Que nos encontramos en una época convulsa y plena de preguntas más que de certidumbres es algo que sabemos o, al menos, intuimos. No sabemos si la sociedad continúa un proceso de construcción hacia un tiempo nuevo o el camino es destructivo, esperando que de las cenizas surja un nuevo Fénix, o ni siquiera eso. El mundo del arte viene a subrayar dicha problemática, construyendo más cuestiones en torno a ella para evitar el conformismo ante el presente que nos representa. Lo hará de forma más obvia en los casos menos valiosos y en un sentido más críptico cuando su mensaje no es tan asequible y requiere de una exigente postura crítica y estética. Éste es el caso de la artista Mónica Mays (Madrid, 1990), quien a pesar de su juventud se ha convertido en una de las creadoras más valoradas dentro y fuera de nuestras fronteras.
A sus 34 años, tiene en su haber una sólida y meteórica carrera: tras estudiar Antropología Cultural en Nueva Orleans, se gradúa en la École Supérieure des Arts Décoratifs de Estrasburgo y obtiene un máster en 2017 en el Sandberg Instituut de Ámsterdam. Su trabajo ha sido presentado en espacios europeos como la estonia Tallinn Art Hall, la suiza Blue Velvet Projects o La Casa Encendida en Madrid. Ganadora del XVII Premio illy SustainArt, tanto sus esculturas como instalaciones y performances plantean un interesante discurso en torno a nuestra identidad actual como sociedad, incluyendo nuestra desmesura fruto de los sueños o el imaginario. Todo un universo coherente, enigmático y poderoso, que nos envuelve como espectadores.
Desde el pasado 7 de noviembre y hasta el 20 de diciembre, puede visitarse su primera exposición individual en la madrileña galería Pedro Cera (calle Barceló, 13) titulada Fueled, Oasis, Fueled. Conversamos con la artista para que nos guíe en sus opiniones, concepción artística y pensamiento estético y crítico.
Pregunta:
Fueled, Oasis, Fueled supone tu primera exposición individual en Pedro Cera. En ella trenzas los factores medioambientales y humanos para generar preguntas al espectador. ¿Cuál fue el germen de la muestra?
Respuesta:
Es la continuación de un proceso escultórico de acumulación y ensamblaje donde busco materializar una tensión entre lo violento y lo frágil. Específicamente en torno al imaginario paradisiaco y de los deseos y contradicciones que lo rodean. El proyecto parte del simbolismo bíblico y pensamiento mágico que adquieren las palmeras en el Mediterráneo, atravesando su comodificación como espacio de evasión y de consumo rápido, hasta su industrialización, particularmente en Indonesia donde he realizado muchas de las piezas durante un periodo de residencia artística en el Instituto Cemeti de Yogyakarta.
Pregunta: Vivimos en un mundo globalizado y excesivo. Esto ha dado lugar a una sociedad caracterizada por la búsqueda de la felicidad constante a través del consumo, acelerando su propio ritmo de vida y tergiversando sus prioridades. ¿Ha perdido el ser humano su esencia natural y primigenia?
Respuesta: No creo que el ser humano tenga o haya tenido una esencia natural o primigenia, sino que es posible redefinirse y reestructurarse de una manera no esencialista. En mi trabajo busco precisamente evitar categorías y articulaciones rígidas, y generar vínculos y ambivalencias entre oposiciones. Lo excesivo es un concepto que me apasiona y que intento contener formalmente y como lógica dentro de mis esculturas, algo que a menudo comento a través de lo “barroco”, desbordante, recargado, en movimiento. A su vez el barroco es también el germen de una red de distribución de mercancías globales basadas en el poder y en la extracción que todavía permean las estructuras contemporáneas, la circulación de productos, su consumición y el imaginario de deseos que las rodean. Mis esculturas basculan un poco entre esos deseos y sus violencias.
Pregunta: También nos encontramos en una era donde la cantidad de información acumulada genera un interesante mapa visual, pleno de significantes y significados. En este sentido, el discurso del arte tiene una importante función a la hora de filtrar todos estos datos y articularlos en un discurso crítico que exija del espectador una reflexión propia. ¿Cómo planteas tu trabajo de cara a su recepción por parte del público?
Respuesta: Intento que mis piezas sean viscerales y que funcionen desde la afectividad más que desde la representación. Mientras que hay elementos referenciales como por ejemplo el uso de desechos industriales y de elementos agrícolas que aluden de una manera relativamente directa a la dominación y al control, me interesa que puedan comunicar varias capas de significado y que no solo se pueda leer aquello que es específico a mi investigación. Para mi es importante que los códigos sean accesibles sin la necesidad de una mediación verbal y que no dependan de una didáctica. Es un trabajo del cuerpo con relación a la forma y a la materialidad que en realidad no tiene tanto de discursivo, pero que por ello no pierde narratividad. Los tubos de escape por ejemplo, formalmente me han servido como extremidades para las piezas. A su vez están usados y contienen trazos de la combustión de aceite. Desde el lenguaje sugieren una evasión, y en inglés “exhaust” se refieren a algo desgastado, fatigado. Lo formal, lo lingüístico y lo semiótico se combinan en un solo objeto.

Pregunta: En tus esculturas e instalaciones, el diálogo entre los objetos permite una reflexión en torno al individuo y su entorno. ¿Cómo ha tenido lugar tu evolución como creadora hasta llegar a este lenguaje tan personal?
Respuesta: Antes de centrarme en la escultura estuve estudiando antropología cultural en Nueva Orleans. Ahí conocí a un colectivo de artistas con el que colaboraré durante un año en varios proyectos de instalación creados a partir de materiales recuperados de zonas que habían quedado abandonadas tras el paso del Huracán Katrina. Empecé a trabajar en la ciudad a partir del objeto, de sus historias, de su activación y recontextualización, y poco después me lancé a estudiar bellas artes en la universidad. Trabajar a partir del objeto encontrado ha sido una constante desde entonces, deconstruyendo, reensamblando y combinándolo con materias primas. Los objetos van entrando al taller y se convierten en cómplices en las lógicas y narrativas que me acompañan. Me ayudan a pensar a través de los procesos que significan y a los que han pertenecido. Casi nunca tengo una idea clara de lo que van a ser, sino que se van materializando a través de su convivencia con otros objetos y con el cuerpo en el taller. Si hago esbozos es a partir de lo que va sucediendo en esos primeros encuentros físicos, y no al revés o a priori.
Pregunta: Viendo tus obras resulta imposible no pensar en el concepto dadaísta de ready-made. Ese extrañamiento que provocan las esculturas en su carácter híbrido e inesperado. ¿Hasta qué punto han podido influirte autores como Marcel Duchamp, Joseph Cornell, Elsa von Freytag-Loringhoven o Jean Tinguely?
Respuesta: En Fueled, Oasis, Fueled combino tubos de escape sobre mobiliarios escolares y hablo de la omnipresencia y del paraíso. Hay una imagen de una pieza de Elsa von Freytag-Loringhoven que consiste en una tubería del revés sobre una herramienta de madera, que titula God. No sé nada sobre la pieza en cuestión pero me encanta.
Pregunta: Retomando la apariencia de tus esculturas, hay en ellas una mixtura de vestigios primitivos y factura sofisticada. Como si lo ancestral y actual de lo que nos representa se dieran la mano. ¿De qué modo ha sido decisiva tu formación como antropóloga en tu presente desarrollo como creadora?
Respuesta: Dejé las ciencias sociales de lado porque me costaba mucho estar sentada. Además de que las encontré muy comparativas y lineales en la manera de generar historia. La escultura me permite poéticas y asociaciones que la antropología me cerraba. Y me permite hacer un “trabajo de campo” más directo: entendiendo que es lo que había en las casas a través de mercados y mercadillos, que es lo que pierde su valor y se vende al peso en chatarrerías y desguaces; cómo se cultiva y extrae directamente de agricultores y ganaderos y cómo se generan significados con estos elementos que circulan al peso, en cajas y en casas.