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TRIBUNA

Mentiras de la Historia de España (y XIII): el futuro

Jesús Carasa Moreno
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carasajesusgmailcom/11/11/17
https://www.jcarasa.com/
viernes 15 de noviembre de 2024, 19:56h

Penetro en campo minado.

Aunque me tacheis de engreído os diré que el futuro de España me parece fácil de adivinar. No me refiero, naturalmente, a hechos puntuales, en plan Nostradamus, sino a la prolongación de la historia de España, como nación.

Creo que el pueblo español es muy pasivo, pacífico y previsible. Y siempre, estuvo gobernado por incompetentes. El Quijote es una fábula, cuya moraleja dice que el pueblo fiel, paciente, honrado y proveedor de las alforjas, ha sido gobernado, siempre, siempre, por un iluso, fuera de la realidad.

Solo en dos ocasiones, eso que antes llamaban “el pueblo” y ahora, con un poco de asquito llaman “la gente”, ha protagonizado su historia: La Colonización de América, por dejación de la monarquía y El Desarrollo y La Transición, porque se compartió, con él, el protagonismo. ¡Y qué dos hazañas, amigos! Difícil encontrar otras de tanto valor.

Ha sido un país tolerante, que fue, muchas veces, invadido y aceptó a los invasores, sin resistencia, mezclándose con ellos… si ellos se lo consintieron. Y está ocurriendo otra vez. Aunque la naturaleza ha trazado, tajantemente, nuestras fronteras, son las más permeables del mundo. Ahora asistimos a una invasión pacífica y consentida. Incluso gran parte de ella, ni siquiera puede llamarse tal. ¿Cómo vamos a llamar inmigrantes, con nuestra historia, a los españoles de la otra orilla?

A diferencia de los Anglosajones y los Arios que han inventado aberraciones como la segregación, el apartheid y los campos de exterminio. Seguirá el deterioro del sistema democrático. Ya se que esto no es, ni lo pretendo, ningún pronóstico exclusivo ni pretensión de adivinación. Además, tampoco nos pasará solo a nosotros. Aquella frase de Lincoln: “El gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” es eso, una bonita frase, que nunca fue real.

Nunca es, ni ha sido “por el pueblo”. Este tiene que elegir a quienes hagan esa labor por él. Y esos “representantes”, hace tiempo que han usurpado el poder. El pueblo vota engañado y sectarizado, cada cuatro años y ese tiempo es excesivo para dejarles actuar a su conveniencia. Pero huyen de una Ley de Referéndum, como de una vara verde. Y se seguirá culpando al pueblo, por no saber elegir, cuando ya no hay donde elegir.

Seguiremos padeciendo a nuestra intelectualidad que, ya desde la Generación del 98, culpan al pueblo, a las “masas”, de la trivialización de nuestros “gloriosos destinos”. Aquellos eran reticentes a nuestra participación en la “Revolución Industrial” y los de ahora ridiculizan los denodados esfuerzos y torpezas de la sociedad, para entrar en la inevitable y acuciante “Era Digital”.

Aunque enviamos a la U.E. a nuestros “deshechos de tienta”, aceptamos su disciplina, que ha eliminado nuestra afición a las banderas, himnos, desfiles, pronunciamientos y golpes de Estado.

Ahora, el poder ya no se consigue así. Se trata de eliminar al contrario sectarizando al votante, con técnicas de márquetin desarrolladas por equipos que elaboran “relatos”, discursos y declaraciones. Y se van royendo y ocupando las instituciones.

Vemos la vuelta a la palestra política, del incombustible expresidente Zapatero que, aupado en el Grupo Puebla, susurra al oído de nuestra izquierda, carente de ideología, políticas “politicamentecorrectas”, que tratan de roer y debilitar la civilización occidental y que nos trae, mira por donde, un intento de unión con la entrañable familia Iberoamericana, por su costado izquierdo.

Pero algo bueno debe tener España, contra la opinión de los derrotistas profesionales del ¡QUÉ PAÍS!, pues a todos ellos, aunque algunos emboscados se resisten, hace saltar, por la ventana, en el mismo tropel en el que irrumpen.

En democracia, son lógicos los cambios pero, en este país, cuando se abre la veda de cada presidente, nos cobramos la pieza con saña, olvidando la devoción que le hayamos profesado durante su mandato. Ninguno pasa a la historia con respeto.

¡Ah! Y habrá paz. Afortunadamente la violencia está desacreditada en España.

Y seguirá siendo válido, por los siglos de los siglos, el antiquísimo “Dios qué buen vasallo si hubiera buen señor”.

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