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ESCRITO AL RASO

2025: la tontería aumentada

David Felipe Arranz
martes 07 de enero de 2025, 19:52h
Actualizado el: 01/08/2025 16:38h

Políticos que no acabaron de ser políticos, bocetos de empresarios que se quedaron con los dividendos y sin prestigio, responsables irresponsables que perpetraron imprudencias fatales, gobernantes que en las soledades sonoras son un arrepentimiento de ellos mismos… Compañeros, amigos y deudos que, zurciendo el tiempo, se quedaron en la cretinidad de lo apariencial: 2025, recién estrenado, se encara con nosotros y nos deja tan solo el paisaje desolado tras las batallas navideñas. Porque mientras las torres están bien altas en casa de unos pocos, España va bien aparentemente, pero basta con felicitar los Reyes Magos a nuestros niños en pijama, abriendo regalos, una vez al año en el telediario y no contar la verdad para se perpetúen los guardianes de la España mostrenca, la de siempre. Según el último estudio de Save The Children, el 34,5% de los niños, niñas y adolescentes españoles se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social, diez puntos por encima de la media europea. Feliz Año Nuevo, feliz felicidad y feliz cuesta de enero, que nos importan los niños mucho aquí, y los jóvenes –condenados a salarios y empleos miserables–, y los mayores, porque para cada sector de nuestra población tenemos buenas noticias. La OMS ya dice que el maltrato de las personas mayores es un problema importante de salud pública: según Cruz Roja, una de cada cuatro personas mayores en España no recibe visitas nunca, y la ONU asegura que somos el tercer país más envejecido del planeta en 2050, por detrás de Japón e Italia.

Soledades y asperezas que son contemporizadas, comprendidas y asimiladas globalmente en este país, incluso vistas con ternura a la hora del almuerzo, gracias a esos bodoques de la clase dirigente que solo comprenden los ceros de sus cuentas corrientes, sus inversiones y su ansia viva de poder, puertas giratorias y privilegios de casta parasitaria. La subida de impuestos anunciada este año va a ser monumental, amén de los pactos de las eléctricas para elevar las tarifas sin que el Ejecutivo diga ni pío, de manera que vivir se va a hacer un poquito más difícil en este 2025 tan abrupto, porque la testarudez del ciudadano, queriendo seguir siendo clase media, también consiste en que le señalen a un showman o a una humorista de las rede sociales y no atienda a lo esencial, porque es ingenuo y le roban la cartera mientras el tragafuegos o el mimo asombra al respetable en una plaza cualquiera. Yo veo este año nuevo representado por estos monstruos de la mixtificación, estos maestros de la impostura, a los que aplaude una sociedad de mastuerzos y molondros, que son como convidados de piedra parados en el camino de la vida que les roban sin que se den cuenta o, mucho peor, con su permiso más sonriente.

Igual se inquietan por el vestido de una presentadora que convierten en chivo expiatorio a un humorista, porque el entendimiento del orden mundial se les escapa –el retorno de Trump a la Casa Blanca y los movimientos de China y Rusia que auguran un cambio de paradigma, el multilateralismo y la democracia amenazada, el comercio y las batallas climáticas–, que no son más que una forma de enmascaramiento de la plutocracia tecnológica que se reparte el mundo. Entonces se ve al paisano de buena entraña asomado al pretil del gran espectáculo tecnológico, reclinando adicto su cabeza sobre la droga de la multipantalla y esquivando así la suprema veracidad del paisaje mundial. La batalla por la agenda marcará un año sin elecciones en España, se hablará de medidas sociales y se intentará comunicar que el nuestro, el del mileurismo, es un terreno de la normalidad frente al clima de la excepcionalidad. Y aunque en este país, según Eurostat, estemos por debajo del salario medio europeo, junto a Bulgaria, Hungría, Grecia, Rumanía, Polonia y Eslovaquia, lo que le preocupa al Gobierno es mover el foco, porque han dicho ayer mismo desde Moncloa que “hay que salir del clima de excepcionalidad e instalarnos en la normalidad”. No es un clima, presidente: son los datos del paisaje español. Lo demás es la tontería aumentada.

Twitter: @dfarranz

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