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Los trapos sucios de Gomorra

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 23 de noviembre de 2008, 17:20h
Desde que el escritor Roberto Saviano publicase su libro titulado Gomorra, han pasado dos años, más de 1,5 millones de ejemplares vendidos y la realización de una película con el homónimo titulo y, posiblemente el mismo éxito. Gomorra ha cambiado la “percepción” mundial de la ciudad de Nápoles: en el pasado, a la capital de Campania se le asociaban pizza, Vesubio y bandurria. Sin embargo, hoy en día, después de la difusión mundial de Gomorra, la gente imagina Nápoles como un “far-west”, una tierra de nadie, sin reglas ni moral. El retrato, pese a ser cercano a la realidad, no consigue ofrecer una panorámica satisfactoria de una ciudad tan emblemática y compleja que no se puede reducir a un estereotipo o a una imagen única.

La camorra es parte de la cotidianeidad de un napolitano: la ve en todos los rincones, siente su presencia en cualquier actividad empresarial, tropieza con ella cada día y se acostumbra a su presencia inconscientemente, aceptando y respetando sus reglas sin entenderlas. Ética, moral, legalidad son palabras arcanas y enigmáticas: el confín entre justo y no, lícito o ilícito, protagonista o víctima no existe. Hay que preocuparse de llegar a fin de mes sin plantearse demasiadas preguntas. Las reglas de “Sistema” son las de la calle, una especia de la “ley del más fuerte”, calcando las hormas del código del Padrino.

A raíz de la publicación del libro de Saviano, se ha generado cierta polémica en Italia y sobre todo en Nápoles: mucha gente considera que el periodista napolitano ha hecho una mala publicidad a la ciudad, y compartiendo las palabras enfadadas del ex presidente del Consejo Giulio Andreotti, tras ver “Ladrón de bicicletas” del grande Vittorio de Sica, “los trapos sucios deben lavarse en casa”. Sin embargo, Saviano ha sido la voz de tantos napolitanos hartos, teniendo el valor de contar la difícil situación de un pueblo dolido y resignado.

La camorra representa un “engranaje infernal” capaz de convencer a la gente de la imposibilidad de cambio, de la inelutabilidad de sus existencias: la organización criminal napolitana, compuesta por un “sin número” de familias en lucha por “el control del territorio” en una guerra de una ferocidad indescriptible, prospera en la nueva era de la globalización, alcanzando cada día mayor poderío económico y nuevos adeptos. Por paradójico que pueda parecer, su poder de emulación es muy fuerte y los jóvenes anhelan a entrar dentro del “Sistema” como “salvación” a su miseria y futuro. Mientras tanto, el Estado italiano, después de haber abdicado, declara su impotencia o incapacidad, limitándose a ofrecer protección a Saviano, uno de los pocos valientes a contar cosas conocidas por todos. Pero, ¿dónde está el Estado? ¿Berlusconi cree de verdad que mandando más soldados acabaremos con eso? ¡Venga ya, por favor, un mínimo de seriedad no sobraría! Quizás tenga razón Mario Vargas Llosa cuando dice que, contrariamente a Saviano, no considera la Camorra como una “manifestación congénita del sistema capitalista”, sino “no es el capitalismo sino Italia la que anda podrida”.

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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