El cumpleaños regio de Constantino, como un grito hincado en el día, se convirtió en la ocasión de festividades que lo equiparaban con el dios Sol, una confusión cada vez más intolerable para la Iglesia.
La íntima conexión entre el primer emperador cristiano y Sol, el dios principal del paganismo tardío, llevó finalmente a los obispos a situar el nacimiento de Cristo, el «Sol de Justicia», en esta fecha: el 24 de diciembre...
La Natividad del Salvador eclipsaba así la cegadora presencia del dios que Constantino nunca dejaría de considerar su protector personal.
De hecho, tras la muerte de Constantino, fue divinizado en la tradición, volviendo a correr el mismo rio, y las monedas lo muestran subiendo al cielo en una cuadriga como la estrella divinizada cuyo lugar había ocupado, uniéndose a las nubes de las que emerge la mano del dios cristiano para darle la bienvenida.
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El emperador Augustus
Tiberius Julius Caesar
dijo en el año 21:
«...hay romanos que se encierran en la obscuridad
creyendo que nadie les verá»
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