seres obedientes.
Antonio Oria no pierde la esperanza de que el ser humano se dé cuenta de cómo el precio a pagar por nuestras comodidades y por eso que llamamos felicidad es demasiado alto. Y esa esperanza la concreta «en nuestros hijos, todos los niños y los chavales, que no estén desesperados por alcanzar la velocidad y las máquinas, sino por el tacto humano que los propagandistas del mundo on-line esperan poder destruir».
Este ensayo va especialmente dirigido a los adolescentes. Ellos, ciertamente, con furioso arrojo podrían cambiar este estado de las cosas que les legamos…
Es complicado sintetizar el encargo, pero ¿de qué motivación disponemos, en primerísimo lugar, para que los jóvenes, siendo ellos mismos, luchen con constancia contra este resbaladizo timo de internet?
Para salir del lodazal en que se están convirtiendo nuestras vidas, el esfuerzo tiene que ir en muchas direcciones. En primer lugar, los políticos deberían estar legislando más y mejor. En segundo lugar, debemos construir existencias alternativas que sean incompatibles con la vida virtual, y mostrar que son mucho más divertidas, interesantes, importantes. Hay que recuperar todo lo que se ha perdido: las fiestas, los trabajos colectivos, las tradiciones que nos unían. Hay que reconquistar la ilusión. Entre todxs.