Ya casi cerramos 2024 –sí, ya que no será posible hacerlo con broche de oro, siquiera con uno de presión, pero cerremos ¡por caridad de Dios! – y nos resta aludir a dos significativos aniversarios del mundo hispánico que son de una gran relevancia y ejecutar anotaciones breves a los añadidos al Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia recetados puntuales cada final de año.
El primer aniversario relevante alude al quinto centenario de la publicación del llamado Mapa de Nuremberg acaecida en 1524 por Martin Plinius. Es el plano más antiguo que se conserva de la Ciudad México y de su entorno, el fiel reflejo de la cuenca del valle de Anáhuac tal y como la divisaron los conquistadores españoles en 1519 y sometieron en 1521 con la relevante ayuda indígena, sin la cual les hubiera sido imposible conseguirlo. Ya conquistada la capital del Imperio mexica, la reconstruida metrópoli obtuvo su escudo de armas por merced de Carlos V, ante quien se solicitó, el 4 de julio de 1523 y al año siguiente se publicó esta carta ilustrando –se supone, guiada su confección por un tlacuilo mexica– la acomodación original antes de ser alterada por la reorganización europea y nombres todavía existentes en ese entorno, como son Texcoco o Chapultepec, pergeñando tiempo después otra realidad de manos de la traza de Alonso García Bravo alzando la primera distribución de la nueva capital para la Nueva España ya con matices europeos, como heredera directa del emplazamiento prehispánico asentado a mitad del lago texcocano y en la cual hasta hoy continúa reconociéndose que su actual centro histórico siguió el esquema previo precortesiano, mas adoptando parámetros arquitectónicos europeos. Su nuevo cariz europeizado estaba en marcha, cuando aquel mapa apenas estaba comunicando al mundo una ciudad que ya no existía cuando se publicó en 1524.
El documento original en comento contiene dos alusiones geográficas distintas en un solo legajo. Una devela el golfo de México señalando la punta de Cuba que abre sus aguas y la otra, específicamente y de mayor volumen, dibuja el afamado asentamiento mexica al cual se llegaba desde el lejano golfo aludido. Fue impreso ilustrando la Segunda Carta de Relación de Hernán Cortés dirigida al césar Carlos V. Con ella, el rey emperador tendría noticias más fidedignas y palpables de aquella epopeya y su resultado fue muy contrario a un nunca deseado desvalimiento, ya que la urbe volvió a habitarse tras arrasarla y hasta hoy.
Destaca en el original resguardado por la The Newberry Library, situada en Chicago, el nombre Temixtitlan en lugar de Tenochtitlán, para denominar a la capital mexica.
Este mapa forma parte de los albores de la nueva etapa de la naciente Ciudad México, edificada sobre las ruinas de Mexico-Tenochtitlan, cuando ya Carlos V la dotó de aquel relumbrante y portentoso título como la Muy Noble y Leal, Insigne e Imperial Ciudad de México, alusión que no ocultaba ni negó junto con su blasón otorgado a su anterior calidad de metrópolis imperial prehispánica o su destacada condición lacustre, erigida en medio de un lago de enormes dimensiones, el de Texcoco, y desde ese momento refrendaba su conquista y su adhesión a la Corona española, preservando la expresión México, plegada a los conquistadores por activa, por pasiva y por matrimonios entre los nobles mexicas y los lugartenientes de Cortés. A raíz de su caída en 1521, no murió su valiosa herencia y presencia mexica, no, pero sí inició su valiosa historia española que igualmente la apostilla dotándola de su actual identidad o, al menos, formando parte de ella. El año entrante, 2025, la capital mexicana celebrará sus 700 años de fundada partiendo del mito fundacional del encuentro por parte de los mexicas, con aquel águila devorando una serpiente en un islote del multirreferido lago. 700 años son muchos años y siete centurias merecen aquilatarse, cada cual en su aporte a la dilatada historia local y patria, que la Ciudad de México juega en ambas vertientes una descollante y sumamente significativa trascendencia de manera ineludible. Ya le contaré qué se hizo para tales efectos y en qué tono.
El segundo aniversario aludido en esta columna versa acerca de la invasión yanqui a Panamá de 1989. De momento, ha sido la última invasión militar a la región sellando 90 años contínuos de agresiones de Estados Unidos al hemisferio. Sí, se decía que estaba detrás boicotear, reventar, los Tratados Torrijos-Carter. Al final, Panamá sí obtuvo su Canal, se reunificó como país, Noriega murió en Miami sin pena ni gloria, Guillermo Endara no pudo quitarse la vergüenza de tomar posesión de la presidencia de la república independiente de Panamá en un buque de guerra yanqui y a quienes les debía el cargo y hogaño el comercio mundial clama por nuevas rutas y nuevos canales, entre ellos el de Nicaragua, que no tiene para cuándo estar al cien y el interoceánico de Tehuantepec en México, con su ya funcional corredor transístmico en operaciones. Panamá merece su soberanía peleada y usurpada infinidad de veces por los yanquis, que hoy enfrenta otra clase de riesgos como son la migración desbocada en el Darién y es un ejemplo de competitividad, conectividad e inversiones. Merece proseguir adelante, pero no olvidando la abusiva agresión del 89 que sumó miles de muertos alcanzados por balas yanquis y minimizados, en esa deleznable práctica de ignorarlos o pretender ocultarlos bajo la actitud de que vale más la vida de un estadounidense que la de cientos de otros países. Es un inaceptable proceder. Por eso, traemos a cuento este trágico aniversario de la injusta agresión a Panamá iniciada aquel 19 de diciembre del 89. Una muestra palpable del majadero injerencismo yanqui.
Hace algunos años un ponente de Harvard evocaba en una universidad mexicana los “altos valores de la diplomacia” yanqui. Según él y antes de Wikileaks. Un colega le increpó algunos ejemplos muy contrarios a sus pretensiones edulcoradoras. Se puso como energúmeno, pues no consiguió vendernos su cuento. Fue desenmascarado, evidenciándose su charlatanería. Por cierto, un conocido me dijo “a mí los EE.UU. no me han hecho nada”. En realidad, no se trata de eso. Se trata de tenerlos perfectamente identificados y no de evocar agravios personales que pueden importar un pito. Pasamos a otra cosa.
Remitámonos brevemente al DLE y sus aportes de 2024. No es novedad que aparezcan palabras que llevamos décadas utilizándolas, que ya era hora de admitirlas, reconociéndolas. Hay concesiones a extranjerismos que merecerían combatirse antes que castellanizarlos o transcribirlos sin pudor alguno al glosario que lo compone, amén de quedarnos a deber palabras tales como feminazi o pareidolia. Ya se sabe, testimoniarlas sin más, tal y como se hace con el resto.
Se agregan astronáutico, aludiendo a la navegación espacial; azotehuela como patio interior, mas yo diría pero elevado y cerrado, en la azotea. Permitir bicicross, ciclocross no me agrada así como tampoco espóiler o fitness o drive o full-contact. Tildar espóiler no me lo acerca. O el uso de cursivas para los otros. Me agrada catacumbal y capoeira, el chiringuito de toda la vida o clavar como lo bien dicho. Clavado. Concentracionario y criptonita refiriendo a Supermán, va que mola. Crisol como aquello que se funde, ideas o sentimientos, vale y dana con minúsculas, por favor. Se reforma el vocablo (a) dedazo, tan de a diario en asignaciones de cargos. Democratizar en el sentido de otorgar accesibilidad a lo público inaccesible. Me desagrada dramaturgista si ya hay dramaturgo. Frapé. Escuálido por poco desarrollado, de toda la vida. Esnórquel, queda. Esquiable, va. Etnonimia o la falerística, queden. Es una rareza eso de impaginar. Horroroso admitir el cursi glam. Infusionar, bueno. Intermezzo en cursivas. Lapicero por bolígrafo, un extendido americanismo que ya era hora, igual que ya era hora de incorporar a lobista. Matón o matrimonio de conveniencia, qué novedad. Lo de colgarse medallas ajenas, ya tocaba. Musealizar me suena muy extraño en mi entorno mexicano. ¿Musealizar un museo por hacerlo lúdico y abierto? Ovniología suena tardía, cuando que eso de ovni va de salida, dicen. Precandidatura, vale. Se entendería que debieron sumar precandidato. Rotonda por glorieta ¿apenas lo admiten? Talismán como sinónimo de persona portadora de buena suerte y teletrabajar, queden. Tripartito, vaporera, voto de castigo y zapoteca junto con zona de confort, llegan tarde, igual que sóftbol, subtexto, sangría como derramamiento de sangre o recapitalizar, pero llegaron. Van a ser como dice la canción ranchera: “no hay que llegar primero, pero hay que saber llegar”. Vale.
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