Exposición del Templo de Kotohira en París
lunes 24 de noviembre de 2008, 22:17h
La pintura tradicional japonesa alcanza su auge en la época feudal de Edo hacia el siglo XVII como uno de los elementos decorativos de importancia en los palacios y las mansiones de los poderosos. Y sobre todo Fusuma-e (pintura hecha sobre las puertas corredizas) y Byôbu-e (pintura hecha sobre los paneles de un biombo) constituyen dos de los géneros más importantes dentro de la forma de expresión pictórica del arte japonés tradicional.
Pues bien, ahora el Museo Guimet de París ofrece para el público europeo una buena ocasión para conocer directamente unas excelentes muestras de este tipo de pinturas. Se acaba de inaugurar allí, como uno de los actos conmemorativos del 150 aniversario del intercambio cultural entre Francia y Japón, la exposición de pinturas tradicionales japonesas traídas del Templo de Kotohira de la antigua región japonesa de Sanuki. Este templo es conocido ampliamente por el pueblo japonés como patrono de marineros y de pescadores desde su fundación allá por el siglo XI y, sobre todo, como centro de peregrinación masiva a partir del siglo XVII.
Las pinturas que se exponen ahora en París son en su mayoría Fusuma-e o Byôbu-e que forman parte de los elementos decorativos importantes de los edificios del templo, o mejor dicho, parte importantísima de su mobiliario.
En la sala de exposición de la planta baja del museo parisino se han montado y reproducido fielmente unos rincones del templo, donde están debidamente colocadas las obras respetando las disposiciones originales de las puertas corredizas.
Se exponen unas 150 obras en total y los autores más destacados son Maruyama Ôkyo (1733-95) e Itô Jakuchû (1716-1800), que, cada uno por su parte, ocupan unos puestos destacadísimos en la historia de la pintura japonesa.
Los cuadros de Maruyama Ôkyo en esta exposición tratan preferentemente los temas de la naturaleza –paisajes abruptos, bosques y animales como tigres o grullas- con un refinadísimo sentido decorativo. Y en cuanto a Jakuchû, que sobresale entre sus contemporáneos por su expresión muy detallada de la naturaleza, podemos apreciar su peculiar modo de expresión artística.en las obras dedicadas a la extensísima variedad de flores naturales como azucenas, camelias, crisantemos, hortensias, lirios, peonías, dondiegos y otras.
Ya es sabido que el sentido estético típico del pueblo nipón se ha caracterizado siempre por su vinculación con la naturaleza no sólo en la pintura sino también en la poesía y en otras manifestaciones artísticas. De hecho las obras expuestas en París muestran para el público europeo esa faceta característica del arte japonés.
Joe Price, famoso coleccionista norteamericano de los cuadros de Jakuchû y gran conocedor de la pintura tradicional japonesa, refiriéndose al tema de la naturaleza en la pintura japonesa, comenta de la siguiente manera: Los japoneses pueden coger un pino y mutilarlo –cortándolo, retorciéndolo, arrancándolo- hasta que todo lo que se queda allí sea su misma esencia. Sin embargo, lo que se ha quedado allí se convierte en un pino más auténtico que el real de la naturaleza. Por otro lado, Price nos cuenta la anécdota del arquitecto Frank Lloyd Wright, también gran conocedor y amante del arte tradicional japonés, que comentó un día a él: “Escribes tú la palabra ‘Dios’ con mayúscula, ¿verdad? Pues mira, yo escribo la palabra ‘Naturaleza’ con mayúscula”.
Bien pues, la Naturaleza con mayúscula ahora hace su presencia allí en París gracias al sutil sentido artístico de los dos clásicos de la pintura tradicional japonesa.
Ya asistí a la misma exposición celebrada en el mismo templo de Kotohira en el invierno pasado con los cuadros colocados ‘en su sitio’ y pude comprobar la magnitud de la expresión artística de los dos pintores.
La exposición en París seguirá abierta al público hasta el 8 de diciembre.
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Catedrático de la Dokkyo University
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